«El nazareno del Silencio vive la estación desde que se viste»

Por  7:23 h.

ImageENTREVISTA A ANTONIO RODRÍGUEZ CORDERO. HERMANO MAYOR DEL SILENCIO. La próxima Madrugada volverá a abrirse la puerta de la Real iglesia de San Antonio Abad y, de nuevo, la cofradía del Silencio seguirá marcando un modelo y una forma de realizar la estación de penitencia a la Catedral. Todo ello, como refiere Antonio Rodríguez Cordero, hermano mayor del Silencio, con el único objetivo de «dar testimonio de fe y de evangelización».

Y será prácticamente de la misma manera que hace 600 años, lo que le ha llevado a tener en su título el de «Primitiva» y a ser considerada, por todos, como la «Madre y maestra».

¿Por qué sigue imperando desde hace seis siglos este mismo modelo?

Habría que preguntarse, primero, cómo y por qué se constituye la hermandad. Y no es por otro motivo que el deseo de unos hombres piadosos por reflexionar sobre la Pasión de Cristo. Las cofradías de Sevilla tienen ese sentido, el de dar testimonio de fe y ese culto externo de evangelización. Y de esos fieles, que se reunían los viernes de Cuaresma, se pasó en 1346 a realizar la primera estación de penitencia con las túnicas moradas a modo de la del Nazareno. De ahí surge el nombre de primitivos nazarenos de Sevilla. Ésa es la génesis.

Y todo ha seguido sin alterarse.

La Hermandad ha ido transmitiendo esos valores, esa fe y esa forma de llevar a cabo la estación de penitencia de generación en generación. Así lo hace constar el hermano mayor en el fervorín antes de la salida: «rememorando a aquellos hermanos que nos precedieron, vamos a hacer la estación de penitencia».

Ese modelo se advierte desde el momento en que alguien quiere ser hermano de la corporación.

Así es. Desde finales de la década de los 70, en el reglamento de régimen interno se especifica que las personas que quieran ser hermanos deben pasar por un proceso de admisión. Porque una cosa es ser devoto de Jesús Nazareno y otra hermano, participar en la vida de la hermandad.

¿Y por qué ese proceso?
Porque detectamos que muchos se hacían hermanos, se apuntaban a la hermandad y luego «desaparecían». Es por ello que se decidió llevar a cabo este proceso que tiene como lema principal que «el que llegue conozca adónde viene y al que viene se le conozca».
¿En qué consiste este proceso de admisión?
Bueno, el que solicita entrar como hermano debe asistir a los cultos de la corporación durante un año, recibir charlas de los censores, del hermano mayor… y pasado ese año, si cumple con las expectativas, es admitido como hermano y jura las reglas. Además, los hermanos que presentan al solicitante tienen la labor de apadrinamiento y tutela de esa persona, ya que es la forma de seguir transmitiendo el legado que nos dejaron nuestros antecesores y que los que vienen también sepan transmitirlo.
En todo caso, este proceso «echa para atrás» a muchos, es decir, que el que realmente quiere pertenecer a la Hermandad y realizar estación de penitencia sabe a lo que viene.
Yo creo que sí. Hay que tener en cuenta que el 50 por ciento de los hermanos, aproximadamente, participan en la estación de penitencia. Y eso es un número muy elevado. No creo que haya muchas cofradías con ese tanto por ciento. Y se viene manteniendo desde los años 80.
¿Hay mucha diversidad de edad en las solicitudes?
No sólo hay gente joven, sino también mayores, y no sólo para salir de nazarenos. Hay una inquietud muy grande. Desde fuera se ha dicho que para ser hermano del Silencio hay que pasar unos cursillos, y eso no es así. Lo que hacemos es formar a la persona, que conozca nuestras reglas, que viva durante un año esa incorporación a la vida de la Hermandad. Sabe perfectamente a lo que viene y que pasado ese año, una vez que se confirmen sus deseos, va a ser hermano de Jesús Nazareno
¿Por qué «Madre y maestra»?
Las hermandades difunden un mensaje de fe y evangelización. Y ese mensaje tiene que ser de todos sus miembros. Los hermanos de una hermandad no son cooperantes sociales sino evangelizadores. Y nuestra labor es la de tutelar eso precisamente. «Madre y maestra» es un reconocimiento desde fuera que califica nuestro comportamiento en la forma de hacer en las cosas como en la estación de penitencia. Sabemos que todo lo que hacemos va a tener repercusión, desde el primer nazareno hasta el cortejo litúrgico. Y ese comportamiento ha hecho que seamos denominados de esta manera. Es un orgullo y una responsabilidad a la vez.
¿Ese comportamiento imprime carácter, como suele decirse?

No hay nada más que ver al cortejo. Esa forma de mirar siempre adelante, es al fin y al cabo una forma de dar testimonio. El esfuerzo que hace cada nazareno es muy grande. Y creemos que la mejor manera de dar testimonio de fe es así. Si vas relajado, mirando de un lado a otro, parece que ya no es lo mismo.Y sí, imprime carácter. Desde que uno se viste.

¿En qué sentido?

Desde que un nazareno del Silencio se viste en su casa y se pone al pecho las cinco cruces ya vive la estación de penitencia. Te impregnas ya. Luego, llegas a la iglesia, rezas a Jesús Nazareno y a María Santísima de la Concepción, participas en la urna de caridad y no te descubres hasta que no entras en el patio. Eso marca mucho y se exterioriza en la estación de penitencia.

Una estación que tiene como finalidad arrodillarse ante el Santísimo Sacramento.
Así es. Todos los nazarenos de cada tramo, al llegar a la Catedral, deben hacer una doble genuflexión ante el Santísimo Sacramento. No podemos olvidar que el principal fin es el culto a Nuestro Señor Jesucristo y vamos a la Catedral a postrarnos ante Jesús Sacramentado.
¿Desde que edad se puede salir de nazareno?
No hay una edad específica, sino cuando los censores lo estiman oportuno. En teoría a partir de los 14 años se considera que se puede vestir la túnica, aunque hay que ver si puede hacer ese esfuerzo físico de mirar siempre de frente, llevar el cirio en suspenso hasta que sale la Virgen y no hacer ni un solo gesto. Hay que tener en cuenta de que el cirio mide sobre un metro sesenta centímetros, es de calibre grueso y no hay ni velitas ni varitas. Y, claro, todos no pueden hacer ese esfuerzo. Es por ello que la salida depende de los censores.
Pero se puede ser hermano desde más joven.

Los menores de edad son presentados y a los 14 años son hermanos de pleno derecho. A estos hermanos también los preparamos y le damos una charla en la que adquieren ese compromiso.

Todo lo que ha referido hace especial a la Hermandad del Silencio.
Yo no diría que seamos especiales, sino simplemente que nuestro fin primordial es que la estación de penitencia sea para dar testimonio de fe y postrarnos ante Jesús Sacramentado. Y la de Jesús Nazareno lo lleva haciendo seis siglos.