No está solo

Por  9:23 h.

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Al margen de esperar como cada año la tumbilla, al respetable también le gusta mirar y comentar a media voz mientras se fija detalladamente en cada uno de los integrantes de esta procesión del 15 de agosto en una práctica que resucita cada año el pueblo que Sevilla lleva dentro.

Se mira al Alcalde, que ayer se le veía más relajado y muy saludón; se observa al Cardenal que cada año parece más grande; se escruta a todo el mundo… Pero si ayer hubo un cortejo que fue objeto de las miradas más densas de la mañana ese fue el que integran los miembros del Consejo de Cofradías y no ya por el ya habitual color tiniebla intensa que lucen en los rostros los próceres cofradieros, algunos de los cuales merecería estar un mes en el taller de los Cruz Solís para que se le rescate su policromía original.

Se miraba y se remiraba porque la cabecera de la institución estaba coja. Faltaba uno. Faltaba el dimitido vicepresidente Eduardo del Rey que ha visto este alba del 15 de agosto en un pueblo de la plácida Toscana italiana. “Mira, ya no está ese niño alto de las gafas que dicen que se ha ido…” Si la cara es el espejo del alma, esta foto es por el contrario un reflejo incorrecto de la institución. Aunque falte gente, aunque ahora se desate toda clase de especulaciones, el Consejo gracias a su fortaleza no parece que vaya a sufrir la merma de uno de sus miembros.

Cuando faltan las personas quedan las instituciones. La maquinaria está bien engrasada y el presidente tiene en la casa personal suficientemente capacitado como para que no se note la ausencia. Por eso Manuel Román aparecía ayer, escoltado por su tesorero Julio Cuesta y por su consejero José María Cordón, así de solemne y seguro. Sabe que, a pesar de todo, no va a estar solo.