Así llegó el Cerro a la Catedral… hace 25 años

Por  16:59 h.
Luis Rodríguez-Caso y Fray Carlos Amigo reciben al primer nazareno del Cerro en Carrera Oficial

Amaneció despejado, caluroso, ejemplo de esas Semanas Santas de Sevilla que hoy se nos antojan un sueño. Pero para sueño, el del Cerro del Águila, que por fin cumplía su mayor anhelo: llegar a la Santa Iglesia Catedral en estación de penitencia. Llegaba la Hermandad y llegaba el barrio. Las dos caras de una misma historia que justo hoy viernes cumple 25 años.

«La noche anterior la pasé en vela. La ilusión, el nerviosismo, la responsabilidad… se mezclaban en mi cabeza ante el histórico acontecimiento», explica un emocionado Francisco Carrera Iglesias, ex Hermano Mayor, que en aquella época se encargaba de la mayordomía, y que recuerda como todo el barrio, hermanos y vecinos, colaboraron en los preparativos. «Con las flores, con la cera, revisando detalles de salida. Algunos incluso encalaron sus fachadas para que las calles estuvieran completamente engalanadas. Queríamos que fuera ejemplar,sobre todo sin retrasos», comenta.

Con ésta máxima, la cruz de guía se puso en la calle a la hora estipulada, minutos antes de mediodía. La ovación fue tal que apenas se percibió el brusco sonido del amplio portón al abrirse. Entre los asistentes, Manuel del Valle, por entonces alcalde de Sevilla, que hizo la primera llamada entre el fervor de una abarrotada calle Coronel Yagüe, hoy Virgen de los Dolores. La banda de las Tres Caídas de Triana completó con su característico sello el diestro andar de la primeriza cuadrilla, algo que recuerda el que también fuera Hermano Mayor, Adolfo López, 2º Diputado Mayor de Gobierno en el señalado día: «Fue el culmen de un bendito año extenuante. Llegamos a realizar 17 ensayos previos con los costaleros, más dos de carácter general por todo el recorrido, además de incontables reuniones entre diputados, desde que supimos, en septiembre, que ocuparíamos el primer lugar del Martes Santo».

Un vecino del Cerro lee ABC el Martes Santo 1989

Las parejas de capirotes de terciopelo burdeos seguían emergiendo del templo, cubriendo la faz de hasta ochocientos nazarenos, veinte de ellos, mujeres, entre los cuales también se encontraba una nutrida representación de la Hermandad de la Cena, madrina de la debutante. Entonces llegó ella. Y las lágrimas. Y los abrazos. La Virgen de los Dolores se presentaba a Sevilla, arropada por la piadosa festividad que da el arrabal. Como apunte, ese día no sonó el acostumbrado himno de Andalucía. La tradición se gestaría 6 años más tarde, en el cincuentenario fundacional.

Entre emociones, un contratiempo. La parte inferior de la cruz del Señor del Desamparo y Abandono se había resquebrajado, en su primera levantá, y había dejado una preocupante oscilación en el crucificado que hubo que solventar cuando apenas habían llegado al Plantinar. Por suerte, entre los asistentes se encontraban dos herreros, los hermanos Solano, que actuaron sobre el cajillo con una pletina plana. Aunque hundido algunos centímetros de más en el monte de claveles, el Cristo pudo continuar, tras veinticinco minutos perdidos. «Respiré cuando vi, sobre el desaparecido puente de la Enramadilla, como se extendía toda la cofradía por la Calle San Fernando, de nuevo en tiempo», apunta Carrera Iglesias.

Con la (emotiva) venia

No sólo cumplieron sino que adelantaron minutos, antelación con la que pidieron la venia en una Campana completamente en pie. Tal fue la devoción que arrastraba la Virgen, que el Consejo permitió que aquellas personas que venían de promesa junto a la dolorosa la siguieran acompañando hasta la Catedral. Los cuerpos de seguridad entendieron la situación como inviable, por lo que los fieles, en despedida momentánea de su Señora, entonaron una sentida salve que aún se recuerda. En este punto, el arzobispo emérito de Sevilla, Fray Carlos Amigo Vallejo, acompañó a la corporación hasta la Catedral, donde se quitó el pectoral bendecido por Juan Pablo II y se lo regaló a la Virgen de los Dolores en un emotivo gesto.

Los nazarenos ya se perdían por Placentines. La utopía había dejado de serlo. Así lo rememora Tomás Guillén, hermano desde 1983. «Al llegar a la Alfalfa pensé en los tiempos de la velá, de la procesión por el barrio. De repente vi que Sevilla nos esperaba, que había un respetuoso gentío equiparable al que arrastran las grandes hermandades. Fue irrepetible».

Virgen de los Dolores del Cerro en la Semana Santa de 1989

Todos coinciden al situar la vuelta al templo como la apoteosis de la inédita jornada, sobre todo José Pérez Leal, «El Sacri». «Ese día inicié la sentimental tradición de cantarle a mi Virgen de los Dolores desde la que era mi casa, en la Calle Aníbal González», recuerda el saetero, miembro de una familia en la que todos participan de la Hermandad. «Los compromisos laborales no me han permitido vestir la túnica, así que cada año dedico esta ofrenda a mis sagrados titulares», añade.

Dos horas pasaban de la medianoche. Poco faltaba para la recogida, que se produjo con cierto retraso dada la auténtica avalancha humana que rodeaba al palio. «En aquel momento no se estilaba tener vallado de seguridad, y eso provocó que, a 100 metros de la iglesia, la Virgen no pudiera avanzar. Fue caótico, pero un caos feliz», recuerda Adolfo López. Populoso cierre de una jornada que, pese a cumplir sus bodas de plata, sus hermanos recuerdan con gran detalle. Es lo que ocurre cuando los episodios se graban en el corazón de un barrio.

Función extraordinaria

Con motivo del XXV aniversario de la primera Estación de Penitencia, la Hermandad del Cerro del Águila celebrará, a las 20 horas de hoy, 21 de marzo, una solemne Función extraordinaria en la que se bendecirá el guión con el escudo de armas del cardenal Fray Carlos Amigo Vallejo, quien pronunciará la homilía. La Hermandad quiere reflejar la histórica vinculación del arzobispo emérito de Sevilla con la corporación, de la que es Hermano Mayor Honorífico. La Coral Santa María de Coria del Río será la encargada del acompañamiento musical en la litúrgica ceremonia.

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Fran Piñero

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