Fulgencio Morón en el despacho de su domicilio / L.M.

DOS HERMANAS

Fulgencio Morón, el maestro de una generación de músicos nazarenos

El autor de «Cristo en la Alcazaba» tuvo un papel primordial en la Banda Santa Ana y cuenta con una treintena de marchas creadas

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Existe una generación de grandes músicos de Dos Hermanas que deben buena parte de sus primeras enseñanzas a un hombre que transmitió a todo aquel que estuvo cerca de él su amor por la música. Fulgencio Morón Ródenas, el autor de la tan conocida marcha procesional «Cristo en la Alcazaba», impartió a comienzos de los años ochenta clases en el municipio nazareno, en una incipiente Aula Popular de Música -germen del posterior conservatorio elemental Maestro Andrés Segovia- y dirigió durante una década la actual Banda de Dos Hermanas Santa Ana.

A sus 87 años, Fulgencio está considerado como toda una institución en la promoción de la cultura de la música instrumental en Dos Hermanas y no hay nadie en este municipio que no haga referencia a él cuando de estos asuntos se habla. Ahora, ya en su vejez, el conocido músico local, que ocupó durante más de 30 años la plaza de clarinete en la Banda Municipal de Sevilla y formó parte de la Orquesta Bética Filarmónica, pasa sus días en su domicilio de Dos Hermanas, rodeado de sus familiares y amigos.

Cuenta con más de una treintena de marchas procesionales dedicadas a cristos y vírgenes de toda la provincia, así como varios pasodobles, una pequeña sonata para clarinete o una nana. «Ya no me piden que componga, aunque sí que me siguen preguntando. Es que uno es mayor y hay una generación bastante buena de chavales que escriben», reconoce Morón en el despacho de trabajo que tiene en su casa, en el que ha creado la mayoría de sus composiciones musicales y de cuyas paredes cuelgan multitud de cuadros con las distinciones recibidas por parte de hermandades, ayuntamientos y conjuntos musicales de toda la provincia. Deja claro, de cualquier forma, que no se considera compositor sino músico, a secas, aunque la faceta de creación no se le ha dado nada mal, a tenor de su extensa producción musical.

Nació en Las Cabezas de San Juan, aunque ha vivido prácticamente durante toda su vida en Dos Hermanas. Al municipio nazareno llegó cuando tan sólo tenía siete años, acompañado por sus siete hermanos y sus padres, que se mudaron atraídos por el porvenir de esta incipiente localidad, en la que se instalaban por aquella época la fábrica de yute y numerosos almacenes de aceitunas que daban trabajo a miles de personas. Aunque nunca tuvo antecedentes musicales en su familia, Fulgencio comenzó por su cuenta a tomar contacto con este mundo a los 15 años, cuando se inició en la banda del pueblo. «Trabajaba en una carpintería y con 23 años decidí empezar los estudios reglados de música. Me compré una bicicleta, que pagué a plazos, para ir a Sevilla por las mañanas al conservatorio», recuerda.

Director de la banda

Desde entonces, su vida quedaría ya ligada para siempre al clarinete. Vinculado fuertemente a la Banda Municipal de Sevilla, donde se mantuvo hasta su jubilación, Fulgencio tuvo un papel fundamental en la reorganización de la banda de Dos Hermanas en los ochenta, a la que dirigió durante una década. «Se unieron niños muy pequeños que son hoy la base principal de la banda Santa Ana, muchos son profesionales y son una buena representación del pueblo musicalmente», explica el octogenario músico. Además, fue miembro del jurado del Concurso Internacional de Clarinete que trajo a Dos Hermanas, durante 15 años, a los más prestigiosos clarinetistas del mundo.

La asociación de alumnos y padres del conservatorio elemental de música lleva su nombre y desde 2002 cuenta con una calle en el municipio nazareno. Su mayor legado, sin lugar a dudas, son sus marchas procesionales. «Me dijo un amigo que prácticamente todas las bandas de la provincia llevan en su repertorio ‘Cristo en la Alcazaba’ y eso me hace sentir muy satisfecho», se sincera al hablar de la que fue su primera creación musical, dedicada a la hermandad de Santa Cruz de Sevilla.

«Me siendo muy querido aquí, en ese aspecto estoy muy agradecido, y me gustaría que me recordaran así, como soy, con agrado y cariño», añade. Aunque ya no toca el clarinete por su avanzada edad, asegura que la música la lleva siempre dentro de él. Hace poco, además, se le pudo ver, batuta en mano, dirigiendo a la que fue su Banda de Dos Hermanas durante un homenaje que le rindió la hermandad de Santa Ana, en agradecimiento por su contribución a la música.