Pino Montano ya sueña con ir a la Catedral

Por  13:12 h.

Image Viernes de Dolores y viernes de fervor en los barrios de Sevilla. Viernes de estreno, como en Pino Montano, donde aunque no se vieron ayer nazarenos, sí se soñaba ya con ir a la Catedral. Porque la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de Nazareth y Nuestra Señora del Amor vivió uno de los días más grandes desde su fundación.

Hermandad de penitencia desde el pasado día 25 de febrero, su estreno como tal no pudo ser mejor. Un barrio entero en torno a la parroquia de San Isidro Labrador; un párroco, Indalecio Humanes, exultante, y la presencia de las máximas autoridades religiosas y civiles, ya que estuvo el cardenal arzobispo de Sevilla, monseñor Carlos Amigo Vallejo; el alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, y el presidente del Consejo de Cofradías, Manuel Román Silva. Todos para reconocer la labor de esta hermandad a lo largo de todo el año. «Barco» tremendo el del Señor de Nazareth, que estrenó nuevo soldado romano, obra de Fernando Castejón —al igual que todas las demás imágenes— y lágrimas en Maruja Vilches, pregonera de las Glorias de 2006 y una de las fundadoras de esta corporación. En el interior del templo, minutos antes de que se abriesen las puertas para el inicio de la estación de penitencia, monseñor Amigo se dirigió a todos los hermanos, recordándoles que aunque este año no había nazarenos, «si uno no se viste por dentro es muy difícil vestirse por fuera». Asimismo, le habló a los costaleros. «Vuestra labor es admirable por muchos motivos, pero sobre todo, porque escondéis vuestra cara debajo de las trabajaderas para que los demás vean la mejor cara de Jesús y de su Madre, la Virgen. Sois los primeros que vais a llevar estas imágenes como Hermandad de penitencia. Y os puedo decir que la alegría que siento es muy grande». Emoción en las palabras del prelado, que incluso llegó a bromear con todos los presentes al señalar que si en el título de la hermandad tienen a San Marcos y a San Isidro Labrador, «tendréis que añadir el de San Indalecio», en referencia al párroco y a su labor. Luego, jolgorio en la calle cuando irrumpió, primero, el imponente misterio de Jesús de Nazareth, perfectamente acompasado con los sones de la agrupación musical de Nuestra Señora de la Encarnación. Más tarde, con el sol dándole de pleno en el rostro y colándose por las bambalinas de malla, con Nuestra Señora del Amor, que se mecía a los acordes de «Encarnación coronada».

Y como escribimos, un barrio volcado, viviendo con su hermandad y soñando, por qué no, con llegar hasta la Catedral. Y la distancia no es tanta como parece…