Nazarenos de la Esperanza de Triana, tras sufrir una de las estampidas de la Madrugada en Rioja / JAVIER COMAS
Nazarenos de la Esperanza de Triana, tras sufrir una de las estampidas de la Madrugada en Rioja / JAVIER COMAS

MADRUGADA 2017

Los testimonios de la Madrugada 2017

Los testimonios de nazarenos, costaleros, capataces, músicos y miembros de junta que vivieron de primera mano los sucesos de la Madrugada más trágica que se recuerda

Por  0:58 h.

Una de las características destacables de los sucesos de la Madrugada de 2017 es la diversidad de testimonios existentes. La gran mayoría de los que estaban en la calle o acompañando a sus cofradías lo vivieron de algún u otro modo en primera persona. Desde mayores hasta niños, desde anónimos hasta personas con responsabilidad en los cortejos. Pánico, miedo, tristeza o rabia son las palabras más usadas por todas ellas. Desde capataces hasta miembros de juntas pasando por músicos, nazarenos rasos, costaleros o diputados mayores de gobierno; todos y cada uno han sufrido una de las noches más negras que se recuerdan en Sevilla y su Semana Santa. Los testimonios dan fuerza a lo que se vivió ente las 4 y 6 de la mañana del Viernes Santo. El lado más humano de la triste y penosa Madrugada.

«Decidimos terminar lo más rápido posible nuestra estación de penitencia»

Eduardo Rodríguez, diputado mayor de gobierno del Silencio

Eduardo Rodríguez, diputado mayor de gobierno del Silencio

Eduardo Rodríguez es el diputado mayor de gobierno de El Silencio. La hermandad guardó la compostura gracias al protocolo de actuación que los diputados preparan tras los sucesos de 2015. Cuenta que sintió «una enorme tristeza. Es coartar la libertad de poder llevar a cabo la estación de penitencia con tus titulares. No molesta a nadie ni daña a nadie. Sentí pena por cohibir al público, que esa noche era familiar y que querían realmente ver la cofradía». Y es que «pensaba que era algo erradicado pero está claro que está ahí dormido en nuestra sociedad». En ese momento estaba en la cabecera de la cofradía «controlando el cruce con la Macarena. Cuando me enteré de lo que sucedió pedí información a los policías y estuvieron en todo momento asumiendo el control de la situación. Incluso en el segundo rebrote de las carreras nos ratificaron que podían pasar de nuevo y que nos preparásemos. Tomamos la determinación de preservar nuestro cuerpo de nazarenos y terminar lo más rápido posible nuestra estación de penitencia. Note el pánico, el de algo que se aproxima y no sabes exactamente lo que es. Es respetable que haya personas que salgan corriendo, es humano».

«Lo primero que me salió del alma es ir a buscar a los monaguillos»

Manuel Villanueva, capataz del Gran Poder

Manuel Villanueva, capataz del Gran Poder

Manuel Villanueva es el capataz del Gran Poder. Su experiencia sirvió para mantener la calma propia y de los que le rodeaban. Las dos grandes avalanchas que vivió la cofradía de San Lorenzo se produjeron en la plaza del Triunfo y en el Postigo junto al Señor. Asegura que «miedo no pase porque ya tengo una edad. Si es verdad que hay un momento que lo pasas mal. Nunca perdí el sentido de la responsabilidad». Recuerda las estampidas: «La primera fue en la plaza del Triunfo, aquello es muy grande y había escapatoria por muchos sitios. Allí me dediqué a que los costaleros no se saliesen del paso y decirles que ‘no pasa nada’, respondieron todos a mis órdenes. La bulla importante que vi venir fue la del Postigo que venía desde la calle Dos de Mayo hacia nosotros. Lo primero que me salió del alma es ir a buscar a los monaguillos, vi corriendo a las criaturas despavoridas; es lo que se ve en las imágenes. Se me quedó en la retina grabado. Menos mal que mi hijo iba con en el Señor y pude salir corriendo junto a Miguel y a los que estábamos por allí a auxiliarlos».

«Mi hija de ocho años me dijo: ‘No salgo más de noche en la Macarena’»

Alicia Flores, nazarena de la Macarena

Alicia Flores, nazarena de la Macarena

Alicia Flores salía de nazarena en el primer tramo de la Macarena. Al cargo de sus dos hijas (8 y 9) y su sobrina (9), era la primera Madrugada completa de la pequeña. En Carrera Oficial controlaba a cuatro niños más. Narra que «al final de la Avenida, tras el palio del Gran Poder, oímos un ruido terrible, una avalancha venía a nosotros. Antes de salir les di indicaciones por si la gente corriera: ‘Os quitáis el antifaz para veros, nos pegamos a la pared y no corremos”. Las cumplieron a la perfección. Tuve suerte». Más tarde, «las tapamos mientras se acercaba una avalancha. El público saltó de las sillas y algunos nazarenos las vallas. Luego entramos en la Catedral, tenían claro que había que pasar por el Santísimo. Al salir, otra. Entraron en pánico y las lleve a calles sin público. Han tardado en superarlo. Su pavor de vuelta no lo olvidaré. La pequeña no se despegó de mí en dos días y hasta ayer no ha querido ni hablarlo. Antes de todo, decía: ‘Mamá lo he conseguido. ¿Lo estoy haciendo bien? No estoy cansada’. 30 minutos después: ‘No salgo más de noche en la Macarena’. No hay derecho a que este sea su primer recuerdo de estación de penitencia». Ese es mi dolor.

