Alabastro, nardo, nácar

Por  7:33 h.

En la sala de radiografías del IAPH y ante la multitud de periodistas una trabajadora del centro aseguraba que ni la presentación de un Velázquez habría congregado a tan numerosa concurrencia. “¿Es hoy Domingo de Ramos?” -se pregunta públicamente la Consejera de Cultura ante el rostro de satisfacción del Director del Centro Román Fernández Vacas y del director de intervención Lorenzo Pérez del Campo. Obviamente no lo era pero la cita estaba revestida de una extraordinaria expectación ante el anuncio de que se iban a conocer datos en torno a la autoría de la Virgen. Allí estaba la Estrella vestida con la misma capota blanca que la ha cubierto en sus días de hospital. A sus pies había flores, detalle significativo en unas instalaciones en las que, administrativamente, las imágenes que entran son bienes muebles. Ayer no.

Ayer pudo ser uno de los días que quedarán marcados en la historia del Instituto porque además de culminar un trabajo modélico de restauración se ofrecieron datos que mandaban a los anaqueles de la leyenda la histórica atribución de la Estrella a Montañés. Es curioso. Las dos imágenes de esta cofradía entraron en el IAPH con un DNI y salieron con otro. El Cristo de las Penas llegó creyéndose que era de Roldán y se descubrió el pergamino de José de Arce; y a la Virgen, tras el trabajo de dos estupendas historiadoras, Eva Villanueva y Carmen García Rosell le han constatado una paternidad más cierta, la del matrimonio Roldana-de los Arcos, e incluso una edad más aproximada. Sin embargo si esto es importante, la salud de la Estrella es lo más trascendente. La Virgen vuelve sana, sin los daños interiores, y la Virgen vuelve hermosa, más de nácar, con el leve brillo de una lozanía recuperada en el alabastro de su rostro y con sus míticas manos dispuestas a aguantar otros siglos de besos. Maite Real, su excepcional médica de cabecera reconoce que la Estrella se ha portado bien. Cuando termina la presentación, el fotógrafo del centro Eugenio Fernández sigue con la cámara en mano. Él fue el que captó a la Dama del Aba en aquella instantánea que ya ha pasado a la historia.

Tras el viaje de vuelta de anoche, especialmente emotivo, este miércoles regresa a su cita diaria con los devotos tras cuatro meses y medio de hospital. Aunque esta mañana la miren con ojos más húmedos que de costumbre Ella va a lo suyo: a extender las manos que hoy pedirán para paliar las penas de Haití y a escuchar los piropos de su gente. Puede que más que nunca hoy haya que recitarle el primer verso de aquel soneto de Juan Sierra que se pregunta quién aromó de nardo su belleza. La Estrella ha encontrado, en el nombre de La Roldana, la respuesta.

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