Reliquias de la Universidad de Sevilla / US

ARTE

Los llamativos relicarios que conserva la Universidad de Sevilla en 3D

El conjunto procedente del templo jesuita de la Anunciación se puede analizar en la actualidad tras ser estudiados en 3D

Por  0:15 h.

 

El culto a las reliquias de los santos, fomentado e impulsado por algunas congregaciones como la Compañía de Jesús, dio lugar a la creación de capillas de reliquias en las que se acumulaban huesos y restos materiales de figuras venerables de la iglesia. El fomento de este culto por los jesuitas, desde finales del siglo XVI, se constata todavía hoy en Sevilla en tres conjuntos artísticos diferentes que todavía alojan numerosas muestras de estos antiguos relicarios. Tanto el templo de san Luis de los Franceses, antiguo noviciado jesuita, que acoge en su iglesia y en su capilla doméstica todo un repertorio de esta antigua devoción, como el retablo argénteo que acoge a Nuestro Padre Jesús de la Pasión, también de origen jesuita, son buenas muestras al alcance del público que mantienen esa antigua acumulación de reliquias.

Más desconocido es el conjunto de bustos relicarios que atesora el patrimonio de la Universidad de Sevilla, conjunto procedente del templo jesuita de la Anunciación que se puede analizar en la actualidad de forma pormenorizada en una sugerente propuesta del portal Atalaya 3D, plataforma dedicada a la divulgación virtual del patrimonio de las Universidades de Andalucía. Diez bustos relicarios fotografiados en alta definición que pueden ser analizados y estudiados desde cualquier punto de vista.

(Ver aquí:  https://sketchfab.com/atalaya3d/collections/relicarios-universidad-de-sevilla)

El conjunto de bustos-relicario de la Universidad de Sevilla tiene su origen en una capilla de reliquias que estuvo situada en un ángulo del crucero de la iglesia de la Anunciación, en una zona usada hoy como Sacristía. A fines del siglo XVI, en el templo jesuita se conformó un retablo con reliquias de diferentes santos y épocas, que se acabarían ubicando en urnas y en bustos de imágenes que acabarían conformando un curioso conjunto que pronto sobrepasó el recinto original y que acabó expandiéndose por los muros del templo, creándose un retablo de reliquias en la zona donde actualmente se sitúa el retablo pictórico de la Virgen de Belén. Los diferentes avatares históricos del antiguo templo jesuita, hoy propiedad de la Universidad de Sevilla y sede de la hermandad del Valle, motivaron la pérdida de diferentes piezas, aunque la universidad todavía atesora un importante conjunto formado por piezas de santos de diferente cronología y factura.

Busto de San Francisco Javier

Una pieza de 0,70 cm, probablemente la mejor de la colección, que fue atribuida por Hernández Díaz a la gubia de Juan de Mesa, datando la obra en torno a 1625. Representa al santo misionero jesuita canonizado en marzo de 1622, fecha que podría acercarnos a la justificación de su cronología. Un santo que tuvo otra imagen en la misma iglesia de la Anunciación, realizada por Martínez Montañés, desgraciadamente perdida en al actualidad. La talla está expresivamente tallada, con rasgos habituales del escultor de origen cordobés, rostro y pómulos señalados, y barba corta. Destacan también sus ojos y sus manos, con un relicario en el pecho de forma elíptica que debió alojar una reliquia del santo de la orden, en el fuego ardoroso de su corazón misionero. La talla sigue el modelo establecido por un grabado de Teodoro Galaeo que ilustra la biografía de San Francisco Javier debida a Orazio Torsellini (“De Vita Francisci Xaverii”, Roma, 1594).

San Francisco Javier

Busto de San Antonio de Padua

La imagen del santo franciscano portugués mide 0,66 m. no tiene peana y muestra una inexpresividad propia de algún discreto autor de finales del siglo XVI o comienzos del siglo XVII. Ha perdido la mano derecha y es una de las tallas del conjunto que más ha sufrido repintes y el deterioro del paso del tiempo.

San Antonio de Padua

Busto de Santa Ana

Una interesante pieza que representa el rostro madura de la santa, con notable calidad en la policromía y el tratamiento de los tejidos hebreos que conforman su tocado. Fechable en los primeros años del siglo XVII, se podría relacionar con algunas obras montañesinas, como las imágenes de la capilla del reservado del monasterio de San Isidoro del Campo, tallas con las que comparte algunos rasgos de una rica y viva policromía, además de algunas formas compositivas. Aunque ha perdido su mano izquierda, destaca la expresividad de su mano derecha, mostrando el hueco del relicario una forma oval enmarcada por unas volutas que se inspiran claramente en las tarjas y cartelas propias de los libros de arquitectura, presentes en los retablos de la misma época.

