ENTREVISTA / MONSEÑOR JUAN JOSÉ ASENJO

«Un obispo no puede estar de espaldas a las hermandades, sería un suicidio»

El arzobispo inicia su décima Cuaresma en Sevilla, en el último tramo de su pontificado, y muestra su afecto por las cofradías pese a los obstáculos iniciales

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Monseñor Juan José Asenjo se siente relajado hablando de las hermandades en este inicio de la Cuaresma. Ya cercana su jubilación, muestra su aprecio por estas instituciones que, según dice, «gracias a ellas Sevilla está menos secularizada que el resto de la Península».

-¿Qué balance hace de esta década al frente de la Diócesis?

-Han sido años de intenso trabajo en el que he tratado de cumplir modestamente con mi deber en todos los flancos que impone la vida pastoral: la atención a las hermandades y cofradías, que es un flanco bien importante; la atención a las demás asociaciones y movimientos; el impulso del asociacionismo seglar; el servicio al Seminario, que es otro aspecto bien importante; el servicio al Centro de Estudios Teológicos y al Instituto Superior de Ciencias Religiosas; la atención a la vida consagrada y sin olvidar la Diaconía de la Caridad y el servicio a los pobres.

-Se le ve cada vez más a gusto con las cofradías y a los cofrades con usted…

-Desde el principio manifesté mi aprecio y afecto por este grupo tan importante en la vida diocesana. Cuando llegué se estimaba que yo era un absoluto ignorante de esta realidad cuando venía de Córdoba, donde había sido siete años y medio obispo de aquella diócesis, donde había tenido una relación excelente con las hermandades. Hubo algún obstáculo muy al principio, pero después ha brillado la verdad de mi aprecio por la religiosidad popular, puesto que lo contrario sería un verdadero suicidio. Un obispo responsable no puede ponerse ni enfrente ni de espaldas al mundo de las hermandades puesto que es un sector bien apreciable en la vida diocesana. Y, desde luego, para muchísimos católicos sevillanos, es un camino de vida cristiana y de encuentro con el Señor. Por eso yo aprecio el mundo de las hermandades y por eso estimo que gracias a ellas, Andalucía y Sevilla están menos secularizadas que el resto de la Península.

-Ha comentado usted en varias ocasiones que en Sevilla se ha encontrado con un laicado muy preparado. ¿Cuál es la fuente de la que beben y qué diferencias hay con otras zonas de España?

-Las hermandades han sido escuelas de vida cristiana, de formación y talleres de santidad, como decía Benedicto XVI. Estoy seguro que para muchos cristianos sevillanos, las hermandades han sido el vehículo a través del cual se han formado. No podemos estar nunca satisfechos, pero yo creo que aquí la media de los cristianos sevillanos está mejor formado que en otras latitudes geográficas.

-¿Cree que el peso de las hermandades en la diócesis pueda restarle protagonismo a otras realidades de la Iglesia?

-Bueno, ahí está el dinamismo de las otras realidades, que tienen que hacerse valer también y aparecer en la superficie de la vida diocesana. No creo que estén restando protagonismo. Cada uno tiene su papel y exhorto al resto de realidades a brillar también con el mismo entusiasmo con que lo hacen ante la opinión pública las hermandades.

La cruz pectoral de monseñor Asenjo / RAÚL DOBLADO

 

-¿Qué le parece la eterna discusión de horarios e itinerarios y la reforma de la Carrera Oficial?

-Yo en este tema prefiero no entrar porque no es de mi competencia. Tengo que intervenir cuando se ventilan cuestiones relativas a la doctrina de la fe. Éstas son cuestiones técnicas que tienen que resolver los hermanos mayores y el Consejo de Cofradías. No tengo conocimientos suficientes para opinar si el Martes Santo tiene que ir en una dirección o en la otra o si el «Proyecto Creagh» es válido o no lo es.

-No obstante, el año pasado hubo alguna hermandad que se quejó de que las vallas y el aforamiento mermaba ese pilar fundamental que es dar testimonio público de fe. ¿Debe haber algún límite en las medidas de seguridad?

-Sí, hay que buscar un equilibrio entre un factor tan importante como es la seguridad y otro como es la identidad propia de las manifestaciones de religiosidad popular, que es una expresión de la fe de nuestro pueblo y un camino de piedad, conversión y evangelización.

-Hace un año, en una entrevista en estas mismas páginas, le preguntábamos si le hacía falta audacia a los católicos sevillanos. En este tiempo hemos conocido la idea del Gran Poder de llevar al Señor a los barrios respondiendo a la llamada del Papa de convertirse en una «Iglesia en salida». ¿Estamos ante un cambio de enfoque?

