Anunciación por Simone Martini

ARTE

Cuando el arcángel no gustó… como en el cartel de la Navidad

El Manierismo del siglo XVI, con su fuerte carga de tensión y de arte intelectual, conllevó la presencia de un arcángel que no parecía anunciar la Buena Nueva

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Gabriel el arcángel, antes que en el relato evangélico, aparece en dos ocasiones en el Antiguo Testamento: enviado por Dios al profeta Daniel para interpretar una visión y para anunciarle la llegada del Mesías. En el Nuevo Testamento se halla presente en el anuncio al anciano Zacarías de la llegada de Juan el Bautista y en la que se considera su aparición más importante, la Anunciación a la Virgen María del nacimiento de Cristo. Los judíos lo colocaron en otras apariciones como el entierro de Moisés o incluso la destrucción del ejército asirio. La influencia de los evangelios apócrifos motivo su elevación a la categoría de arcángel, aunque ello no implicó grandes cambios en su iconografía.

La Anunciación de Cestello (1489)

La escena de la Anunciación forma parte del relato evangélico aunque su festividad no se asentó hasta el papado de Sergio I, ya en el siglo VII. Desde entonces se convirtió en una escena recurrente de la iconografía cristiana. Una escena sin especiales añadidos ni variantes. María y el ángel Gabriel, el “hombre de Dios” o el “hombre en el que Dios confía”.

Anunciación, mosaico Santa María la Mayor en Roma

Las representaciones más antiguas de la Anunciación aparecen en las pinturas de las catacumbas de Priscila y de san Pedro y san Marcelino de Roma. Muy pronto se añadiría al arcángel un cayado de mensajero y se le dotaría de alas, la influencia de la mitología y de la figura de Hermes o Mercurio es evidente, con cierto recuerdo a las antiguas victoria aladas o a los genios del mundo antiguo. En la basílica de Santa María la Mayor de Roma, en el mosaico de la Anunciación, hacia el año 435, la presencia del arcángel se ve realzada por la presencia de otros ángeles que se agrupan en torno a la Virgen, representada como una Emperatriz.

Anunciación por Simone Martini

Pronto se simplificó la escena en torno a las dos figuras protagonistas, concentrándose la interpretación de la escena en la relación entre María y el ángel. Pero, en muchas ocasiones, el ángel no jugó un simple papel de mensajero ni reflejó bondad. Ya en la tradición literaria griega había composiciones en las que Gabriel provocaba el miedo en María y la escena de desdoblaba para superar un primer momento de huida que se compensaba con la posterior recepción del mensaje.

Piero della Francesca, pinturas de Arezzo

Suele señalarse en la Anunciación de Simone Martini, de 1333, el gesto de María que va más  allá del recogimiento y se pliega sobre sí sobresaltada.  En el Renacimiento, Miguel Angel Buonarotti también insistió en el aspecto de duda de la Virgen, existiendo también poca tranquilidad y alegría en la representación de Piero Della Francesca en Arezzo, (1457-1458). Mayor susto se observa todavía en la Anunciación de Carlo Braccesco (Museo de Louvre, Paris, h. 1494), donde María se aferra a una columna mientras inicia el gesto de ponerse en pie. Fueron ángeles que no gustaron. Representaciones que contrastaban con la placidez y felicidad que transmitieron Fra Angélico y otros autores del siglo XV.

La escena según el pintor Matías Grunewald

En la pintura flamenca, la Virgen recibe el nuncio en un entorno tranquilo y confortable, burgués, sin descomponer su gesto. Y en las Anunciaciones italianas, españolas o portuguesas el escenario suele ser una iglesia, palacio o catedral de gran riqueza y complicación arquitectónica. Pero el Manierismo del siglo XVI, con su fuerte carga de tensión y de arte intelectual, conllevó la presencia de un arcángel que no parecía anunciar la Buena Nueva.  En un óleo de Lorenzo Lotto del año 1535 (Museo Cívico, Recanati), María  da la espalda al libro que leía y un gato doméstico huye precipitadamente ante la irrupción del ángel. Tintoretto exageró la escena y  el arcángel y una multitud de ángeles penetran a través de un muro roto, mientras María casi cae hacia atrás. Tampoco se libraron de esta complejidad compositiva y de esta falta de naturalidad algunas composiciones del Greco, en las que Gabriel fuerza un llamativo escorzo frente a la Virgen, en una escena a la que se añadía un colorido de fuertes contrastes, propios de la estética manierista, que contraponías masas de colores fríos y cálidos.

