Madrugada 2017: el relato en primera persona de la Banda de las Tres Caídas

La formación musical tiene como norma tocar cuando se empieza a escuchar ruido, «aunque el paso este parado»

Por  14:21 h.

Música para amansar a las fieras. Nunca una frase hecha cobró tanto significado en la noche más terrorífica que se recuerda en la Semana Santa de Sevilla desde el año 2000. Los tambores de la banda de Tres Caídas sirvieron para tranquilizar a un público angustiado y tenso que vivía situaciones de pánico.

Más de seis sucesos, entre estampidas y amagos vivieron los nazarenos y músicos de la Esperanza de Triana desde el puente hasta su llegada a la calle Rioja. El director de la formación musical, Julio Vera, cuenta lo que sucedió en primera persona. Momentos de angustia que sirvieron para demostrar la entereza de una banda única y con casi cuatro décadas de experiencia.

«Tenemos hecho un máster en esto», relata Vera. Asegura que «la noche empezaba un poco tensa, en el ambiente se respiraba algo». Sabe desde el año 2000 como suceden y como se producen. La experiencia es un grado y así lo cuenta. Más tarde, todo sucedería: «cuando empezó después toda la historia nos cogió bajando del puente, al principio de Reyes Católicos».

«Antes de que pase nada, los compañeros que vamos conectados con los ‘walkies’ nos avisamos entre nosotros. La premisa es clara: ’si hay lo más mínimo, lo primero que tenemos que hacer es empezar a tocar’, que eso es lo que aplaca a todo el mundo. Pasa cualquier cosa y se viene todo el mundo abajo. Pierde ese miedo». Y así sucedió en numerosas ocasiones hasta llegar a Tetuán. El que lo cuenta lo vivió en sus carnes. El ambiente se cortaba con un cuchillo y las apenas 40 personas de público que quedaron ante el Señor, desde el tramo que va desde el Santo Ángel hasta Tetuán, no articulaban el más mínimo ruido. Todo era puro pavor.

Vera vivió en primera persona el suceso con el detenido de nacionalidad senegalesa. «Tuvimos la primera historia con el senegalés este». Recién entrado el paso de misterio en Reyes Católicos, en el lado derecho si se mira al casco histórico, cuando empezó a gritar las consignas ‘Alá es grande’, «la gente se asustó mucho y se echó para el lado. Entonces fue un auxiliar nuestro para él, le metió dos ‘tragantás’ y lo sacó para que lo cogiera la policía».

El misterio continuaba su camino y, a los cinco minutos vino la primera estampida entrando en la calle San Pablo. «Fue terrorífica. Nada más que escuchas ese ruido, que además es característico, empezamos a tocar y a calmar a la gente. Eso fue en tres o cuatro ocasiones». El periodista José Antonio Rodríguez, costalero del misterio, asegura «la Banda dio un concierto en cada estampida con el paso parado. No dejaron de tocar».

Y es que Vera es claro: «Hay que tener sentido común, serenidad, aplacar a la gente porque no pasa nada y así se ha demostrado. Sevilla tiene que empezar a convivir con esto, A no salir corriendo. En el momento que no se mueva nadie, esto se acabará Hay que concienciar a Sevilla de que no va a pasar nada. Tenemos tantas experiencias desagradables en este sentido que es automático: si escuchas lo más mínimo, los tambores a tocar y se viene todo el mundo abajo. Le damos normalidad a la estación de penitencia».

Tras lo sucedido todo queda en la memoria. «Te cuesta trabajo porque ya tienes la tensión de no saber si esto se va a volver a repetir o no. Desgraciadamente en el 2000 nos cogió en Sierpes. Hay que ponerle un poquito de profesionalidad en el asunto, a cumplir con lo nuestro; que es nuestra estación de penitencia, nuestras marchas y lo que tenemos preparado. Es un año entero ensayando para este momento y no se lo puede cargar siete ni diez niñatos».

El amanecer traería la normalidad, «pero sí que es cierto que la tensión la tienes hasta que sales de la Catedral y dices ‘ya vamos para Triana’ y es de día».

Javier Comas

Javier Comas

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