CRÓNICA

Montesión borda un via crucis bello y medido, que necesita un cambio

El acto piadoso en la Catedral sigue adoleciendo de falta de público, que sí acompañó en muchos puntos del recorrido de ida y de vuelta

Por  0:37 h.

Apenas pasaban las cinco de la tarde cuando las puertas de la capilla del Rosario se abrían de par en par y salía un cortejo con una afluencia de hermanos digna de elogio. Todo estaba medido al detalle, desde el color morado de la cera hasta las pinturas de los escudos que llevaban los hermanos mayores del Jueves Santo en sus cirios, realizadas por Antonio Comas.

Con gran rapidez salió el medio millar de hermanos que escoltaban al Señor, que iba imponente, elevado a una altura perfecta, vestido con una hermosísima túnica bordada en oro que refulgía a la luz del sol y sobre un impresionante monte de flores con distintas tonalidades de burdeos. Una saeta en la plaza de los Carros y otra en la estrechez de Feria. Un silencio de respeto, emoción y rictus serio en las caras de quienes llevaban soñando con este momento desde hacía años.

Allí estaban todos. El hermano número uno, Julio Paneque, con su cirio junto al estandarte; los exhermanos mayores formando el último tramo y hasta María del Monte delante del paso como cada Jueves Santo. Lo que ayer vivió Montesión pasará a la historia de la corporación. Por eso ese mimo por los detalles, el protocolo de la fila y la hermosura de un cortejo que cambió la algarabía de la Semana Santa por el rigor y la piedad que el acto requería, sin las imposturas a veces características en estos via crucis.

Todo estaba preparado, calculado al milímetro y, sin embargo, elaborado con naturalidad. Por eso, nada podía achacársele a la hermandad, que superó con éxito todas las barreras de un acto que cada año adolece de las mismas patologías y que acaba desembocando en una participación algo escasa para la importancia del que sin duda es el acto central de la Cuaresma en Sevilla.

Salida del Señor de la Oración en el Huerto / J. M. SERRANO

De nuevo, ayer se puso de manifiesto que el Via Crucis de las Cofradías necesita una vuelta de tuerca. Porque, si bien el público no dejó ni un instante sólo al Señor, el cortejo sí se vio poco arropado en algunos puntos tanto a la ida como a la vuelta. Y, por supuesto, el acto en la Catedral, con media entrada y que ayer se presentó encendida, por lo que dejó ver los claros y restó recogimiento al rezo de las catorce estaciones.

El tiempo acompañó. El termómetro marcaba los 22 grados a eso de las seis y media de la tarde, cuando el Señor de la Oración en el Huerto pasaba por la plaza de la Alfalfa. Acompañaba también la talla, mucho más que otros años, porque esta imagen sí tiene esa unción sagrada de la que tanto hablan los historiadores del arte y que es, además, referente devocional de la calle Feria. El problema, ajeno a la hermandad de Montesión y a las que le precedieron en los últimos años, está en el día, laborable, y en la proliferación de este tipo de actos (hasta 37 hermandades lo celebran en Sevilla). Ese era ayer el tema de conversación entre los cofrades.

Pese a todo, el camino a la Catedral fue de gran belleza. La luz del cielo, a veces despejado, a veces cubierto, ofrecía una gama de colores distinta en cada calle. La salida de la capilla, pese a la temprana hora en un día laborable, estuvo muy concurrida. El problema llegó al pasar el cruce de Castellar. Poco público arropando al cortejo, que sí llevaba alrededor el Señor. Llegaba uno de los momentos más emotivos en el convento de las Hermanas de la Cruz y salía el Señor Orante en dirección a la plaza del Cristo de Burgos. Las calles se iban llenando. En la Alfalfa, un cielo oscuro del atardecer y una bulla en Alcaicería. En la Cuesta del Rosario, poco público, que sí estuvo en el Salvador. Y en Hernando Colón, se hizo de noche.

Llegaba el cortejo a la Catedral con adelanto, y el ritmo de paso amainó. Con el añil del cielo, apareció el Señor de Montesión ante la Puerta del Perdón de la Catedral. La calle Alemanes estaba repleta de público, todos con el móvil en alto para captar la foto con la entrada al Patio de los Naranjos y con el fondo dorado de la Giralda. Parecía Jueves Santo, pero con la luna en cuarto menguante.

En el tramo de Placentines, un relevo. Portan las andas agentes de la Policía Local y, a la vanguardia, el alcalde, Juan Espadas, y el delegado Juan Carlos Cabrera. Entraba en la Catedral a la hora prevista y comenzaba el acto, lo verdaderamente importante, y es allí donde escaseó la participación, como ocurre habitualmente. Ni la media hora de adelanto del acto, ni lo medido en tiempo del rezo de las catorce estaciones, no es ese el problema.

Una vez concluido el via crucis en las naves semivacías del templo metropolitano, el arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo ofreció una reflexión sobre el pasaje del Huerto de los Olivos y felicitó a la hermandad de Montesión y al Consejo por la organización de este «hermoso via crucis, aunque sea lunes. Yo pienso que ha salido muy bien a pesar de ello», concluyó.

Entrada

El Señor de la Oración entró a las 23:57 horas, una media hora más tarde del horario previsto. Si bien en la salida de la Catedral hubo bastante público, cercana ya la entrada apenas había una fila de personas contemplando su paso.

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla