Primer golpe. La importancia de llamarse Macarena

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Image Liados como estamos entre nuestras pequeñeces, con frecuencia las ramas del día a día nos impiden entender la trascendencia de nuestra Semana Santa. Solamente cuando la vemos a través de unos ojos ajenos sentimos el escalofrío de lo solemne.

Nos dicen Miércoles Santo y nuestro esquema mental se traslada a un mundo de horarios, itinerarios, estirones, bandas que van y que vienen…

Somos incapaces de iluminar testimonios sobrecogedores; un ejemplo, el de la actriz Ana Duato en la calle Sales y Ferré viendo el regreso del Cristo de Burgos. Me comentó su amiga María Galiana que no tuvo palabras para describir lo que estaba sintiendo. Se quedó muda.

Los ojos ajenos o el genio ajeno siempre nos ha dado la medida de las cosas. No sé si lo conocen; se llama Santiago Álvarez Ortega y es ahora mayordomo de la Macarena. Este hombre grandullón y de pelo cano acaba de abrirnos una mirada que nos dará alimento para algunos años. En su metódico afán por saber todo lo que se ha escrito y todo lo que se ha compuesto para su Virgen, La Esperanza, Santiago tiene como costumbre investigar en los lugares donde nadie ha indagado. Y acaba de encontrarse con varios tesoros a la vez.

En el Centro de Documentación Musical de Andalucía con sede en Granada y en la Sociedad General de Autores han aparecido obras dedicadas a la Macarena escritas por… Andrés Segovia, Manuel de Falla y los Font. Que Andrés Segovia o Manuel de Falla, que vió la Semana Santa de Sevilla en 1922 acompañado por Federico García Lorca y su hermano, hayan compuesto obras para la Virgen de la Esperanza viene a demostrar, por si alguien tuviera aún alguna duda, la trascendencia de esta Imagen de la Virgen María.

La Semana Santa, en contra de la doctrina que estos tiempos vispereños se hace cada vez más hueco, no es un universo colectivizado o uniforme. Es lo que es porque hay unos pilares robustos que sostienen un edificio en el que cada cofradía tiene una función. Pero no la misma. Sabíamos que Joaquín Turina, los Álvarez Quintero o López Farfán, genios de una época, habían dedicado parte de su ingenio a la Macarena pero ahora con los recientes hallazgos de Santiago Álvarez, con Falla, con los Font y con Segovia se robustece más si cabe un hecho que conviene recordar de vez en cuando: la importancia de llamarse Macarena. La pena es que en los registros encontrados no se encuentran las partituras. Pero ya aparecerán. Lo que aparece ahora es esa realidad que a veces las ramas no nos deja ver. Recuérdenlo, se llama Esperanza.