Macarenear

Por  9:47 h.

Como cada soldado de Napoleón llevaba en su mochila el bastón de mariscal, cada sevillano tiene guardada en su ingenio una página genial para que se añada al diccionario con el relámpago de una palabra nueva, con el hallazgo de una comparación popular, con una voz de su invención que meta en tres o cuatro sílabas todo un mundo, como la vida entera cabe en los versos de una soleá.

Un capataz del Arrabal y Guarda inventó un día el verbo «trianear», que es cruzar el puente y venir desde la otra orilla derramando arte y gracia con un palio o un paso de Cristo, para recordarle a esta banda de la ciudad heraclea que por algo tiene por santas patronas a dos alfareras que hacían loza fina y que se echaron de novio a Cristo como quien le habla a un mocito cartujano pintor de loza. Trianean los capataces y costaleros, como Manolo Bejarano, que al igual que los padres enseñan a andar a sus hijos, le enseñó a andar, con su inconfundible paso racheado, nada menos que al mismísimo Hijo de Dios, vecino de San Lorenzo. Trianean los cantaores del Zurraque y de la Cava con las viejas soleares de sirga y fragua. Trianea el Rocío, con la hermandad del Arrabal cantada en las coplas imborrables de los Hermanos Reyes desde una Castilleja que también trianea lo suyo en lo alto de su Cuesta. Trianean los alfares, trianean los recuerdos del muelle, trianean los pavías de la calle San Jacinto, trianean los vapores que iban a Sanlúcar con sus lentas ruedas de paletas a babor y estribor y que disfrazaban al Guadalquivir de Mississippi.

Pero hoy, que es 18 de diciembre; hoy, que junto al Arco ha bajado las alfombradas escaleras de su trono la Divina Gioconda y ha puesto allí, tan reinona, su Corte de incienso, merino y terciopelo verde para que todos los que la proclamamos Verdadera Madre de Dios vayamos a rendirle la pleitesía de un beso en las más perfectas manos de las más Hermosa Mujer… Hoy, que los viejos armaos salen de la memoria de antiguas madrugadas de pañuelos blancos por una saeta de Manuel Torre y se ponen sus galas de casamiento para entrar en la basílica al rindan armas de la emoción, tras echar un cigarrito en la charlita del atrio… Hoy, que los espejos de las tabernas de la calle Anchalaferia saben que en la verdad de la basílica se puede contemplar el auténtico rostro de la misma Esperanza que desde un viejo cuadro preside todas las cuarteladas de la Plaza… Hoy, que es día de badila y de alhucema, de niebla mañanera y de vaho de bufandas que compite con el humo de los calentitos del puesto de Alfonso en la calle Andueza…

Hoy, que es Esperanza pura de Sevilla a los dos lados del puente, caigo en la cuenta de que Triana trianea con la Virgen como salida de un besamanos de los años 50, cuando Alfonso Jaramillo ganaba el concurso de «La melodía misteriosa» en «Cabalgata fin de semana» y traía a Bobby Deglané para que le regalara a La Que Estaba en San Jacinto, tal como hoy en Santa Ana, esta rosa de plata que en la mano lleva, bajo estas lámparas de Muranos celestiales, ante estas macetas de helechos tan de Corral del Cura, tan de casa de vecinos de la Cerca Hermosa. Pero si Triana trianea, hoy, que es día de la Esperanza, Sevilla no sevillanea. Sevilla, cuando quiere alcanzar la perfección, se mira en la cara de la Madre de Dios y hace como hoy: macarenea.

Un día me pregunté y me respondí a mí mismo:

¿Que qué es trianear?
Pues que un Cristo, hasta sentao,
ande sobrao de compás.

Hoy, que es día de la Esperanza, me pregunto: ¿Qué es macarenear? Y me responden los merlones de la muralla. Y me responde el tintineo de las mariquillas. Y me responde el Spes latino de la estampa del almanaque que cada año me manda Juan José Morillas. Y me responde una coronación de grandezas con una marcha de Gámez Laserna. Y me responde la saeta de La Marta. Y me responde la centuriana espada desnuda del Pelao. Y me responde la vara de hermano mayor de José Luis Pablo-Romero. Y me responden las campanitas del tintinábulo. Y me responde, rufando, el tambor de Hidalgo. Y me responden los ojos de estatua romana, ojos de llorar ante el Gran Poder, de los armaos:

¿Qué es macarenear?
¡Ver la cara a la Esperanza
y jartarse de llorar!