José Bonaparte
José Bonaparte

HISTORIA

La Semana Santa de Pepe Botella

Tras su fallecimiento, décadas después, los restos de José I acabaron descansando en el suntuoso Panteón de los Inválidos de París. Del expolio al patrimonio sevillano se perdió la pis

Por  0:44 h.

«Ni es caballo, ni yegua, ni pollino en el que va montado, que es pepino».

Pepe o Pepino era el apodo que se daba a José Bonaparte (1768-1843), el hermano del célebre emperador francés que, tras ser diputado por Córcega, elector del Primer Imperio, y rey de Nápoles, acabó asumiendo como monarca intruso la corona de España tras la vergonzosa entrega de la familia real española, Carlos IV y Fernando VII juntos, en la capitulaciones de Bayona de 1808.

Caricatura de José Bonaparte alusiva a sus dos supuestas aficiones.

Caricatura de José Bonaparte alusiva a sus dos supuestas aficiones.

Un rey intruso. Hermano del tirano del Europa. Con buenas intenciones reformadoras en algunos campos de gobierno pero con el proceder de un invasor que no dudó en expoliar y someter al territorio español, nación vendida por sus gobernantes pero no por un pueblo que no dudó en enfrentarse al usurpador y a su ejército.

Pepe Botella caricaturizado en la época.

Pepe Botella caricaturizado en la época.

En el campo de batalla y en la crítica popular: Cada cual tiene su suerte, la tuya es de borracho hasta la muerte… Para el pueblo, José I cargó con una supuesta afición a la bebida y al juego que acabó condicionando el apodo con el que pasaría a la historia: Pepe Botella.

Granado de 1810 de la restistencia de Sevilla ante los franceses

Granado de 1810 de la restistencia de Sevilla ante los franceses

Iniciada la invasión en 1808, la resistencia española contuvo los primeros avances obligando al propio Napoleón a intervenir en el restablecimiento del orden. Ello conllevó que las tropas francesas no entraran en Sevilla hasta primeros de febrero de 1810, tras otra vergonzosa capitulación firmada en Torreblanca de los Caños cuyos términos fueron incumplidos sistemáticamente por los invasores.

El mariscal Soult gran expoliador del patrimonio de Sevilla y de sus cofradías.

El mariscal Soult gran expoliador del patrimonio de Sevilla y de sus cofradías.

Una ciudad preparada para vivir la Cuaresma vio ocupados y expoliadas iglesias, conventos y palacios por violentos soldados, siendo el patrimonio sistemáticamente robado por el mariscal Soult, el mayor expoliador de la pintura barroca sevillana en todos sus siglos de historia.

Aún así, algunos sectores dirigentes, tanto civiles como eclesiásticos, llegaron a recibir con júbilo al invasor. Sonaron las campanas de la Giralda y hasta hubo algún polémico culto y homilía de alabanza en la parroquia de Santa Ana, con agrio enfrentamiento de pareceres entre los feligreses de la collación trianera.

Pero las cofradías sufrieron con creces la invasión. Para muchas supuso un expolio absoluto de sus tesoros, la expulsión de sus templos, la mutilación de sus imágenes titulares o la pérdida definitiva de enseres y de actividad. El listado de calamidades es extensísimo. Por citar algunos ejemplos, fueron mutiladas las imágenes de la Lanzada radicadas en san Basilio, además de perder buena parte de sus enseres, fue derribada la capilla propia que atesoraba la hermandad de la Soledad en el convento del Carmen, perdió su capilla en el convento de San Francisco la hermandad de Vera Cruz; tuvo que salir del convento de la Merced la hermandad de Pasión, perdiendo un notable patrimonio material y documental, abandonaron sus templos por la ocupación invasora el Sagrado Decreto, el Amor, la Columna y Azotes, el Santo Entierro… Plata, joyas, marfiles, lienzos, maderas nobles, cuadros… fueron expoliados y definitivamente perdidos por numerosas hermandades.

