Natasha

Por  12:18 h.

ImageSus padres se abrazaban mientras seguían en la televisión las confusas noticias sobre el accidente.

Había ocurrido a varios cientos de kilómetros de su casa, en una planta nuclear de la que ni siquiera habían escuchado hablar, y que llevaba el nombre de Lenin. Hidrógeno. Reactor. Núcleo. Explosión. Nube radioactiva. Muertos. Evacuación.

Les martilleaban las conciencias las palabras que enfatizaba el presentador del avance informativo sobre un mapa de la región en el que dos puntos rojos localizaban la tragedia: Kiev y Chernobil. Tendrían que huir. Abandonarlo todo, si querían sobrevivir, si pretendían seguir adelante con el sueño de construir una familia. Su primera hija se llamaría Natasha, tenían decidido. Pável, si era niño.

Nació tres años después. Y cuando cumplió nueve, la vieron embarcarse en un avión rumbo al Mediterráneo. Tampoco habían oído hablar de la ciudad a la que se dirigía la expedición: Sevilla. Les costaba pronunciar su nombre, pero era lo de menos. Tardaría un mes en regresar a su casa, y volvería, decían los responsables del programa de acogida, con un cargamento de vida en la mochila. El sol, el aire limpio, el agua pura, la fruta fresca, y el cariño latino y pegajoso de una familia extraña se encargarían de ello.
La convivencia fue difícil en los primeros días. Natasha se mostraba arisca, como correspondía a su carácter eslavo, y su familia sevillana exageraba en las atenciones y en los mimos a los que la frágil niña de piel nívea y pelo dorado no estaba acostumbrada. A lo largo de nueve veranos, se ha ido haciendo más latina. Tanto que ha conocido el amor adolescente de un muchacho de nombre y acento andaluces. Se ha hecho una mujer, y ha sentido a la orilla del mar el escalofrío que produce un beso apasionado.
Hoy se marcha para siempre. El próximo verano será mayor de edad, y por tanto, un riesgo potencial para un estado que pondrá todos los impedimentos para concederle un pasaporte. En la terminal, la que ha sido su madre sevillana durante nueve veranos, llora de rabia y se jura que luchará porque vuelva a donde ha sido tan feliz.