La química del Amor

Por  1:00 h.

Image

Somos química y en parte, gracias a ella, hemos gozado por fin de su rostro como no podíamos hasta ahora. Ya señalamos el nacimiento de su barba, Guadalquivir picado en tardes de temporal y callejones en la orilla. La suave calma del estanque de su prodigiosa cabeza. Esas cejas vencidas de colchón para el peso de la idea de salvar el mundo. La oreja empapada.

Hemos conocido el límite de su carne, pan mejor horneado de lo que veíamos. Como una vara verde, el doloroso embalse de la corona de espinas. El grueso borde del párpado. La pupila mansa y grande de caballo sacrificado. El perfil poderoso de la nariz. El borde exacto del labio herido. La sangre concisa cerca del ojo. La excesiva sombra ya extirpada. Han sido días de cuidado. Contadas y mínimas dosis de productos de nombre extraño. Enormes cantidades de cariño invertidas para devolverle el rostro a Dios, al Gran Poder, que con esas nuevas fronteras quedó más grande que nunca.

Había química entre ellos dos. Por un lado, el Señor en su camarín. Sentada en un banco, una joven, atenta a las explicaciones. Contaban cómo habían devuelto el rostro a quién puede devolvérselo a ella. No se quiso perder este momento esta joven de ojos cansados. El pelo de Cristo recuperaba lozanía. La melena de ella había desaparecido y ocultaba la cabeza bajo un pañuelo. Las cejas de Dios ya dibujaban una mueca, las de ella, desertoras, habían dado paso a una tímida rojez en el lugar que ocuparon. Ha venido de nuevo a alejarse del barrio de la muerte y ese Señor, al que llamaron el vendedor de cisco, consiguió sortearla con una zancada que se abría hacia la Resurrección. Los dos, frente a frente, unidos por la química del amor. Y, con todo, qué distintas vuestras quimioterapias.

Image

Texto escrito y leído por Antonio Cattoni en El Llamador de Canal Sur Radio, lunes 30 de octubre de 2006

Fotografía: Roberto Villarica

www.fotoscofrades.blogspot.com