El Cristo de las Tres Caídas de Triana y el Nazareno de Sanlúcar

Restauraciones: el necesario equilibrio entre lo devocional y lo artístico

Las restauraciones del Cristo de las Tres Caídas y del Nazareno de Sanlúcar abren de nuevo el debate sobre cuáles deben ser los criterios de intervención

Por  0:30 h.

Con la restauración del Cristo de las Tres Caídas y del Nazareno de Sanlúcar de Barrameda ha vuelto a surgir el debate sobre cómo deben ser las restauraciones. Por un lado, el criterio del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, que proponía que la imagen del Nazareno trianero recuperara la policromía original del XVII. En el otro extremo, la restauración excesivamente intervencionista que le realizó Luis Álvarez Duarte a la imagen de Sanlúcar la Mayor, sustituyéndole el pelo natural por uno tallado y modificando sustancialmente su aspecto para hacerlo más acorde a los gustos actuales, por petición expresa de la hermandadcontra el informe negativo de la Comisión de Patrimonio del Arzobispado.

Entre ambos criterios, existe también la teoría del «término medio», la del «necesario equilibrio». Es aquella que respeta los dos valores fundamentales de una imagen, tanto como obra de arte que es, como su condición de icono devocional.

La hermandad de la Esperanza de Triana ha estudiado durante años cada una de las posibilidades, en busca del mayor consenso. Tanto el Cristo de las Tres Caídas como la Virgen de la Esperanza fueron sometidos durante el siglo XX a restauraciones en las que se modificó su aspecto, incluso en varias ocasiones. Esto, a pesar de que era muy común antaño, no entra dentro de los criterios de restauración actuales, mucho más profesionales. Por otro lado, para restaurar al Señor, cuya policromía se encuentra excesivamente oscura por la suciedad, se descartó la propuesta del IAPH de devolverle la policromía original, ya que, bajo el criterio de la junta de gobierno y de la comisión nombrada, obviaba el aspecto devocional de la talla. Por ello, se decantó por la planteada por Pedro Manzano, que buscaba ese equilibrio.

Para Javier Sánchez de los Reyes, que engloba las facetas de artista y la de historiador del arte, y miembro de la comisión para la restauración del Cristo de las Tres Caídas, este asunto «es muy poliédrico, está sujeto a opiniones, no puede haber un dogma irrefutable». Así, «yo recurro a la lógica y que las cosas sean lo más fluidas posibles en la restauración en las cofradías, que hay que diferenciarlas de otras piezas de arte. Lo más lógico, lo menos chocante, es que la imagen tenga una restauración que mantenga los valores de la talla».

Por ello Sánchez de los Reyes comenta que «no tengo nada contra el criterio purista de retirar las adiciones para dejar la imagen en su concepción prístina, pero es normal que haya una ruptura. Hay que entender las coordenadas de lo que es una obra de arte devocional, si no, la restauración estará muy bien hecha pero quizá le falte algo». Cree, de esta forma, que «cuando se retira algún repinte, que son también materiales que se alteran y acaban virando, se pueden luego volver a ponerlos con material de restauración, que es más estable. Así, la imagen tiene un aspecto más saneado y no hay un cambio tan brusco». 

Policromías originales

Muy pocas imágenes conservan su aspecto original. Javier Sánchez de los Reyes cita a dolorosas como la Estrella, el Mayor Dolor de la Carretería o la Macarena, cuyas restauraciones «son mucho más fáciles». Según comenta, «el problema viene cuando una imagen tiene retoques encima» y, siempre según su criterio, «una vez que se retiran, hay que reponerlos». No es el caso del Cristo de las Tres Caídas, que apenas tiene adiciones, aunque sí mucha suciedad acumulada.

 

Por ello, cree que la restauración del Gran Poder en 2006 debe servir de ejemplo: «Tuvieron esa sensibilidad de guardar el equilibrio, sin alterar el aspecto de la imagen pero siendo valientes, como la recuperación del color verdoso en la corona de espinas».

En ese equilibrio perfecto entre los dos criterios, este artista piensa que «no está en un escalón inferior el restaurar una pieza con criterios devocionales y cofrades que con criterios exclusivamente museísticos. Es simplemente distinto y hay que perder el miedo. Y es importante que las comisiones de seguimiento tengan en cuenta lo que la hermandad espera de la restauración», concluye.

Aunque en los últimos años se han ido restaurando imágenes con enorme devoción en la ciudad con criterios profesionales, aún queda el reparo entre los devotos cada vez que se afrontan y suelen ser motivo de miedo y conflicto dentro de las hermandades. Quizá en el término medio esté la virtud y aquellas que necesiten de una restauración, puedan afrontarse con consenso y sin ese temor que existe.

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Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla