Carla Elena posa ante los valiosos bocetos de las piezas que han salido de su taller familiar a lo largo de la historia / JAVIER COMAS
Carla Elena posa ante los valiosos bocetos de las piezas que han salido de su taller familiar a lo largo de la historia / JAVIER COMAS

CIEN AÑOS DEL TALLER DE CARO

Los papeles centenarios de Elena Caro

Más de 1000 obras repartidas por toda España, cientos de personas han pasado por los bastidores donde se ha bordado parte de la historia de la Semana Santa. Los Sucesores de Caro guardan entre sus paredes los diseños de piezas únicas que hoy son todo un icono en la calle. Así celebran su centenario

Por  0:15 h.

En 2017 cumple 100 años. Aún notan la resaca de vivir uno de los años con más volumen de trabajo de las últimas décadas. De sus bastidores han salido algunas de las grandes obras bordadas de toda la historia de la Semana Santa. El taller de Sucesores de Caro está de celebración y Carla Elena Meléndez, su alma mater en este siglo, abre las puertas a toda una vida.

En el barrio de San Lorenzo, donde siempre estuvieron, continúa trabajando esta cuarta generación de artesanos de la ciudad. Cuando la calle Font de Anta se vuelve angosta, el timbre de un portal hace abrir el pomo de una puerta que guarda secretos inimaginables. Carla nos recibe. En el taller aún queda el aroma del esfuerzo, de un lugar que hace unos meses era un puro hervidero horas antes de la Semana Santa. Huele a madera vieja, pero también a perfume de mujer y a papel antiguo. Entre retales de telas que ahora son cobijo de devociones y diseños de obras originales que hoy son piezas de valor incalculable, Carla desgrana su pasado pero también su presente. Cien años no son nada si la salud no se conserva en plena forma. Así es la herencia más hermosa que un día sembrara doña Victoria Caro Márquez.

Boceto original del palio de los Panaderos donde se decidía el motivo central que decorase los paños / JAVIER COMAS

Boceto original del palio de los Panaderos donde se decidía el motivo central que decorase los paños / JAVIER COMAS

Los orígenes

El siglo XIX languidecía y el XX traía todo el esplendor del nuevo y rompedor estilo que acababa de llegar. Ojeda estaba revolucionando el concepto de la Semana Santa. Una vuelta de tuerca fundamental que daba paso a la creación de obras sorprendentes para el momento. El resurgir de nuevos talleres que aplicarían esas técnicas y diseños únicos comenzaban a plantar su semilla.

Estos cien años no se entenderían sin Victoria Caro. Ahí está su origen. La tía bisabuela de Carla Elena puso la llama de un fuego que no se apagaría hasta hoy. Aprendió con las Hermanas Antúnez, donde coincidió con Juan Manuel. En 1910 se independizó de ellas y se puso a bordar en su casa. Trabajos personales que le hicieron cobrar fuerza como artista individual. Ojeda fue uno de los que le encargarían sus trabajos.  Después, enseñaría a bordar en su casa a muchas aprendices; nacía por tanto el gran taller de Los Caro.

Dibujo original de las bambalinas de los Panaderos / JAVIER COMAS

Dibujo original de las bambalinas de los Panaderos / JAVIER COMAS

Carla apunta a 1917 como origen del taller. En aquella época las mujeres no podían hacer empresa en solitario. Entonces, su hermano José Caro, que trabajaba en una imprenta, se hizo cargo de la parte legal. «Ella lo convenció», comenta Elena.

Después llegó Esperanza Elena Caro, sobrina de Victoria. A los 11 años salió del colegio y aprendió a bordar con su tía. «Uno de los momentos claves de la historia del taller llegó con la muerte de José Caro», asegura Carla. El gestor del taller fallecía y era necesaria una figura masculina para seguir adelante. Ahí entra Manuel Elena Caro. «Por aquellos años estaba destinado como profesor en Huelva». Dejó su trabajo para hacerse cargo de esta difícil empresa: ser el gerente de uno de los talleres más punteros del bordado nacional, comenzaba así la época dorada del taller de Elena Caro.