Santa Ana

Busto de Santa Cecilia

La santa patrona de la música es identificable, además de la inscripción, por portar un órgano como atributo iconográfico, alusivo al instrumento que tocó el día de su propia boda, además de mostrar un corte en el cuello que recuerda su martirio durante las persecuciones romanas. Es una obra manierista, datable entre 1580-1600, que sigue el habitual tratamiento de los autores de esta época en la simetría de su rostro y en el tratamiento esquemático de la cabellera rizada de la santa. La moldura del marco del relicario también incide en esta datación.

Santa Cecilia

Busto de Santa Dorotea

Posiblemente del mismo autor que el anterior, es obra de las últimas décadas del siglo XVII que muestra también notas manieristas, como la estilización y esbeltez de algunos rasgos que empleaban autores de la época como jerónimo Hernández. Presenta dos llamativas heridas en la frente y en el cuello, que aluden a su martirio durante las persecuciones de Roma. Debió portar originalmente un cesto con manzanas y rosas que aludirían al suceso milagroso que provocó la conversión de Teófilo a fines del siglo III. Destacan la rica cabellera rizada y la peculiar policromía celeste de la santa de la Capadocia declarada patrona de las floristas.

Santa Dorotea

Busto de San Antonio Abad

San Antonio Abad está representado según su iconografía tradicional, como anciano de largas barbas vestido con hábito blanco y manto y capucha marrón, con un rico estofado en el que aparecen motivos florales. El santo ermitaño, también conocido como san Antón, suele ser identificable por la presencia de un cerdo que le acompañaba, elementos que en este caso no aparece al ser una imagen de medio cuerpo. Por sus características, la frontalidad, la falta de expresión o el tratamiento de la barba, se puede considerar también como una obra de transición entre el Manierismo y el primer Barroco, entre los años finales del siglo XVI y el siglo XVII.

San Antonio Abad

Busto de San Jorge

Gran interés, por algunos detalles singulares, presenta el busto relicario de san Jorge. No sigue el modelo habitual de representación del legendario caballero medieval, ya que aparece barbado y vestido a la usanza de la época, portando un curioso yelmo en la cabeza y una rica armadura que entronca con la visión de los retratos de poder de la Casa de Austria. También es singular la presencia de barba en el rostro del santo, tratada de un modo esquemático y simétrico, forma característica de finales del siglo XVI, etapa en la que se puede datar el busto. Debe corresponder a la misma mano que otros bustos de la serie, como el de la santa mártir.

San Jorge

San Gregorio

Aproximadamente mide 80 cm la imagen del Padre de la Iglesia que aparece bendiciendo y con los atributos tradicionales del santo Papa. Porta la tiara pontificia y una rica capa pluvial que aparece decorada con la representación de diversos santos. Se puede datar también en torno a 1600, mostrando su rostro una cierta sequedad compositiva en comparación con las otras piezas.

San Gregorio

Santa María Magdalena

La seguidora de Jesús aparece representada con su iconografía tradicional de larga cabellera suelta, no cubierta, elemento propio de las mujeres que no estaban casadas que luego adquirió otras connotaciones en la figura de la santa. Una larga cabellera pelirroja, dividida de forma simétrica en la frente, para una imagen de viva policromía que ha perdido los dos brazos originales, en los que podría el frasco de perfume como elemento iconográfico habitual. Un busto también datable en torno a 1600 en el que destaca también la original decoración pictórica de la túnica de la santa, con original hojarasca en rico verde.

Santa María Magdalena

Santa mártir

La única pieza no identificada del conjunto corresponde a una santa mártir que aparece sin la talla de sus manos. Muestra una herida sangrante en el cuello, la única alusión a su posible martirio. Corresponde a una joven de rostro despejado, de facciones simétricas, con cabellera rubia ondulada que se muestra recogida. Tiene gran interés su rica túnica estofada con motivos florales, con magas que se ajustan al cuerpo mediante cintas, posible reflejo de alguna prenda de la época en que se realizó la talla. En su pecho, al igual que en otras tallas,  se abre el hueco ovalado para albergar la correspondiente reliquia, con marco dorado de diseño manierista (a base de “ces”).

Diez relicarios de notable valor artístico que apenas son una muestra del amplio patrimonio artístico de la Universidad de Sevilla, ahora más al alcance del gran público a través de su visión en tres dimensiones.

Santa Mártir

(Fotos: Universidad de Sevilla)

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

Últimas noticias deManuel Jesús Roldán (Ver todo)