La primitiva carreta de Triana y la actual

EL ROCÍO 2018

Primera carreta de plata de la romería del Rocío

Se cumplen 150 años de su estreno en Triana

Por  14:12 h.

Antes de que estallase la sublevación militar de la Gloriosa en septiembre de 1868, la hermandad del Rocío de Triana estrenó aquel año una carreta procesional nueva, realizada de un material distinto al de la antigua de madera, en la que tradicionalmente había sido conducido el Simpecado hasta la ermita, desde su fundación en 1813. Los rocieros de Triana idearon revestir de metal plateado el trono que, durante el camino, portaba la representación simbólica de la Reina de las Marismas, con el propósito de dotarlo así de una mayor fastuosidad, similar quizá al de custodias procesionales, tumbillas o templetes de patronas emblemáticas, algunos pasos de palios sevillanos del momento o incluso la majestuosidad propia de carruajes de la realeza. La introducción de esta gran pieza plateada en el conjunto de un séquito de marcado carácter agreste, constituyó una auténtica revolución estética, que también llegó a repercutir en el plano cultual. Embelleció uno de los cortejos romeros más extensos de cuantos peregrinaban a la aldea almonteña y ayudó a destacar el Simpecado como insignia principal de una advocación mariana, cuya imagen titular se venera lejos de la capital. Aquella innovación plástica se extendió por entre los distintos pueblos del Aljarafe que recorría la hermandad trianera y sirvió, con el tiempo, como modelo para las demás filiales.

Esta lujosa carreta la costearon íntegramente los propios hermanos. Así queda reflejado en las cuentas presentadas por el Teniente de hermano mayor de entonces, el ceramista don Manuel de Soto y Tello, que constan asentadas en uno de los libros contables más antiguos que conserva la hermandad en su archivo. Pudieron reunirse las cantidades necesarias gracias a la celebración de no pocas rifas, entrega de cuotas y un donativo extraordinario otorgado por los duques de Montpensier. Hasta ahora había trascendido que los únicos bienhechores de la carreta habían sido los duques, por lo que estas anotaciones desmitifican la desmesurada atribución.

La Carreta de Triana en la capilla del Patrocinio

Detrás del Simpecado peregrinaban muchas personas sencillas y humildes, que cumplían sus promesas por distintos trayectos del camino. El atributo milagroso de la Virgen del Rocío estaba muy presente en quienes seguían la carreta recién estrenada. No olvidemos que el desbordante fervor de la religiosidad popular, consiguió alzar la fama de la Santísima Virgen del Rocío, en unos momentos en los que la Iglesia se encontraba debilitada, a causa del anticlericalismo imperante.

El historiador almonteño, Santiago Padilla, explica en su libro «Rocío, Sal y Sol de Andalucía» que aquella curiosísima carreta quería verla todo el mundo. Levantó un gran revuelo y llamó mucho la atención. Imaginen ustedes el impacto visual que hubo de causar la incandescencia de la plata, en medio del arenal marismeño, junto a los reflejos dorados de los meritorios bordados del Simpecado trianero. Entonces, todas las hermandades filiales empleaban una carreta de cajón, a excepción hecha de las de Almonte y Sanlúcar de Barrameda que porteaban su Simpecado a estribo, valiéndose de un jinete romero, debido a la cercanía de la primera con la ermita, y las dificultades del camino de la segunda para llegar a ella, a través de Doñana.

Triana se presentaba en el real con una comitiva numerosísima, a la que se sumaban también integrantes de familias distinguidas de la aristocracia agroganadera sevillana, e incluso de otras partes de Andalucía. Había animado el concurso de estos hacendados la participación de los duques de Montpensier. Sus altezas fueron nombradas muy pronto hermanos mayores de varias hermandades rocieras, entre ellas la de Triana, por lo que creció mucho la fama de la romería, debido al amplio eco mediático que proyectaba su paso por el Rocío.

Descripción estilística

Primera carreta de plata de Triana

El espacio que acogía el Simpecado era un templete de leves arcos lobulados, en este caso de tres lóbulos, sustentado por seis columnas abalaustradas, tres a cada lado. El conjunto guardaba estrechas semejanzas estilísticas con elementos arquitectónicos relacionados con la estética orientalista traída a España, a mediados del siglo XIX, por el duque de Montpensier. En las fachadas de estilo neomudéjar del Costurero de la Reina y el palacio de Orleáns y Borbón de Sanlúcar de Barrameda, hoy Ayuntamiento sanluqueño, encontramos los elementos artísticos en los que el autor intelectual de la carreta de plata hubo de inspirarse. Las trazas de ambos edificios están atribuidas al arquitecto Balbino Marrón, cuya pertenencia a la nómina de cofrades del Rocío de Triana está documentada. Precisamente falleció en 1867, año hasta el que estuvo dirigiendo también en el de San Telmo importantes reformas arquitectónicas.

Pero debió influir mucho en esta composición tan pionera el mismísimo Manuel de Soto y Tello, propietario de fábricas de cerámicas en Triana, de donde salieron muchos azulejos para los palacios de San Telmo, Sanlúcar de Barrameda y Villamanrique, por expreso encargo de Montpensier.

En su parte frontal, la carreta quedaba rematada por un escudo sobredorado de los Montpensier, por lo que terminó identificándose popularmente como si la casa ducal hubiese patrocinado la totalidad de los gastos. Los primeros años, el templete daba cobertura al Simpecado blanco que se había estrenado en 1855, con ocasión de la proclamación del dogma concepcionsta del año anterior, en cuyo proyecto se involucró muy activamente el cura, don Joaquín Cortines, capellán, director espiritual hermano mayor de esta hermandad rociera durante la segunda mitad de la centuria decimonónica.

La carreta era de plata de Rull, un metal más degradado en nobleza que el de ley, simulando ser como una especie de níquel plateado. No sabemos con exactitud si se hizo en los talleres de Isaura, al igual que otros muchos objetos de cultos de la época. En 1882, precisó una intervención, labor realizada en el taller de los señores Lastortres, según la información brindada por el diario sevillano El Porvenir. La base de madera del carro se recubrió por unos frontales de metal muy sencillos, que recordaban ser respiraderos de pasos procesionales. Encima del tapete, la carreta llevaba candelabros plateados en las cuatro esquinas y una candelería muy escueta que facilitaba la adoración nocturna del Simpecado. Estos ornamentos sufrieron también unas importantes reformas en 1889. Se renovó completamente por otra nueva en 1905.

Manuel Soto Tello

Manuel de Soto y Tello. Componente de una saga de trabajadores de la industria artesana del barro, como otros hermanos del Rocío trianero (el fundador Francisco Antonio Hernández o Mensaque). Recibió cierta formación académica y destacó como buen dibujante, por lo que pudo haber sugerido el diseño del templete de plata, aunque estuvo rodeado de grandes pintores como los Arellanos, Vicente Fourrat Campos y Manuel Tortosa Fernández, en la sociedad que conformó con su suegro, Agustín González del Pino, José Ojeda y Francisco Ariza, que precisamente duró hasta 1867. Mantuvo una estrechísima relación profesional con la casa ducal de Montpensier. Profesó gran afición a la pintura por los azulejos vidriados y a él se debió el primer resurgimiento de la cerámica artística sevillana. Luego, con su suegro, instaló el taller González Soto y Cía. en la calle Alfarería. Restauró los zócalos del Alcázar y de la casa Pilatos. (*ilustraciónautretrato).