El recurso cofrade que sigue coleando

Por  11:41 h.

ImageMuy pocos daban crédito a lo que acontecía durante el mes de agosto de 2001.
Dos recursos ante el Arzobispado, contra una serie de disposiciones por parte de la autoridad eclesiástica a las cofradías, convulsionaban el mundo cofrade e incluso su repercusión trascendía las fronteras «capilliles».
Un pulso que tuvo como abanderados, al entonces hermano mayor del Baratillo, Joaquín Moeckel, y al arzobispo de Sevilla -hoy ya cardenal-, monseñor Carlos Amigo Vallejo, y cuya disputa desemboco en un exhorto pastoral, en octubre de aquel año, que todavía hoy, seis años después, sigue coleando.
Porque, por encima de todo, dicho pulso sirvió para comprobar cómo ciertas hermandades -en este caso Baratillo, Carretería, Calvario y Pastora de Santa Marina, aunque la tercera decidió «reflexionar» durante varios años- no acataban «porque sí» lo impuesto por el Arzobispado.
Como trasfondo de todo, tres imposiciones concretas: la edad para ser hermano mayor de una hermandad; la designación de los directores espirituales y la igualdad de hermanos y hermanas, o lo que es lo mismo, la salida de nazarenas.
Un tira y afloja en el que Moeckel recurrió ante el Arzobispado una y otra vez, seguido por el entonces hermano mayor de La Carretería, José Andreu, y que desemboco en la designación, por parte de la Iglesia, de un mediador, el recordado Manuel Benigno García Vázquez, que constituyó junto a Joaquín Moeckel un tándem que será difícil volver a repetir, sobre todo por el alto nivel que alcanzaron las negociaciones, seguidas con inusitada expectación no sólo por los cofrades, sino por gran parte de la ciudad ajena, en muchos casos, a los devenires y «tejemanejes» de las hermandades y cofradías.
Reuniones en el Consejo
Reuniones que tuvieron lugar en la sede del Consejo de Cofradías, a pesar de las cuales se mantuvieron los distintos recursos presentados en Palacio.
A todo ello hay que unir las distintas declaraciones que, en los medios de comunicación -sobre todo en ABC de Sevilla- vertieron tanto el arzobispo como Moeckel y el mediador, García Vázquez. Entretanto, defectos de formas -presentaciones de los recursos fuera de plazo, sobre todo- hicieron que se presentasen recursos administrativos. No se trataba ya de una mera imposición encubierta por parte de la autoridad eclesiástica. Los que recurrían hacían hincapié en que lo que estaba en juego, por encima de todo, era la soberanía de los cabildos de hermanos, que quedaban prácticamente sin efecto al acatar las «invitaciones» de la Iglesia hispalense.
Aquellas reuniones y negociaciones dieron como fruto que monseñor Carlos Amigo Vallejo promulgase un exhorto pastoral en octubre de ese mismo año, en el que se avenía a cambiar los aspectos relacionados con la edad de los hermanos mayores y la designación de los directores espirituales, y finalmente exhortaba a «reflexionar» a todas aquellas hermandades que todavía no incluían en sus tramos de la cofradía a las nazarenas, para que se consiguiese esa plena igualdad.
Seis años han pasado desde entonces y, según desde la orilla desde la que se mire, la victoria se la adjudican unos y otros. Lo que sí está claro es que, tras dicho exhorto -¿o decreto encubierto, quizá?-, han sido los cabildos de las hermandades los que han aprobado la incorporación plena de las hermanas a la vida de las corporaciones. Pero no por mera imposición. Empero, todavía siguen coleando estos recursos y, sobre todo, han servido para sentar un precedente en cuanto a las relaciones Iglesia/Cofradías. Lo que se conoce como el «efecto Moeckel».
En estos días de agosto se cumplen seis años del recurso interpuesto al Arzobispado contra imposiciones de la autoridad eclesiástica, entre ellas la salida de las hermanas nazarenas