-A mí me sedujo desde el principio la propuesta de la hermandad del Gran Poder. No todo debe reducirse al esplendor de las estaciones de penitencia de Semana Santa, sino que también las hermandades deben tener una proyección apostólica y evangelizadora. Salir a los barrios más pobres y yo desde el principio alenté la idea del hermano mayor del Gran Poder y a los sacerdotes de esas barriadas que en su día, tal vez, el Señor va a visitar, para que acogieran con entusiasmo esta idea. Creo que puede ser algo bastante fructuoso.

-El Consejo también ha recogido el guante y ha designado a una imagen de una zona desfavorecida para presidir el Via Crucis. ¿Son los barrios la gran apuesta de la Iglesia y de las cofradías?

-Los más pobres, los enfermos, los desfavorecidos, fueron los predilectos del Señor. La Iglesia ha declarado muchas veces su opción preferencial por ellos. A mí me parece muy bien que las hermandades vengan ayudando con tantas iniciativas de solidaridad a los barrios más pobres, pero probablemente podamos incrementar ese servicio, por una parte suministrándole bienes materiales pero también apostando por la transmisión de la fe. Como decía Santa Teresa de Calcuta, «la mayor pobreza de los pueblos es no conocer a Cristo».

El arzobispo durante la entrevista / R. D.

-La Paz, la Salud de San Gonzalo, la Victoria de las Cigarreras y la Virgen de los Ángeles. Se ha animado a conceder coronaciones. ¿Hay alguna más por anunciar?

-Tuve claro desde el principio que había que poner un poco de freno a esta dinámica de multiplicar las coronaciones por una razón bien sencilla: cuando una cosa se universaliza, pierde su carácter extraordinario. Estoy haciendo una por año. Espero en el año 2020, el de mi jubilación, coronar a una Virgen de fuera de la ciudad, pero me parece prematuro anunciarlo.

-Hemos asistido en los últimos meses a conflictos internos graves en algunas hermandades a cuenta de las elecciones. ¿Por qué cree que hay tanta ambición por ostentar un cargo en una junta de gobierno?

-Yo también me lo pregunto. Las hermandades en Sevilla tienen una gran relevancia social. Cuando yo llegué me dijeron que el presidente del Consejo mandaba tanto como el alcalde. Después he visto que no es para tanto. Las hermandades, el Consejo, los hermanos mayores, tienen una gran relevancia social y algunos pueden sentir la tentación de subirse al carro del oropel y buscar el cargo no tanto para servir cuanto para servirse, para tener un prestigio y hacer carrera. Yo eso lo lamento muchísimo. Los cristianos, desde el Papa, que cuando firma un documento importante lo titula Franciscus Episcupus, servus servorum Dei, el que más alto está debe ser el primer servidor. El obispo es el primer servidor de la Diócesis y el párroco el de su parroquia y el alcalde, el primer servidor de su comunidad. Y el hermano mayor, el primer servidor de su congregación. A mí me gustaría que buscáramos no tanto el brillar cuanto el servir. Cuando suceden estos episodios de apelaciones y desencuentros me entristecen y creo que además es un escándalo. No se hace bien a la hermandad, ni al universo de las hermandades y también se daña a la Iglesia. Provocamos que a veces la opinión pública no nos considere como instituciones dignas de respeto.

-Y ahora que empezamos la Cuaresma, ¿de qué deben confesarse los cofrades y cuál debe ser su penitencia?

-Todos nos tenemos que confesar. El cuerpo místico de Cristo, si exceptuamos a la Santísima Virgen, que no cometió pecados personales, todos somos una triste comunidad de pecadores. También los cofrades. Yo no sé si hay un pecado específico de los cofrades, yo creo que no.

-En una faceta más personal, ¿qué momentos le sobrecogen más de la Semana Santa?

-En general, el tránsito de las hermandades con sus pasos por la Catedral. Suelo acudir a recibirlas a la puerta de San Miguel y las acompaño hasta la de Palos. A veces más. Para mí es un momento de especial conmoción espiritual, de recogimiento. En general no quiero destacar ningún momento especial.

-Sí ha manifestado su devoción por la Virgen de la Victoria y, recientemente, su afecto por la hermandad de los Negritos…

-Yo he dicho muchas veces que para mí la imagen más hermosa de la Virgen en Sevilla es la Macarena, sin duda ninguna. Pero me encanta, me parece preciosa, la Virgen de la Victoria de las Cigarreras. Yo tendré el honor inmerecido de coronarla el próximo 13 de octubre. En cuanto a la Virgen de los Ángeles, es un pobre tributo que el hermano mayor debe rendir a esta corporación puesto que desde el siglo XIV el arzobispo es el hermano mayor. Ellos me han pedido la coronación y yo he accedido a ello incluso he querido cargar un poco la suerte anunciando que tendrá el rango de pontificia.

VÍDEO: ANTONIO PERIÁÑEZ

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla