Dimisión en el Consejo

Por  1:00 h.

Image La carta la entregó Eduardo del Rey una vez que finalizaron los plenos y la asamblea. Ocurrió a mediados de julio. Pudo haberla enviado antes pero, al no ser hombre de portazos decidió el final del curso como fecha adecuada. El presidente la abrió. Aquella música le sonaba.

A pesar de que la dimisión llevaba el apellido de irrevocable y que en el escrito se alegaban “motivos personales” Manuel Román creyó que lo mejor era dejar pasar el verano y retomar en septiembre el asunto para evitar la marcha del que en teoría es su número dos.

Pensó que el verano de Eduardo en Extremadura y el posterior viaje a Italia le vendrían bien para descomprimirse de un curso de alta tensión en el que a la crisis de pregonero le siguieron otras discrepancias nunca disimuladas por su vicepresidente.

La carta quedó guardada. Pero estas cartas de dimisión tienen un punto de congelación demasiado delicado como para confiar en su correcta conservación en los meses de verano. Sobre todo si hay gente a la que –a la vista de los hechos, está clarísimo- le interesa que el producto se estropee. Por eso, hace días, al saber que la dimisión de Eduardo del Rey iba a ser difundida pensó que a pesar del compromiso de hablar en septiembre, la renuncia adquiría un cierto carácter irreversible. Desde la playa donde descansa y a altas horas de la noche hizo una ronda de llamadas a sus consejeros para comentarles la baja del vicepresidente. Quien conozca algo a Eduardo del Rey sabe que cuando toma una decisión difícilmente la abandona.

En las esferas municipales se le llega a preferir como interlocutor; “aunque esté a veces en nuestras antípodas- cuentan- un acuerdo con Eduardo se cumple porque es una persona clara y leal” ¿Y cuál es la clave? ¿La crisis del pregonero? Ya entonces habló con el presidente y expresó su desánimo. ¿Las vísperas? ¿el anuncio por sorpresa de la candidatura del secretario? Parece que no. No se detectan gotas que hayan colmado un vaso porque el vaso está rebosando desde hace meses.

Cuando alguien presenta una dimisión en esta coyuntura de fin de ciclo lo que quiere además de irse es expresar un desacuerdo genérico. O quizá sea también porque nunca quedó claro el papel de Eduardo del Rey en un Consejo en el que en su día se anunció que iba a ser su portavoz y al final quedó como apagador de fuegos. Hoy o mañana se va con la familia camino de la plácida Toscana italiana. Conociendo lo que conoce aquí, seguro que los Medicis de allí le parecerán angelitos.

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