Los bomberos sanean un muro de Santa Catalina por caída de pedazos de cal
Los bomberos sanean un muro de Santa Catalina por caída de pedazos de cal 23954

Los bomberos sanean un muro de Santa Catalina por caída de pedazos de cal

Por  7:59 h.

ImageEl Cuerpo de Bomberos tuvo que realizar a media tarde de ayer una intervención de saneamiento en un muro de Santa Catalina, en el que se estaban produciendo desprendimientos de cal. Los agentes sanearon la pared afectada, que mira hacia la Plaza Conce de León y a la calle Almirante Apodaca, después de ser avisados por un particular que observó la caída de fragmentos de cal y mezcla. La actuación concluyó pasadas las siete de la tarde sin que el incidente causara daño alguno, tal y como informó el párroco de Santa Catalina y San Román, Antonio Hiraldo Velasco, también delegado episcopal para la restauración del primer templo citado.

El suceso viene a poner de manifiesto el estado en que se encuentra este bellísimo templo mudéjar, que precisamente,ayer por la mañana visitaba ABC en compañía de Antonio Hiraldo, quien señalaba que «Santa Catalina lleva mucho tiempo deteriorándose». La primera voz de alarma se produjo en 2003, cuando hubo de realizarse un análisis de emergencia por el estado que presentaba la cubierta, afectada por filtraciones debidas a las lluvias. En 2004, Santa Catalina fue cerrada al culto y posteriormente se vacío su interior de todo su contenido para evitar que la humedad y las termitas lo destruyeran y se procedió a apuntalarla, se retiraron las tejas y se colocaron placas metálicas en las cubiertas. El proyecto para la cubierta está aprobado y en espera de ejecución. Para la recuperación total del templo se estimannecesarios 3.760.000 euros (más de seiscientos millones de pesetas). Hoy por hoy, el aspecto de esta iglesia es de triste deterioro en su exterior, pero su interior es desolador. Los andamios metálicos y las capillas, la pila bautismal y los retablos que no han podido ser trasladados, se hallan tapiados para protegerlos. Las paredes han sido picadas hasta llegar a la piedra viva con objeto de que vayan oxigenándose y perdiendo la humedad. La soledad y el abandono campean por la nave principal apenas iluminada por el rosetón que da a su fachada principal, la de la puerta trasplantada de Santa Lucía en 1930. Desamparo es la sensación que se respira y que, pese al empeño de Antonio Hiraldo, aún no se despeja. El párroco, que todos los jueves de marzo, emprende el simbólico gesto de sacar una mesa petitoria para recaudar fondos, no ve signos de entusiasmo, «con esta vida ajetreada la gente no esta informada. Pero creo —dice— que este tema a quien afecta es al custodio del patrimonio histórico». Ante el caso de Santa Catalina, que desmaya entre el bullicio de la calle Juan de Mesa y el silencio de barrio y de tienda pequeña de las angostas calles de alrededor, la distribución de responsabilidades es difícil. «La Iglesia tiene la gran responsabilidad de abrir todos los días, reparar, dar cultos e incluso preservar su dimensión estética. La Iglesia cumple con creces, pero carece de agencia tributaria y no se le puede pedir de lo que carece, no tiene capacidad económica que se aproxime a la del Estado o a la de las empresas, esto es un error conceptual y sociológico. Su capital son las personas». El discurso de Antonio Hiraldo pasa por la esperanza de recabar ayuda para restaurar Santa Catalina, tanto por motivos religiosos estrictamente, «porque no hay que tener vergüenza de apoyar la fe católica», como por la responsabilidad por mantener el patrimonio recibido en herencia, ya que «no es una reliquia innecesaria— recalca el párroco— es necesario para las nuevas generaciones y sería un agravio privarlas de todo el patrimonio artístico y religioso del que disponemos». De ninguna manera quiere caer el párroco en complejos, pesimismos o victimismos, «no es correcto ni exacto y ademáses prematuro, y añade que «estamos iniciando la labor y tengo confianza en que se va a lograr, el pueblo es sensible, generoso, y aparecerán entidades privadas y particulares que ayudarán. Es labor de todos». El grito de auxilio de Santa Catalina, de la mano de su párroco, es «llamar a la puerta y al corazón de personas e instituciones, que miren con buenos ojos el templo». Entre los andamios metálicos, el polvo que nada en el aire, los pájaros muertos, las tejas apiladas… la desolación en el olvido, Antonio Hiraldo «una sociedad que no valore y aprecie las dimensiones estéticas y espirituales se queda sin alma». Inquietud, atención y solidaridad es lo que requiere Santa Catalina para salir de su imparable deterioro, de su muerte de templo, del daño que le han dejado los años, del descuido y la desmemoria y de la parte de irresponsabilidad que nos toca a todos.