SUCESOS EN LA MADRUGADA

La Policía investiga la conexión entre ocho avalanchas simultáneas en la Madrugada

Tres de los detenidos, delincuentes comunes, se han negado a declarar. Los agentes buscan pruebas para confirmar la principal hipótesis: hubo complot

Por  12:14 h.

En la calle Arfe, cruzando el Arco del Postigo, estaban los nazarenos del Gran Poder. El paso del Señor iba por la Plaza del Triunfo. Por la calle Cuna procesionaba el Silencio. Llegando a la Encarnación, los Gitanos. En la calle Murillo esperaba el Calvario. En la confluencia de Trajano con Daoiz se encontraba la Macarena. El Señor de la Sentencia iba por la calle Sierpes. Y el de las Tres Caídas de la Esperanza de Triana por Reyes Católicos. Estos son los ocho puntos en los que, según todos los testigos a los que ha tomado declaración la Policía, se produjeron avalanchas durante la pasada Madrugada, el momento cimero de la Semana Santa de Sevilla. Todos confirman un dato: eran las cuatro horas y cinco minutos de la noche. A esa hora ya estaban todas las cofradías en la calle. Y, de repente, comenzaron las avalanchas exactamente por donde éstas discurrían. Las primeras declaraciones oficiales apuntaron a una estampida provocada por una situación general de pánico que desencadenó un «efecto dominó». El delegado de Seguridad y Fiestas Mayores del Ayuntamiento, Juan Carlos Cabrera, apostó por esta versión. Pero las fuentes policiales consultadas por este periódico aseguran con rotundidad que lo más probable es que los hechos estaban coordinados. El efecto dominó ya está descartado porque los puntos de la ciudad en los que se produjeron las carreras no tienen conexión directa. Es imposible que una avalancha que hubiese comenzado en el Postigo llegara hasta la Encarnación a la misma hora exacta. Por lo tanto, la principal hipótesis de trabajo es que todo puede obedecer a una organización perfectamente sincronizada. Sin embargo, las detenciones llevadas a cabo hasta ahora no permiten construir esta teoría. Los indicios apuntan en esa dirección. Las pruebas, todavía no.

Según la Policía, los ocho detenidos en los puntos en los que se originó el problema «son personas con perfiles distintos que no permiten determinar que entre ellas existiese ningún tipo de conexión». El senegalés detenido era un vendedor ambulante con distintos antecedentes menores y que además presentaba síntomas evidentes de ebriedad. Varios testigos aseguran que gritaba «Alá es grande» cuando todo comenzó. Otros dos jóvenes detenidos en la Plaza del Salvador habrían realizado comentarios ofensivos en la calle Cuna, cuando estaba pasando el Silencio. Uno de ellos colgó en una red social una foto suya acompañada de un «hastag» que dice: «#Avalancha. #Putasemanasanta». Pero las primeras investigaciones indican que este texto se publicó con posterioridad a los hechos. Además, las mismas fuentes aseguran que las diligencias requieren muchas cautelas porque en estas horas se han distribuido por las redes muchos mensajes que «son tóxicos», lo que está dificultando el trabajo policial porque los agentes tienen que hacer una criba previa muy laboriosa.

Otras dos jóvenes fueron detenidas horas después, en torno a las seis de la mañana, por mofarse de quienes corrían y generar más miedo. Todos estos están en libertad con cargos por desórdenes públicos y por delitos contra los sentimientos religiosos. Pero los tres detenidos más llamativos son los que están en prisión. Se trata de tres delincuentes comunes, muy conocidos por la Policía porque acumulan decenas de hurtos y robos en coches y domicilios, que utilizaron barras de hierro extraídas de una sillita de playa para golpear contenedores al grito de «Gora ETA» o «así suenan las bombas de ETA». Curiosamente, los tres se han acogido a su derecho a no declarar, lo que a juicio de los investigadores resulta muy sorprendente, ya que se trata de maleantes de poca entidad muy acostumbrados al trato con la Policía. Además, uno de ellos es también conocido por los políticos municipales porque solía atarse con cadenas a la puerta del Ayuntamiento para pedir trabajo.

Este detalle está intensificando la investigación del posible acuerdo previo porque, aunque en principio los detenidos parecen simples «gamberros», la Policía maneja dos indicios que le empujan a pensar en la posibilidad de «un concierto». En primer lugar, el silencio de tres de los detenidos. Y en segundo lugar, la sincronización de las avalanchas. Las mismas fuentes aseguran que en el Centro de Coordinación Operativa del Ayuntamiento, que durante la Semana Santa se ubica en el Círculo Mercantil de la calle Sierpes, se recibió el aviso de que había una estampida en el Postigo y en ese mismo instante se produjo otra en la misma calle en la que ellos estaban. «Es muy difícil que de manera simultánea se produzcan hechos semejantes en puntos tan distintos», recalcan. Pero tampoco hasta ahora se puede emitir ninguna certeza. Hay muy pocos datos irrefutables. De hecho, otra cosa llamativa hasta el momento es que la Policía no consigue reunir suficientes testigos directos sobre lo que ocurrió en cada punto. Todos son indirectos. Personas que vieran quién comenzó la primera estampida y cómo no aparecen.

Tres oleadas

En el Ayuntamiento mantienen la teoría de que el miedo de la gente fue el principal causante de los hechos. Pero la Policía Nacional trabaja en la hipótesis de una organización previa y está revisando todas las cámaras de seguridad del centro, todos los videos grabados por los ciudadanos y publicados en las redes sociales, así como todos los testimonios aportados hasta ahora. La clave está en la primera avalancha, que se produjo en ocho puntos distintos a la misma hora. Luego hubo otras dos: a las cuatro y media y a las seis. De éstas últimas sí hay testigos directos y la mayoría de los detenidos están relacionados con estos sucesos posteriores. Pero la ola inicial todavía es una incógnita absoluta.

Los hechos ciertos hasta ahora son contados. Se sabe con seguridad que todos los heridos son leves, salvo un nazareno del Gran Poder que sufrió un traumatismo craneoencefálico grave tras ser arrollado. Esta persona estaba tomando una medicación que, según las fuentes consultadas, habría agravado su situación tras recibir el golpe. Por otra parte, el nazareno del Gran Poder fallecido ni siquiera llegó a hacer la estación de penitencia, por lo que su muerte no está relacionada de ninguna manera con los sucesos de la calle. Este hombre se sintió indispuesto en la calle Conde de Barajas, nada más salir la cofradía, y se volvió para la basílica. Como su hija estaba haciendo también estación de penitencia y no llevaba teléfono, decidió esperarla allí hasta que volviera, en lugar de marcharse a su casa. Cuando ella regresó, ambos se fueron juntos y al llegar a su domicilio el padre sufrió un segundo infarto que resultó letal. El resto de cuestiones está todavía por resolver, ya que los testimonios recabados son muy confusos. Una mujer llegó incluso a declarar a la Policía que había visto un camión irse hacia los nazarenos por la zona del Postigo, algo que está totalmente descartado, pero que ha servido a los agentes que llevan la investigación para detectar que el nivel de miedo que acumulaba el público agravó la situación, aunque no es el origen de los hechos.

Éxito de los pasillos de seguridad

Las pesquisas están siendo difíciles y muy pormenorizadas, por lo que la Policía estima que no habrá resultados claros en los próximos días y que el trabajo será largo. Lo que sí se confirma es que los pasillos de seguridad instalados por el Ayuntamiento han sido vitales para evitar aplastamientos y que gracias a estas medidas previas la noche se pudo salvar sin que las consecuencias fueran extremadamente graves. No obstante, el propio delegado municipal ha admitido que la Madrugada sevillana queda «muy tocada» después de estos sucesos. Por eso tanto desde el Ayuntamiento como desde el Ministerio del Interior también confirmaron ayer este periódico que se van a iniciar contactos para buscar soluciones de cara a los años venideros. Y ambas administraciones recalcan también que pondrán todos los medios a su alcance para buscar explicaciones a los sucedido. La Policía, en este sentido, no busca excusas: ocho avalanchas en ocho puntos bastante distantes por los que, además, discurrían cofradías en ese momento, no pueden ser sólo una casualidad. Si a esto se le suma la sincronización…

Alberto García Reyes

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