Dibujo original del senatus de la Macarena / JAVIER COMAS

Dibujo original del senatus de la Macarena / JAVIER COMAS

Manuel si diseñaba, pero la verdadera maestra era doña Esperanza, «saltándose muy pronto incluso a su tía Victoria». Hasta el año 1985, cuando murió, todo lo que salía del taller pasaba por sus manos.

Otro suceso marcó la historia de la familia. En 1961 Fallece don Manuel. Un ataque al corazón se llevó joven al alma administrativa del taller, apenas superaba los cincuenta años. Era necesario de nuevo un hombre al frente de los trámites legales pero, sobre todo, una persona que también tuviera entre sus cualidades el diseño y el dibujo. Manuel Elena Martín era el elegido: su hijo. Apenas tenía 21 años y aún estaba estudiando su carrera. Lo dejó todo para seguir con este sueño que iniciara su tía abuela Victoria Caro. Carla habla emocionada de su padre: «Tenía que hacerse cargo de las cuentas, pero pocos conocen sus diseños de aquella época». Su tía Esperanza fue pieza clave en su aprendizaje.

Carla Elena muestra uno de los diseños originales del taller / JAVIER COMAS

Carla Elena muestra uno de los diseños originales del taller / JAVIER COMAS

Las grandes obras del taller

Si estos cien años se basaran en números, más de 1.000 piezas han salido de las manos de los cientos de personas que han pasado por sus bastidores. Más de la mitad de las provincias españolas cuentan con una obra con la firma de Caro. Alrededor de 30 hermandades del Rocío caminan a la aldea con un Simpecado bordado en el barrio sevillano de San Lorenzo, algunos con devoción incalculable.

Carla se esfuerza en destacar algunas de estas piezas salidas de las manos de su familia. «De la época de José y Victoria Caro me quedo con la saya de volantes de la Macarena. Es un mito para nosotros. También nos sentimos orgullosos de bordar las primeras piezas para San Roque o el singular palio de la Virgen de la Palma del Buen Fin».

Dibujo original de la saya de volantes de la Macarena / JAVIER COMAS

Dibujo original de la saya de volantes de la Macarena / JAVIER COMAS

Después, «la de Esperanza Elena Caro fue la de mayor esplendor del taller». Desde los años 50 hasta finales de los 60 «salieron piezas como el palio de los Estudiantes, los bordados de las Penas de San Vicente, el manto de coronación y los palios de la Macarena (el de los años 40 y el de 1964).Para nosotros, las dos mejores obras que han salido del taller».

A la pregunta del por qué a esa rotunda afirmación, Carla es tajante: «Resume todas las técnicas conocidas del bordado hasta la fecha. Es una de las obras más importantes del bordado. Mi tía se volvía loca con la Macarena». Cuenta que «se hizo en tan solo 9 meses, salió sin finalizar y se terminaron las toquillas después. Se hizo en tiempo record con turnos de 24 horas. Llegó a la Catedral para la coronación la última noche. Fue trasladado en la vaca de un taxi, le faltaba algo más de medio metro por cada lado» y así salió aquel 31 de mayo de 1964.

Diseño de un manto de camarín para la Virgen del Rosario de Montesión / JAVIER COMAS

Diseño de un manto de camarín para la Virgen del Rosario de Montesión / JAVIER COMAS

El tándem Elena Caro-Gómez Millán

Las décadas de los 50 y 60 fueron las más gloriosas del taller. El tándem formado por Esperanza Elena Caro e Ignacio Gómez Millán está considerado como uno de las grandes de la historia de la Semana Santa. Hermandades necesitadas de reformar su patrimonio tras la Guerra Civil, dos genios se dieron la mano para crear obras que quedaron para la eternidad. Carla apunta a las inquietudes de su tía: «Era muy curiosa. Ignacio Gómez Millán, diseñador de cabecera del taller, fue la clave de todo esto. Junto con Esperanza eran quienes decidían las técnicas y los bordados a aplicar. Entre los dos tenían muchas inquietudes». Apunta a un viaje al monasterio extremeño de Guadalupe como clave en todo esto. «De ahí se trajeron muchas de las técnicas antiguas de seda y milanés, entre otras muchas. Ese tipo de cosas que ya apenas se usaban y ellos recuperaron. Uno de los ejemplos más claros fue el palio de los Estudiantes: ahí está reflejado todo eso».

Dibujos originales del taller de Elena Caro / JAVIER COMAS

Dibujos originales del taller de Elena Caro / JAVIER COMAS

Todo ante los ojos de «cientos de personas que han pasado por el taller. Tenemos fotos arriba que ya no nos acordamos de quienes son. La primera que se conserva del taller es de 1924. Algunas mujeres no las reconocemos y difícil será hacerlo ya que no existe nadie vivo de aquella época».

Los talleres de bordados tienen entroncado en su ADN el espíritu familiar y así ha sido toda la vida en el más histórico que se conserva en Andalucía. «Aquí sobre todo han trabajado mujeres. Siempre ha sido como una familia. Antiguamente entraban muy jóvenes, muchas se iban para casarse. Echaban toda la vida aquí».

Boceto del estandarte del Rocío de Triana / JAVIER COMAS

Boceto del estandarte del Rocío de Triana / JAVIER COMAS

Los Simpecados del Rocío

El Rocío ha sido otro de los grandes avales de este centenario taller. Más de 30 simpecados han salido de las manos de las bordadoras que han trabajado para estas cuatro generaciones.

En Sevilla capital el 50% tiene la firma de Elena Caro: Triana, Sevilla-Sur y Sevilla; «de este último no hay documentación ninguna relacionada con el taller, pero se sabe que se hizo aquí».

«El último que ha salido ha sido el de la hermandad de Ceuta». Pero grandes piezas devocionales han marcado también la historia de estos cien años. Desde Dos Hermanas, pasando por Utrera, Sanlúcar la Mayor, Tocina y Tomares, hasta llegar a Pilas, el antiguo de Benacazón, Aznalcázar o Huelva.

Destacando uno de ellos, Pilas cuenta con una historia que pocos conocen. El verde reluciente de esta pieza parte de la misma tela del manto de la coronación de la Macarena. Es un retal sobrante del manto macareno. El actual es un pasado posterior, pero el color delata su origen. Un brillo que recuerda al arco de San Gil y así lo confirma este taller.

Dibujo original del senatus de la Macarena / JAVIER COMAS

Dibujo original del senatus de la Macarena / JAVIER COMAS

Los Domecq y Jerez

Cien años dan para mucho, también para anécdotas difíciles de olvidar. De padres a hijos se ha heredado una de las más recordadas en el clan de los Elena Caro. «Siempre ha habido personas que eran como de la casa, me acordaré siempre de Juan Carrero, por ejemplo. En los años 40 hubo mucho contacto con los Domecq de Jerez. Tanto para la Yedra como para ‘El Prendi’ se trabajó mucho, según quién viniera era para una u otra».

Carla cuenta que «llegaron a firmar un manto para una de las dos y veía que iba muy retrasado. Domecq estaba muy poco esperanzado a que aquello se finalizara. Entonces mi abuelo le dijo: ‘¿Cuánto te apuestas a que esto se termina? Él le respondió: ‘15.000 pesetas’ a que no. El manto se terminó. Cuando me abuelo lo llamó le dijo: ‘Acuérdate de la apuesta’». Pero Manuel le puso una condición a la hora de pagarla: «El dinero debía ser para las mujeres que habían trabajado, no para él». Días después «se presentó con las 15.000 pesetas en monedas. Un pico se repartió entre las más mayores y para las demás, el resto se tiró desde la azotea para abajo. Ellas mismas cogieron el dinero arrastradas por el suelo».

