Máster en meteorología cofradiera

Por  15:49 h.

ImageUn Sábado Santo a tono con esta Semana Santa. No salieron ni la Trinidad ni el Santo Entierro y la jornada estuvo marcada por la incertidumbre y el tiempo desapacible. Mientras llegaba la hora de la salida de la Trinidad el ambiente en el centro era más parecido a cualquier gris sábado otoñal que a un Sábado Santo. Poca gente y escasas señales de Semana Santa.

Algún grupo de jóvenes programa en mano, costaleros camino de San Marcos o corbatas negras. Los atuendos primaverales que los más osados se habían empeñado en mantener a costa de pescar descomunales catarros estaban guardados, había desánimo y el protagonista de las conversaciones, cómo no, era el tiempo. «Porcentajes», «nubes bajas», «gota fría» o «embolsamiento» han sido y eran ayer expresiones tan habituales como «chicotá», «marcha», o «saeta».

El momento más llamativo del día se vivió minutos antes de las cuatro de la tarde al coincidir dos decisiones contradictorias. Los Servitas optaba por hacer estación de penitencia y la Trinidad resolvía suspenderla. Esto dio pie a todo tipo de comentarios, siendo el más común -pesaba todo lo vivido- el que se tachaba de arriesgada la postura tomada en San Marcos. La cofradía salió y discurrió sosegadamente y el escaso público hizo que no fuese complicado apostarse ante la puerta de las Hermanas de la Cruz para vivir un maravilloso momento.
Los sones de Amarguras llevaron el primer paso ante las monjas, que rezaron el credo antes de que el Cristo de la Providencia y la Virgen de los Dolores se fueran calle arriba. Las puertas del convento se volvieron a abrir a la llegada del palio y se escuchó «Virgen de los Dolores, Madre del Redentor…» cántico que salía de las bien afinadas voces. Los Servitas continuó con compostura su camino hacia la Campana, adonde llegó a la hora fijada. En ese momento faltaba más de hora y cuarto para la salida del Santo Entierro y ya había gente esperando en la calle Alfonso XII.
La tarde seguía fea, pero no había caído ni una gota desde las tres y nada hacía pensar que la historia de las dos primeras cofradías se iba a repetir. San Lorenzo seguía cerrada a las siete menos diez, hora de la salida. Lo mismo pasaba en San Gregorio a las siete.
Aunque oficialmente no trascendía, la peculiar organización de la procesión del Santo Entierro (entre el convento, el Centro de Estudios Hispanoamericanos y San Antonio Abad) propició que se extendiera el rumor de que se suspendía la salida, algo que se confirmó a las siete y veinte. Poco después, la Soledad decidía salir.
Mientras, los Servitas apuraba su paso por carrera oficial adelantando tiempo y se dirigía con prisa hasta su capilla de los Dolores, donde se recogió con casi media hora de adelanto.
También cumplió su estación de penitencia la Soledad con celeridad, como lo demuestra que fuera recuperando tiempo por cada lugar de la Carrera Oficial donde debía cumplimentar la toma de horas.
Y así se fue un Sábado Santo en el que fue imposible vivir a gusto. Incluso con cofradías en la calle. Igual que en toda la esta Semana Santa que difícilmente podrá ser olvidada.