José Cretario: El misterio de la Estrella

Por  10:12 h.

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Hice la misma pregunta dos veces en un periodo de 12 años y creo que a la misma persona. En ambas ocasiones, antes de 1992 y meses antes de 2004, se estaba preparando el Santo Entierro Grande.

«Oye, ¿y habéis pensado en el misterio de La Estrella que nunca ha salido?» Las dos veces me respondieron lo mismo «Es que el Cristo es muy bueno, pero el misterio es muy soso…»

La escena simétrica me viene al pensamiento ahora que esta hermandad plantea hacer un nuevo misterio para sustituir al que el taller de Castillo Lastrucci creara en 1952. No es frecuente en estos tiempos esto de cambiar misterios y de ahí lo llamativo de la iniciativa. Es cierto que el misterio del Cristo de las Penas es de lo más discreto que hizo el laureado taller del imaginero, o mejor dicho, su taller. El proyecto original constaba de cinco figuras y solo se hicieron tres, parece que por una cuestión presupuestaria.
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También en los años cincuenta José Rivera ideó un pasaje con seis figuras. El principal problema del actual misterio es que, al contrario de lo que solía hacer Castillo Lastrucci, la Imagen principal no se encuentra integrada sino aislada del resto del pasaje; de ahí que en lugar de un paso, el del Cristo de las Penas parezca que son dos. Expertos e imagineros piensan que se trata de una Imagen de difícil integración por su posición sedente, pero viendo la propuesta que va a plantear la junta de gobierno a un cabildo extraordinario, da la impresión de que el artista autor del proyecto, José Antonio Navarro Arteaga, ha conseguido en el tercer ensayo de boceto lo que muchos consideraban como imposible: hacer un pasaje en el que el Cristo esté integrado y destaque a la vez. Un buen misterio pone en valor y hace que destaque más – como ocurre en tantísimos pasos- la Imagen principal; un mal misterio -como también ocurre-ensombrece al Titular.
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Hay dos detalles del proyecto que también llaman la atención. El primero es el de plantear las figuras no para vestir sino de talla completa (como La Paz o San Benito), emulando el estilo del autor del Cristo José de Arce y el segundo recuperar lo que era común en los pasos, el romanticismo del monte calvario tallado para colocar en él los adornos florales como se hacía antiguamente, no como ahora que los montes son manchas rojas o alfombras vegetales por la cantidad desorbitada de flores que se colocan. Detalles aparte, lo notable de esta iniciativa es que se abre una nueva vía revisionista en el mundo de la imaginería, cuya vitalidad a lo largo de los siglos se ha sostenido porque las cofradías siempre han tratado de mejorar lo que se tenía. En la Estrella están en ello.