Carla Elena Meléndez muestra el diseño original de las bambalinas de los Estudiantes / JAVIER COMAS

Carla Elena Meléndez muestra el diseño original de las bambalinas de los Estudiantes / JAVIER COMAS

Otra anécdota con esta familia llegó con una boda. Uno de ellos, «de extrema confianza para el taller» pidió permiso para vestirse para una boda que tenía en Sevilla. «Salió de prepararse y apareció emperifollado. Me abuelo le dijo: ’¿Dónde es la boda? Mientras llega el tiempo tómate una copita conmigo’. Nunca fue a la boda. Eran las seis de la mañana y seguían tomando vinos».

Anécdotas que resumen el espíritu de este taller. Carla afirma sonriendo: «Hay mucha gente que dice que deberíamos de escribir un libro».

Restauración de la bambalina trasera de las Penas de San Vicente

Restauración de la bambalina trasera de las Penas de San Vicente

La «jugarreta» de Las Penas de San Vicente a Cayetano González

Por el taller han pasado multitud de piezas y muchas de ellas complicadas. La hermandad de las Penas de San Vicente ha sido una de las hermandades que ha apostado a lo largo de su historia de forma firme por la firma Caro.

Carla saca a la luz un relato con tres actores principales: el taller, la corporación del Lunes Santo y el diseñador Cayetano González.

Corría el año 1953. Elena Meléndez cuenta que «Cayetano ofrece un diseño a la hermandad para ejecutar un nuevo palio. González le dice que tiene una hermana que sabía bordar y ella sería la encargada de ejecutarlo. Se lo encargaron y lo pagaron». Lo que sucedería después quedaría en la memoria del taller y es que a Cayetano le hicieron una «jugarreta», puntualiza Carla entre sonrisas.

Llegó la hora de la entrega  y «aquello era un desastre en todos los sentidos. La hermandad le dijo para compensarlo que le hiciera un diseño nuevo para el paso. Como no se fiaban de él la cofradía le dijo que lo tendría que dibujar en el propio taller de Elena Caro. Se le puso una habitación y se puso a diseñar el paso completo».

Todo ello hasta el día de hoy. «Han sido fieles al diseñador y al taller desde que se empezó hasta las restauraciones de hoy en día».

José Moreno, Carla Elena y Práxedes Sánchez junto a la túnica / R. RUZ

Pasado, presente y futuro

Carla anuncia «la buena salud del taller. El año pasado fue la prueba de fuego». 2017 ha regalado a la ciudad la recuperación de la túnica del Señor de la Salud de los Gitanos, el nuevo brillo del palio de la Esperanza Macarena o el manto de la Virgen de la Caridad del Baratillo. Trabajos terminados que se unen a los nuevos proyectos que están por llegar.

«Queremos vivir un periodo de descanso pero en poco tiempo volveremos a funcionar a pleno rendimiento», asegura Carla. Mientras abre los recuerdos enrollados en papel antiguo divaga en la nostalgia del pasado de un taller más vivo que nunca. «Queremos ordenar todos estos diseños originales y terminar de catalogarlos. Mira, este es un bloque de dibujos que hoy son piezas fundamentales en el bordado de la Macarena: la saya de volantes, el senatus, el palio de maya…», todo ello mientras muestras las cajas llenas de papeles enrollados.

Otras hermandades tienen aquí el proyecto de lo que hoy es todo un símbolo de su cofradía y de la Semana Santa en general. Carla muestra el palio del Buen Fin, un manto de camarín de la Virgen del Rosario de Montesión diseñado por Gómez Millán, el palio de los Estudiantes, las bambalinas de la Lanzada, el Simpecado del Rocío de Triana o una prueba de cómo pudieron ser los paños del reconocible palio de la Virgen de Regla de los Panaderos.

San Lorenzo guarda muchos tesoros y este taller es uno de ellos. Parte de la historia de la Semana Santa y de la ciudad pasan por aquí, por las manos de cientos de personas que dieron su vida por levantar este símbolo de la ciudad y sus cofradías. Cien años escribiendo el pasado para que nunca falte en el futuro el bordado en Sevilla, un arte único en el mundo donde Caro Victoria Caro sigue mirando desde el Olimpo de los dioses.

El palio de la Macarena restaurado / M. J. RODRÍGUEZ RECHI

Javier Comas

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