Expertos piden mediciones para asegurar que el tranvía no afecta a la Catedral

Por  9:33 h.

ImageLa Catedral es una gran esponja de piedra porosa que todo lo absorbe y por eso adopta el color del aire que la envuelve.
Los humos de los coches, y sobre todo de los autobuses, la ennegrecieron con su hollín de partículas cancerígenes:

Las costras negras, y detrás de una costra negra hay siempre arena suelta, piedra descompuesta.

Un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, realizado por el químico y biólogo Cesáreo Sáiz-Jiménez, reveló hace unos años los efectos alarmantes que la contaminación del tráfico producía en este monumento que es Patrimonio de la Humanidad, y su incidencia también en las personas. La contaminación siempre se ha considerado el peor enemigo de la Catedral. De ahí que el tranvía que ahora se prueba en la Avenida se vendiera como solución al problema contaminante, porque su energía eléctrica no es nociva.

Otra de las causas que han provocado deterioros en la Catedral, aparte también de las palomas, son las vibraciones mecánicas producidas por el intenso tráfico que allí se originaba, como estudió el científico Antonio Martín Pérez en 1990.
Lo vendieron como silencioso
Por todo ello, nadie se podía imaginar que el nuevo tranvía que anunciaron como silencioso y suave, tal como se percibe en otras ciudades europeas, produjera el ruido y las vibraciones que produce, como si su envoltura reluciente escondiera en realidad una vieja chatarra desengrasada. Las vibraciones son tales, que la alarma ha cundido en todo el entorno del templo mayor: tiendas, oficinas. viviendas.
Image
Todo vibra, todo retumba al paso del tranvía. Ruido y movimento que se transmite por las losas de granito de la Avenida a los monumentos: Catedral, Archivo de Indias, Ayuntamiento y a las casas particulares. Los expertos consulados exigen que se aplique la normativa sobre ruidos y vibraciones que afectan a los edificios y a las personas. Que se hagan las mediciones precisas, que los especialistas midan el tren de onda y su intensidad. Y entre la normativa se encuentra la «Ordenanza de Protección de Medio Ambiente en Materia de Ruidos y Vibraciones», aprobada por el Ayuntamiento sevillano el 29 de marzo de 2001, y que regula estos impactos, los que implican «molestia, riesgo y daño para las personas y bienes de cualquier naturaleza».
La preocupación se centra, sobre todo, en la Catedral. Y es que, la probabilidad de daños por vibraciones depende de la duración de éstas, de su frecuencia, de la resistencia de los materiales de la estructura del edificio, de la calidad constructiva y del mantenimiento y conservación del templo. Y ya se sabe, la Catedral tiene graves problemas estructurales: ha sufrido varios hundimientos en su historia (el cimborrio), hay varios pilares pendientes de sustitución y la piedra, del tipo arenisca, no es de la mejor calidad. Tampoco el terreno en que se asienta, con sus bolsas de agua, es el más idóneo. Durante el siglo XX se han desprendido muchos elementos, incluidos los pináculos del Sagrari, y todas las grietas están dibujas y estudiadas.
Image
A diferencia de un edificio de estructura rígida: hormigón o hierro, con todos sus componentes atados, la Catedral es una construcción antigua que ni es rígida ni está estructurada: sus elementos (las piedras) están casi sueltos y las vibraciones le afectan muchísimo —según los expertos consultados— porque no está preparada para ello. Estas vibraciones, si no se controlan, pueden crear desajustes, grietas en los pilares y en las bóvedas.
El aire es ahora más limpio pero, de momento, el tranvía nos ha traído otras contaminaciones: el ruido, las vibraciones y la contaminación paisajística de sus catenarias, bajo la luz cegadora de las farolas.