La Virgen de las Aguas del Museo

Recuperando a Cristóbal Ramos

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Cristóbal Ramos (1725-1799) fue uno de los autores más destacados de la escultura sevillana del siglo XVIII y, quizás, uno de los más prolíficos: a sus obras documentadas se suma un amplísimo conjunto de piezas y de conjuntos distribuidos por conventos, iglesias y colecciones particulares que hacen siempre difícil la elaboración de un catálogo que inició Carmen Montesinos con la monografía publicada en la colección Arte Hispalense.

Nacimiento de Santa María la Blanca

La reciente intervención de Manuel Ballesteros Rodríguez y Alejandro Cascajares García en un nacimiento perteneciente al retablo de San José de la iglesia de Santa María la Blanca, un ejemplo de conservación de patrimonio artístico en los últimos tiempos, permite recuperar una obra atribuida al afamado escultor del siglo XVIII, un Nacimiento  que se sitúa a los pies de la imagen de San José, en la capilla sacramental del templo.

Retablo de San José en la capilla sacramental de Santa María la Blanca, foto Pepe Becerra

En esta estancia, que se abre a la nave de la Epístola del histórico templo de la judería, se ubica el retablo de San José, que se consagró el día de la Virgen de las Nieves del año 1758, al mismo tiempo que el retablo del contiguo Cristo del Mandato, un conjunto en el que se emplearon piezas y elementos de un retablo anterior. En su centro se sitúa el grupo de San José, obra donada a la hermandad sacramental en 1677, según refiere el profesor Teodoro Falcón Márquez, obra recientemente restaurada en el proceso de conservación del templo y que se atribuye con fundamento a las manos de Luisa Roldán.  

La donación corrió a cargo de Francisco Blanco, hermano de la corporación, que además aportó tres doblones para la cera del retablo en la festividad del santo. Consta su nombre en la peana del grupo, donde se puede leer: “Este santo mandó hazer don Francisco Blanco y lo donó a la hermandad del Santísimo de Santa María la Blanca. Año 1677”. En la citada monografía se indica que el donante, el capitán Francisco Blanco del Álamo, fue admitido como hermano de la corporación en 1682 y que se conoce la fecha de su fallecimiento en mayo de 1697.

El conjunto restaurado, atribuido a Cristóbal Ramos, representa el nacimiento de Jesús junto con San José, la Virgen María, la mula y el buey. Son piezas de barro cocido y policromado al óleo, con la vestimenta estofada al temple sobre pan de oro fino. Como era habitual en el siglo XVIII, son imágenes que presentan los ojos de cristal.

Los restauradores de las imágenes constataban en el informe de restauración la presencia de orificios para colocar nimbo y corona en las imágenes de San José y de la Virgen, elementos desaparecidos, aunque sí se conserve la vara de azucenas que San José porta en su mano derecha. Otras de las deficiencias del grupo era el deficiente repinte que se había realizado en alguna intervención anterior de la cuna del Niño, donde se llegó a aplicar purpurina de nefasta calidad. Las imágenes de San José y de la Virgen presentaban pérdidas de policromía originadas por roces y limpiezas poco adecuadas, a lo que se añadía una importante acumulación de suciedad superficial, estado que se repetía en las imágenes del Niño, de la mula y del buey.

La intervención sobre el grupo comenzó con un estudio visual y fotográfico con luz ultravioleta para señalar los posibles repintes, así como con distintos puntos de luces para evidenciar los daños en la policromía. A esta fase siguió la restauración propiamente dicha, con fijación del estrato pictórico, realización de una primera limpieza para eliminar la suciedad y sustancias acumuladas en depósito tanto exteriormente como en el interior de las obras, eliminación de elementos no originales en las imágenes, limpieza de la policromía, previo estudio del test de solubilidad y realización de catas, reintegración volumétrica, reposición de la capa de estuco y enrasado del mismo. Como fase final se procedió a la reintegración cromática y al barnizado de las piezas. Los restauradores has seguido el criterio del máximo respeto a la obra, devolviendo al conjunto su aspecto más próximo al original, sin alterar ni modificar los materiales constituyentes de la obra, llevando a cabo una exhaustiva documentación de todo el proceso.

La restauración recupera un conjunto de Cristóbal Ramos, autor de gran influencia en el siglo XVIII, que tuvo en el trabajo del barro su faceta más destacada, siendo conocido a nivel popular por la realización de la Virgen de las Aguas, titular de la hermandad del Museo. También realizó la antigua Dolorosa de la Concepción, de la hermandad del Silencio, sustituida por la actual de Sebastián Santos. Para la misma hermandad realizó la imagen de San Juan, además de restaurar la imagen del Nazareno. Obras de un autor que nació en 1725, hijo del barrita Juan Isidoro Ramos. Bautizado en la parroquia de San Isidoro, la suya fue una vida de altibajos característica de su época. Ayudante de su padre desde su infancia, vivió algunas situaciones de dificultades económicas que incluso motivaron que vendiera, junto a su padre, juguetes de barro por las calles de Sevilla. Más curiosa aún fue su participación empresarial en uno de los primeros espacios escénicos que en la Sevilla de 1761 trajeron la ópera a Sevilla, la llamada Casa de la Ópera, en la calle Carpio.

Más productiva, y de mayor trascendencia para la creación artística en la ciudad, fue su  participación en la Academia de las Tres Nobles Artes, la introductora de la nueva estética neoclásica en la ciudad, donde sería miembro activo en las clases de escultura bajo la dirección de Blas Molner.

Casado a la tardía edad de cincuenta y dos años, su triunfo artístico llegó con la elaboración de imágenes en barro, especialmente representaciones marianas, con el habitual añadido de telas encoladas,  aunque también trabajó la madera e incluso la piedra.

Numerosas obras suyas se distribuyen por iglesias y conventos de la ciudad, como el grupo de San José con el Niño del Hospital de la Caridad, los Santos a los pies de la Virgen de Todos lo Santos, San Cayetano de la iglesia de Santa Catalina, la Sagrada Familia del convento de Capuchinos, la Virgen del Rosario de la Magdalena o la del Salvador, la Virgen del Carmen del Santo Ángel, la Dolorosa de la Escuela de Cristo… Especialmente famosos fueron sus representaciones del Nacimiento, como el de la Escuela de Cristo o algunos conservados en domicilios particulares. La visita a cualquier clausura  sevillana permite aumentar notablemente su catálogo, ya que se pueden encontrar muestras de sus creaciones en numerosos conventos, como la Inmaculada de Santa Rosalía, el grupo de la Visitación de Santa Paula o alguna Dolorosa de pequeño formato del convento de Santa María de Jesús, así como en algunas colecciones particulares, como el restaurado por el conservador Carlos Peñuela en noviembre de 2015.

Su amplio catálogo, en constante revisión y con numerosas atribuciones por confirmar, supera los límites de la Baja Andalucía: en el museo nacional de Escultura de Valladolid se puede contemplar una de sus dolorosas que denotan el triunfo de un modelo que debió ser muy repetido a lo largo de su vida.

Cristóbal Pérez falleció en agosto de 1799 después de una vida intensa. Con la restauración de su grupo del Nacimiento por los licenciados en Bellas Artes Manuel Ballesteros Rodríguez y Alejandro Cascajares García se añade un punto más de luz a un singular artista del siglo de las Luces.

LA VIRGEN DE LAS AGUAS EN SU CAPILLA, foto César López

Antigua Dolorosa de la Concepción, Rechi.

Virgen del Carmen del Santo Ángel, foto Rechi.

CARMEN SANTO ANGEL RECHI

San Juan de la Hermandad del Silencio, obra de Cristóbal Ramos

Sagrada Famillia, convento de Capuchinos.

Dolorosa Museo conventual de Santa Paula

Dolorosa Convento Santa María de Jesús

Dolorosa Museo Nacional de Escultura de Valladolid

Stabat Mater de la Escuela de Cristo