«Sonaba como si una manada de bisontes se acercara desde la delantera del paso»

Nacho Campos, costalero del palio del Calvario

Nacho Campos, costalero del palio del Calvario

Nacho Campos es costalero de la Virgen de la Presentación del Calvario, vivió todo debajo del paso. Recuerda «estar andando sobre las 4:20h, cuando sonó un gran estruendo; como si una manada de bisontes se acercara desde la delantera del paso y se diluyera a medida que pasaba. Nos mandaron arriar el paso y nos tranquilizaron desde fuera diciendo que solo eran carreras. Lo que en mi caso provocó que en las siguientes solo estuviera intranquilo, pero sin la taquicardia de la primera». El valor de este testimonio está en el miedo sin poder ver nada: «No vi nada al estar fijando el costero en quinta, aunque oí como uno de los contraguías fue zarandeado por la multitud. Las tres grandes estampidas las sufrimos en el mismo sitio, durante el parón de la Macarena, incluso antes de O’Donell diría yo». Recuerda que «después hubo otro amago en el relevo de la Punta del Diamante que terminó entre aplausos, así como varías más en la vuelta». Oír y pasar miedo sin ver: «Dentro del palio oíamos aplausos, algo inconcebible bajo Presentación».

«Nada más que escuchas ese ruido empezamos a tocar y a calmar a la gente»

Julio Vera, director de las Tres Caídas

Julio Vera, director de las Tres Caídas

Julio Vera es el director de la Banda de las Tres Caídas. La Esperanza de Triana fue la más afectada. Ante las avalanchas, los tambores sirvieron para tranquilizar a un público en estado de pánico. Cuenta que «la noche empezó un poco tensa, en el ambiente se respiraba algo. Nos cogió bajando el puente». La banda tiene una norma: «Los compañeros que vamos conectados, nos avisamos. La premisa es clara: ’si hay lo más mínimo, a tocar’, es lo que aplaca a todos. Vivió el suceso con el detenido senegalés. «Recién entrado el paso en Reyes Católicos, empezó a gritar ‘Alá es grande’, la gente se asustó. Fue un auxiliar nuestro, le dio dos ‘tragantás’ y lo sacó para que lo cogiera la policía». El misterio continuaba y a los cinco minutos vino la primera estampida en San Pablo. «Fue terrorífica. Nada más que escuchas ese ruido, que además es característico, empezamos a tocar y a calmar a la gente. Fue en tres o cuatro ocasiones». Y es que «Sevilla tiene que empezar a convivir con esto, A no salir corriendo. Cuando no se mueva nadie, esto se acabará». El amanecer traía la calma, «pero es cierto que la tensión la tienes hasta que sales de la Catedral y dices ‘ya vamos para Triana’».

«Costaleros y hermanos de paisano ayudaron al servicio médico que atendían a muchas crisis de ansiedad»

Carlos de Paz, teniente de los Gitanos

Carlos de Paz, teniente de los Gitanos

Carlos de Paz es el teniente de Los Gitanos. Presidía el Señor de la Salud. Cuando el paso estaba en Doña María Coronel llegando a Dueñas, «oigo jaleo y veo que vienen nazarenos y público corriendo, me adelanto y en el Palacio veo una fila de nazarenos rota y público desconcertado. Gracias a diputados y policías recompusimos la situación. En ese momento desconozco el alcance. Pregunto a un policía, me dice que ’ha sido un susto y no pasa nada’; pero, tras el saludo al Palacio me llegan noticias de que desde la Agrupación Infantil hasta los primeros tramos han sufrido una avalancha y que se han repetido en varios puntos de la ciudad. Fueron los peores instantes. Me pongo en contacto con la Virgen y poco después, cuando el Señor llegaba a Santa Ángela, un nuevo conato; restos de la segunda que nuestra cruz sufre en Laraña. Sin noticias, decido ir a la cruz y en el camino me encuentro a diputados recomponiendo tramos, costaleros y hermanos de paisano ayudando al servicio médico que atendían muchas crisis de ansiedad. Al alcanzar la cruz en Orfila, y veo que todo está bien, vuelvo a mi sitio orgulloso de mis hermanos y con impotencia ante el sufrimiento causado por unos desalmados».

Javier Comas

Javier Comas

Javier Comas

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