El Greco

Especialmente crítico con estas representaciones angélica fue el pintor Francisco Pacheco, gran tratadista e influyente definidor de la ortodoxia en la iconografía religiosa del arte español del siglo XVII. En su Tratado del Arte de la Pintura, publicado de forma póstuma en 1649, indicaba de forma contundente la forma en que se debía representar la escena de la Anunciación y qué tipo de actitudes se debían evitar:

“Él ángel no puede venir cayendo o volando, ni descubrirse las piernas como hacen algunos, antes ha de estar vestido decentemente con ambas rodillas en tierra, con gran respeto y reverencia a la Reina Nuestra Señora, y ella, humilde y vergonzosa de la edad que hemos dicho de catorce años y cuatro meses, bellísima, con el cabello tendido y con un sutil velo sobre el manto azul… Traerá el ángel vistosas alas y ropas cándidas, alegres y cambiantes, como le puso juiciosa y acertadamente con decoro y majestad Federico Zúcaro en la Anunciación de Roma… Tendrá Nuestra Señora las manos puestas o cruzados los brazos como diciendo Ecce Anvilla Domini, pus acabadas de pronunciar se obró el sacrosanto misterio de hacerle Dios un hombre en sus entrañas…”

Anunciación de Lorenzo Loto, 1480-1556, Museo cívico de Recanati.

En el mismo texto, Pacheco censuró a varios autores de  por su interpretación de la imagen angélica como a “Miguel y Tiziano, el primero puso a la Virgen en pie como que quiere huir del ángel, y el otro haciendo melindre de quererle cubrir con la toca cuando entra, y en ambos el ángel muy desnudo. Pero quien anduvo atrevido es el autor de una estampa sin nombre, que en lugar del Espíritu Santo puso un resplandor sobre la cabeza de la Virgen y en él un Niño Jesús desnudo, con una cruz sobre el hombro y una gloria de ángeles con Dios Padre…”. Críticas varias que Francisco Pacheco completaba con indicaciones sobre la ortodoxia en los elementos que debía aparecer, como “la azucena en la mano del ángel, conforme a la Sagrada Escritura, que significa la exaltación de al Virgen, de un estado humilde al más alto y levantado de Reina del Cielo y Madre de Dios, como lo explica un docto de la Compañía de Jesús…”

Anunciación, dibujo de Miguel Ángel Buonarotti

Los ángeles del Barroco y del Clasisicismo siguieron estas instrucciones en los siglos siguientes, creando de la Anunciación un misterio gozoso que se mantuvo hasta mediados del siglo XIX, cuando los románticos y los prerrafaelitas ingleses volvieron a entender la escena como una composición donde aparece la soledad y la tristeza. Las obras de Burne Jones o de Dante Gabriel Rosetti humanizaban la composición hasta crear una interpretación iconográfica que tenía mucho del sentimiento trágico de la vida romántico y de las angustias propias del fin de siglo. Precedentes de una centuria, el siglo XX, donde los ángeles volverían a aparecer en un especie de nuevo catálogo del desasosiego que no es más que el reflejo de cada tiempo aplicado a una iconografía de siglos. Siglos en los que no siempre gustaron los ángeles.

La escena por Jacoppo Tintoretto.

Anunciación, por Burne Jones, hacia 1865

Otra versión de la escena por Burne Jones

Dante Gabriel Rossetti, Ecce Ancilla Domini

La escena por Waterhouse

La Anunciación surrealista de Paul Delvaux

La escena según Carlo di Giovanni Braccesco, 1481-1514, Museo del Louvre

 

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

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