En el banquillo: Joaquín Moeckel

Por  12:10 h.

ImageSu participación en el atascado asunto de la restauración de las tablas de Pedro de Campaña de Santa Ana ha sido decisiva para el patrimonio y para la imagen de la iglesia sevillana, encontrando para ambos el presupuesto que se necesitaba
Cargo
Una parte de la ciudad continúa viendo en los movimientos de Joaquín Moeckel una interesada apuesta personal por su imagen y notoriedad en todo aquello que lidera en nombre de la sociedad civil. Se le acusa de excesivo protagonismo y de patológica querencia mediática.
Fiscal
Yo soy uno de esos sevillanos que no acaban de ver la trastienda de sus intenciones.
Y se lo digo así, señor Moeckel. Como le gusta a usted hablar, con estilo directo pero respetuoso.
Yo no acabo de creerme que usted se ponga al servicio de la ciudad, de las causas más urgentes que la ciudad necesita abordar y para las que carece de liderazgo. Disculpe que le diga que no me acaba de cuadrar esa especie de papel de «líder de guardia permanente» que usted ha elegido interpretar en la divina comedia sevillana. No, yo no acabo de creerle.
Y sobre todo de creerle que lo hace usted de manera desinteresada, de forma absolutamente «humanitaria», como se diría ahora. Por ahí no paso. Y no puedo hacerlo porque usted no es una ong con apellido alemán, ni un monje mercederario. Usted es un reconocidísimo profesional sevillano cuyo bufete, de una u otra forma, se ilumina con la fama y proyección de sus actuaciones civiles. Usted no me puede negar este hecho tan incontrovertible: cada vez que se asoma a los medios no solo lo hace el Moeckel comprometido con determinadas urgencias patrimoniales y solidarias. También se asoma el Joaquín Moeckel abogado. Y ahí este fiscal comienza a oír chirridos en los goznes de su pretendida conducta cívica, tan ajena según usted a sus intereses profesionales.
No sé si la continua catarata de acontecimientos diarios que es usted capaz de abordar sin más perjuicios que la batería de su teléfono móvil le hacen ver bien el bosque de su incontinente presencia pública. Pero mire usted, estimado abogado, le hemos visto en un conflicto contra el Arzobispado; en el de Emasesa ante el Tribunal de Cuentas; también estuvo y de qué forma retando jurídicamente a la Sociedad General de Autores; es el abogado personal de la nieta de Franco y de los diseñadores sevillanos Vitorio y Luchino…Es usted un ser ubicuo.
A su indudable capacidad e intensidad laboral es usted capaz de sumarle, en una habilísima operación de promoción pública, su innegable capacidad para liderar aquellos asuntos de la ciudad que no tienen dueño. Créame que usted no necesita un asesor de imagen. Usted es el dueño de la imagen. Y sería capaz de convertir a Julián Muñoz en un misionero en Marbella. Es usted genial en muchos aspectos. Pero yo no acabo de creerle que su personaje público y el Moeckel abogado sean entidades distintas. Por eso pido su condena.
Defensa
Y yo, señor fiscal, estoy por pedir una pastillita contra la envidia, la estupidez y la pereza local, tan parecida a la del perro del hortelano cuando tiene hambre. Su alegato para este domingo de finales de julio solo puede explicarse desde la torrija estival, desde la modorra juliana de un tiempo que usted, señor fiscal, debería pasarse a la sombra de temperaturas más benignas, ya que el sol derrite ideas y suele ennegrecer algo más que la piel. Evidentemente sus argumentos son sombríos. Quizás empujados por la envidia social y la corrosiva indolencia sevillana.
ImageAntes que darle respuesta a algunas de sus ocurrencias me gustaría dejar claro que, hoy, aquí, en este banquillo, se ha sentado Joaquín Moeckel por otro logro personal: conseguir recaudar el cincuenta por ciento del presupuesto que la Iglesia debería haber aportado para afrontar la urgente restauración de las tablas de Pedro de Campaña de la iglesia de Santa Ana. A ver si nos enteramos. Joaquín Moeckel está hoy aquí sentado en este banquillo de papel porque ha desatascado un asunto que llevaba diez años apolillado y carcomido por la santa impotencia de unos y otros. Y resulta curioso que, habiendo logrado en Triana lo que ya logró en El Salvador, lo hayamos sentado en el banquillo de los acusados. ¡¡Es el mundo al revés!! ¿Se da cuenta, señor fiscal? Está usted acusando de personalismo y autopromoción a uno de los pocos sevillanos que se van a la Maestranza, a la Caixa Galicia, a los pescaeros de Mercasevilla, a los particulares que más a mano tiene en la Ibense o en casa Trifón y allí mismo, a punta de pistola de caramelo solidario, te saca los euros que sean necesarios para restaurar El Salvador, las tablas de Santa Ana o llenarle las despensas al comedor social de Triana.
Yo no se si lo que hace Moeckel con la mano de su generosidad revierte en fama y publicidad en su mano profesional. ¿Le cortamos una de ellas? Lo que si me gustaría dejarle claro es que, muchas veces, lo llaman para que lidere estos asuntos. No es él el padre de la ocurrencia. Y, eso si, se lo garantizo, como al alemán del Baratillo le de por liderar algo, ese algo llega hasta donde tiene que llegar. Es jartible y cansino. La mejor versión humanoide que conozco de la martirizante gota malaya. Pero yo no dudaría nunca de la honradez que ha puesto al servicio de una ciudad que no tiene muchos sevillanos donde mirarse y admirarse. Moeckel es uno de ellos, de los pocos que tenemos. Libre gracias a su bufete. Y esclavo de una Sevilla a la que sirve con la generosidad que lo caracteriza. Si de algo es culpable este hombre es de quitarle tiempo a su familia para dárselo entero a una ciudad que aún duda de su compromiso.
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Sentencia
Se felicita al ciudadano Moeckel por la última gestión patrimonial y se anima a la Iglesia sevillana, que tanto le debe, a que inicie el expediente de canonización para elevarlo a santo del patrimonio eclesial, a cuyos oficios se encomienda, una y otra vez, bajo el lema de “A Dios rogando y con Moeckel buscando… lo que haga falta”.