La Borriquita en San Gregorio

RECUERDOS

Mi primera estación de penitencia

En 1934 mi padre me permitió salir, con ocho años de edad, de nazareno en la Hermandad del Amor. El misterio de la Borriquita procesiona sobre un canasto de estilo neoclásico

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La Semana Santa de 1930 fue excepcionalmente brillante por coincidir con la Exposición Iberoamericana, con tal afluencia de turistas al punto de fletarse cruceros. Y porque fue presenciada por S. M. el Rey Don Alfonso XIII y S. M. la Reina Doña Victoria Eugenia, acompañados de su Real Familia, que permanecieron en el Real Alcázar. La de 1931 trascurrió aún bajo la monarquía, y se celebró con normalidad, pues hasta el 14 de abril no se proclamó la república. Por cierto que como la Feria empezaba, como siempre, el día 18, hubo que cambiar apresuradamente todas las banderas bicolores del ferial por otras tantas tricolores.

En cambio, en la cuaresma de 1932, las hermandades visitaron al gobernador civil para pedirle protección policial para cada una de las cofradías en su estación, por temor a la violencia desatada en la persecución religiosa. Comoquiera que el gobernador no accediera a la petición, todas las hermandades, menos una, acordaron no salir y celebrar cultos en sus templos.

Julio Martínez Velasco de nazareno en la Borriquita

En 1933, solo salieron catorce cofradías y sus cortejos eran muy cortos pues muchos sevillanos no se atrevían a sacar papeleta de sitio, pensando que el antifaz hace al nazareno vulnerable ante probables sucesos violentos anticlericales, como padeció la Estrella en su estación del Jueves Santo de 1932.

Y en 1934 mi padre me permitió salir, con ocho años de edad, de nazareno en la hermandad del Amor porque desde el 3 de diciembre de 1933 en que tuvo lugar la segunda vuelta de unas elecciones generales, dieron el poder a una coalición de partidos de derecha y de centro, los liderados respectivamente por José María Gil Robles, José Martínez de Velasco (que no me tocaba nada) y Alejandro Lerroux, dando comienzo al llamado bienio derechista que duró hasta las elecciones de febrero de 1936.

Entonces el misterio de la Borriquita procesionaba sobre un canasto de estilo neoclásico con numerosas cartelas de las órdenes religiosas agregadas a la hermandad para disfrutar de sus bulas y privilegios. Dicho paso, de principios del siglo XIX, estaba en tan mal estado que esta, la de 1934, fue la última estación con dicho paso.

En mi papeleta de sitio me ubicaron en la pareja de bocinas precedente a la cruz de guía, siendo este año el último que el cortejo de la Borriquita vestía antifaz morado y túnica y capa blancas como era tradicional, por lo que al llegar a la esquina de las calles Javier Lasso de la Vega y Trajano tuve la gran oportunidad de contemplar en primera fila el discurrir de la cofradía de la Amargura. Y hube de situarme tras el último músico de la banda del que no me separé durante casi todo el recorrido, por lo que desde aquella ocasión me aprendí de memoria la marcha «Amarguras».

Sin sillas en el Duque

La carrera oficial de entonces no ofrecía sillas en la plaza del Duque ni en la calle O’Donnell, y en la Campana había menos filas de sillas y más espaciadas estas, sin que apareciera la actual tribuna. Como los cortejos eran más cortos las cofradías tardaban menos en pasar y la del Amor permanecía en la calle escasamente cuatro horas, pese a salir los tres pasos juntos, pues el hecho de que el cortejo y el paso de la Sagrada Entrada fuera la primera en pedir la venia en el palquillo de la Campana no ocurrió hasta 1970. Ya ha llovido mucho desde entonces y la Semana Santa ha cambiado mucho.