Los cinco momentos de la Semana Santa, por Ignacio Cáceres

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La Semana Santa deja momentos de todo tipo. Esos que no se olvidan o aquellos que deben olvidarse cuanto antes. En 2018 ha habido muy poco lugar para los segundos. Y es que la mayoría de las cosas salieron rodadas a excepción de los tiempos del Domingo de Ramos, las incidencias del Miércoles Santo o el parón que tuvo San Esteban en la Plaza de la Encarnación.

Sin embargo, en este tiempo para recordar todo lo positivo, hay cinco momentos que para el que escribe destacan por encima del resto. Todo muy subjetivo pero al mismo tiempo muy real.

El Nazareno de la O cruzando el puente de Triana / JAVIER COMAS

El Nazareno de la O cruzando el puente de Triana / JAVIER COMAS

1. La salida de La O

Era la primera vez y como la primera no hay ninguna. El cielo de la calle Castilla estaba peligroso pero en el interior del templo el ambiente era muy distinto. Se palpaba la unión de una familia en la cofradía del Viernes Santo. Todo ello quedó escenificado en Rafa, Pedro y Ramón Ariza. Los tres capataces que juntos a sus hijos dejaron fotografías que no deben perderse. Ésas que alimentan el sentimiento cofrade y que impiden que este mundo se ignore. No fueron las marchas, ni el andar de los pasos, ni una chicotá en concreto lo que persuadió al que relata esta historia. Todos esos detalles no faltaron. No obstante, el beso de un padre a un hijo delante de un paso de palio gana por goleada.

2. La vuelta de Montserrat

Sobrio, por derecho, elegante y sin gustarse demasiado. La vuelta de Montserrat a su capilla tras el receso que vivió en la Catedral a causa de la lluvia fue un ejemplo a seguir. Que una cofradía con 550 nazarenos ponga a sus nazarenos del palio de tres en tres habla muy bien de la hermandad. El paso del Cristo de la Conversión fue soberbio en su vuelta. Andando, sin atender a la música y motivando que el público acompañara al paso hasta la entrada. El paso de misterio cruzó la calle Méndez Núñez de una chicotá. Cuando éste entró, todo se relajó y para la entrada del palio el ritmo se frenó un poco. Nadie está libre de pecado.

3. La salida de la Esperanza de Triana

Todo los años, la calle Pureza es un hervidero de emociones que a nadie deja indiferente. Si en etapas anteriores el Cristo de las Tres Caídas había bordado la salida deleitando a todos los presentes, en 2018 la Esperanza asumió la responsabilidad del gusto. No se puede mezclar mejor la alegría y la elegancia de un paso de palio a la hora de andar. Cada año va a más y no deja de gustarse. El sonido de esas bambalinas chocando con los varales debería estar registrado.

4. La entrada de la Trinidad

¿Puede ser uno de los palios más bonitos de Sevilla?, puede serlo. Cerrar un Sábado Santo lleno de melancolía con este paso de palio es difícilmente igualable. Al igual que el Cristo de las Cinco Llagas, la Trinidad anda cada año mejor. En el exterior de la Basílica de María Auxiliadora tampoco se cierra mal la Semana Santa. La luna, el cielo, y el recogimiento que demostró la Trinidad entrando no pasan desapercibido.

5. La salida del Amor

Metamorfosis perfecta la que se vive en la Plaza del Salvador el Domingo de Ramos. Ver bajar ese Cristo por la rampa, situarse en el costero derecho y alzar la mirada para ver la talla de Juan de Mesa bajo la  noche cerrada es difícil de igualar. Sabor y solera. No caben más palabras.