La Virgen de la Salud / M. J. RODRÍGUEZ RECHI

La Virgen de la Salud y la Alegría, la elegancia y esencia de las Glorias de Sevilla

Hasta 4 procesiones de Gloria han tenido lugar en este fin de semana

Por  1:10 h.

El segundo fin de semana del mes de mayo ha deparado varias procesiones sacramentales, también de Glorias (Araceli, Virgen del Mar, Virgen de la Salud y la Alegría). Las dos primeras salieron en la jornada del sábado desde San Andrés y la Misericordia respectivamente. Incluso, ambas se cruzaron cuando la Virgen de Areceli visitó la Misericordia, cuando la hermandad filial almeriense había efectuado su entrada.

La tarde del domingo deparó una jornada de dos de las grandes Glorias de Sevilla, la Salud y la Alegría. Es cierto que con el paso de los años existen más procesiones, todo parece estar sobredimensionado, pero lo bueno continúa perdurando en el tiempo.

Dos corporaciones que si no existieran habría que crearlas, con el sentido de la medida por bandera. Dos barrios con historias diferentes, pero muy cercanos y que continúan guardando la solera que a cada uno le caracteriza. Qué tarde la vivida en este segundo domingo de mayo.

En la Salud está la elegancia, el gusto y el buen hacer, donde tienen cabida detalles como una gran petalada realizada cuando la Virgen iba a adentrarse en la plaza de la Pescadería, el sol iuminaba por completo la escena, balcones repletos de colgaduras y banderolas, de donde caían miles de pétalos para la patrona del barrio de la Costanilla. La hermandad acertó con la ampliación de itinerario, ya que por primera vez transitó por la calle Francos, Chapineros y Álvarez Quintero, con la finalidad de estar el mismo tiempo en la calle pero recorriendo más calles de la feligresía.

Con petalada o cohetes que sonaron tanto a la salida como a la entrada, aquí tiene cabida que el Carmen de Salteras interpreta Valle de Sevilla en el regreso a San Isidoro, esa es la esencia de la hermandad de la Salud. La Virgen portó el manto de las cintas, estrenó a los hermanos Pagés como nuevos capataces que ha sabido darle otro aire al andar de un paso al que no es nada fácil trabajarlo.

En San Bartolomé, la Virgen de la Alegría. Quizás, la mayoría de los cofrades que suelen ver cada año a esta portentoso paso, no cesan en comentar en que falta una hermandad de penitencia en la Judería, un barrio inigualable que casi al completo mantiene la estética de hace siglos.

Andando, como suelen ir los pasos comandados por la familia Villanueva, con una elegancia sublime ante uno de los pasos de mayor altura de Sevilla, y donde tienen que efectuar una difícil maniobra tanto en la salida como en la entrada. También en la calle Vidrio, antes de visitar la parroquia de San Esteban.

Parecen procesiones de otra época, de las que perduran en el tiempo y que un mayor número de público aglutina. Tanto en la Alegría como en la Salud hubo en algunos momentos determinados hasta bulla delante de cada paso, señal de que las Glorias tienen mucho que ofrecer a la ciudad.

Caía la tarde, la Virgen de la Alegría se adentraba en la calle San José bajo esos atardeceres únicos de la primavera sevillana. Ahí, quizás comenzaba uno de los momentos más cumbres de las Glorias, cuando el paso se adentra en la calle Levies y los Villanueva mandan difíciles maniobras ante el deleite de los presentes. A las diez y media, antes de lo esperado efectuaba su entrada. El paso realizaba un giro a los sones de Pasan los Campanilleros y Rocío. Se ponía el broche de oro a un domingo único, con el sabor de siempre, alejadas de modas, y ofreciendo la historia viva de las Glorias.

La Virgen de la Alegría en Águilas / M. J. RODRÍGUEZ RECHI