Antiguo Grabado de Ntro. Padre Jesús del Gran Poder firmado por Utrera

Antiguo Grabado de Ntro. Padre Jesús del Gran Poder firmado por Utrera

Pero la Semana Santa estaba próxima. A pesar de tan difícil situación, el rey intruso José I quiso conocer la gran fiesta religiosa de la ciudad. Llegó por segunda vez a la ciudad el jueves de Pasión, 12 de abril. Pero, como señala Velázquez y Sánchez en sus Anales, no fue una semana mayor al uso: faltaba mucha plata en los ajuares litúrgicos (pues había sido puesta a buen recaudo en Cádiz y en Gibraltar) y también cera. “En la Catedral faltaron palmas para la procesión del Domingo de Ramos por la situación de las provincias de Granada y Murcia, que las solían suministrar otros años, utilizándose las ramas de olivo y haciéndose la procesión por las últimas naves, y sin salir por las gradas de las santa iglesia, para evitar los continuos alardes de irreverente menosprecio de los soldados del usurpador, que tenían a gala atravesar las filas sin descubrirse, provocando el enojo de nuestro pueblo con aquellas insolentes demostraciones”.

El palio de la Virgne del Mayor Dolor y Traspaso

El palio de la Virgne del Mayor Dolor y Traspaso

No se colocó el monumento, “se puso en el altar del trascoro, bajo el dosel de la fiesta del Corpus y sobre gradas, la custodia de la parroquia del Sagrario con el arca de la hermandad del Santísimo Sacramento de San Isidoro, con candeleros de palta y los hacheros de varias parroquias y conventos extinguidos…Ni hubo truenos en la Pasión y rasgadura de los velos del altar, ni se cantó el Miserere en las noches de los miércoles y jueves santo, cerrándose los templos a la oración”.

Según refiere la crónica del analista Velázquez y Sánchez, las cofradías de penitencia “todas habían no acordado hacer estación; disculpando este acuerdo con motivos plausibles, y algunos reales que ocultaban el verdadero móvil de su resolución unánime, en odio al gobierno intruso. José Bonaparte, excitada su curiosidad por la descripción que se le había hecho de las procesiones de Sevilla, indicó a la autoridad que le gustaría ver algunas, y se previno a todas que deliberasen en nuevo cabildo sobre el particular, comunicando la decisión a la Prefectura para lo que procediera; pero a pesar de la intimidación sólo tres se prestaron a la salida en la tarde del Viernes Santo: la del Prendimiento de Cristo, de Santa Lucía, la del Gran Poder, de San Lorenzo, y la de las Tres Necesidades, de su capilla propia al sitio de la Carretería. La primera y tercera llevaron su ordinario cuerpo de nazarenos penitentes, y la segunda convite de gala y duelo, pero el nuevo rey, que había mostrado afán por estas procesiones, no salió del Alcázar”.

Misterio de la Carretería

Así terminó la Semana Santa de Pepe Botella, con el expolio y posterior menosprecio del rey invasor a la Semana Santa sevillana, en una semana que concluyó el domingo día 22 con un baile ofrecido por la municipalidad a la corte usurpadora en el Archivo General de Indias, edifcio que fue enriquecido con numerosas galas sustraídas de la ciudad, baile al que si asistió el rey y que dio por terminada aquella infausta Semana Santa. Todavía había sectores de poder de la ciudad que se ponían a la sombra del nuevo poder invasor. Fue la Semana Santa de Pepe Botella…

La de 1811 fue aún más insólita, con sólo dos procesiones, siendo el 1812 un año de total ausencia de cofradías .La liberación de la ciudad en 1813 permitió un lento resurgir y retorno a la normalidad de su cofradías. También el exilio del monarca francés que, sostenido por la venta de joyas de la Corona española y, probablemente, con algún lucro proveniente del expolio sevillano, pudo exiliarse a Estados Unidos, donde se construyó una mansión en la propiedad denominada Point Breeze, situada en Bordentown (New Jersey). Tras su fallecimiento, décadas después, los restos de José I acabaron descansando en el suntuoso Panteón de los Inválidos de París. Del expolio al patrimonio sevillano se perdió la pista. Fuese y no hubo nada.

La cólera de Napoleón en una caricatura de la época

La cólera de Napoleón en una caricatura de la época

Grabado de la serie los desastres de la guerra, de Francisco de Goya

Grabado de la serie los desastres de la guerra, de Francisco de Goya

Manuel Jesús Roldán

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