La Real Maestranza fue un nuevo Pentecostés en el encuentro de laicos

Por  12:05 h.

ImageCantos, velas, papelillos, testimonios, vídeos, nuevas tecnologías y escenificaciones para un nuevo Pentecostés de la Iglesia de Sevilla. El encuentro festivo de la Asamblea Diocesana de Laicos, una invitación y una llamada a toda la Iglesia de Sevilla a seguir trabajando y caminando hacia el futuro con la inspiración del Espíritu Santo y desde la ilusión y la esperanza, tuvo ayer en la Real Maestranza un soberbio escenario.

La plaza estaba muy llena aunque con algunos claros en las gradas. Los asistentes, muchos de ciudades y pueblos de la diócesis, eran en su mayoría miembros de los 900 grupos de trabajo en los que se han agrupado los 15.000 participantes en la Asamblea Diocesana de Laicos con el lema «Unidos para que el mundo crea».
Durante meses, los 900 grupos han reflexionado sobre la identidad, el papel y la misión del laicado de la Archidiócesis de Sevilla, y han profundizado sobre la forma adecuada de ser iglesia en el momento actual de nuestra comunidad diocesana, abiertos a una sociedad que cambia y se transforma.
Con la empresaria y modelo Raquel Revuelta y el periodista Antonio García Barbeito como presentadores, el encuentro se desarrolló en tres partes relativas a Dios Creador, «Una mirada sobre el mundo»; Jesucristo y las Bienaventuranzas, «El camino de la vida», con consejos para proponer el estilo de Jesús, y el Espirítu Santo y la actualidad del mensaje de Cristo en nuestra sociedad, «Una sociedad con esperanza». La presentación del encuentro corrió a cargo del cardenal arzobispo de Sevilla y de tres miembros de la Comisión Permanente de la Asamblea de Laicos, Amalia Gómez, ex secretaria de Estado de Asuntos Sociales; Esperanza Roca, directora general de Prevención y Calidad Ambiental de la Junta, y Enrique Belloso, delegado diocesano de Apostolado Seglar.
La llegada del cardenal al escenario provocó palmas por sevillanas durante mucho rato. Monseñor Amigo comenzó su alocución preguntando a los presentes si habían ido a ver a las 15.000 personas que habían estado reflexionandosobre las cosas de Dios, a los grupos o el espectáculo: «Hemos venido a ver a Dios y que Dios nos vea. Lo vamos a hacer a través de muchos signos diferentes. Nuestra alegría es que Dios ha estado grande con nosotros. Bendito sea Dios que tanta alegría nos produce.»
La luz de la Cruz
Aunque el acto estaba previsto que empezara a las nueve y terminara a las once, no comenzó hasta las nueve y media con la llegada del cardenal, el nuncio de Su Santidad, monseñor Manoel Monteiro de Castro, y el arzobispo de Santiago de Compostela y presidente de de la Comisión de Apostolado seglar de la Conferencia Episcopal, monseñor Julián Barrio. El retraso fue considerable. Tanto que la Cruz de la Evangelización que iba a salir del Baratillo a las diez de la noche no llegño a la plaza hasta las doce menos cuarto pasadas. El recibimiento fue impresionante. La Maestranza estaba iluminada por la luz de las velas que portaban los asistentes. Mientras tanto, en el escenario el grupo Brotes de Olivo acompañado de Siempre así y el Gospel del Claret cantaban «Nada nos separará del amor de Dios». Después, el cardenal habló de que no podemos presumir si no es en la Cruz de Nuestro Señor: «Cómo podemos llevar la frente en alto si no es mirando a la Cruz, cómo engujar antas lágrimas. Siempre la misma luz. En la Cruz está la luz.» Se refirió luego al salmo: «El Señor es mi Pastor, nada me falta, su vara y su cayado me sostienen. Su vara es la luz que nos protege, guía, consuela y orienta.» Señaló que sin amor, sin caridad, no tenemos nada y señaló que había una cosecha abundante, «mucho pan para la nueva evangelización».
Antes intervinieron el arzobispo de Compostela, Julián Barrio, que invitó a los presentes a revitalizar la Iglesia, hacer oír el Evangelio y a formarse para la misión, y el nuncio del Papa, que destacó la importancia de ser fieles a los designios de Dios y de la coherencia de fe y vida. Luego leyó un mensaje del Papa Benedicto XVI, que alienta a los laicos a intensificar su formación cristiana y su vida de relación con Dios y en el que imparte a los asistentes al encuentro su bendición apostólica.