El sacrificio de ser hermandad sacramental pura

El Domingo de celebraron seis procesiones sacramentales en la ciudad, destacando las dos organizadas por hermandades puras: San Pedro y San Ildefonso

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Muchos, al levantarse en la mañana del domingo, desconocían la cantidad de procesiones sacramentales que se daban cita en diferentes puntos de la ciudad desde primera hora de la mañana. Empezando por San Gonzalo, pasando por el Cerro del Águila, San Julián, San Nicolás, San Pedro, hasta llegar a San Ildefonso. Desde la fuerza que imprime ser hermandad de penitencia hasta el «desamparo» que supone ser solo eso, sacramental; como en el caso de las dos últimas.

San Gonzalo viene celebrando a lo grande las vísperas de la coronación de la Salud, además del año del 75 aniversario de la parroquia y hermandad. Por ello, su Corpus fue protagonista de esta efeméride al discurrir por las zonas del Tardón más alejadas de su templo o acompañada por todas las hermandades de Triana, como sucediera décadas atrás. El Cerro aporta la sal al barrio con todos sus actos y así se demostró. Escaso público en prácticamente todas estas procesiones y, en las que se celebraron en el centro, también. Bajo palio fue el Señor en la Candelaria, en la Hiniesta y en San Pedro. Y sobre un paso, por tercer año consecutivo, en San Ildefonso.

Ser pura no está de moda

Sevilla cuenta con siete hermandades únicamente sacramentales, cinco de ellas históricas: Sagrario, Magdalena, San Gil, San Pedro y San Ildefonso, además de la del Corpus Christi y el Divino Redentor. Ayer salieron dos de ellas. Sus nóminas de hermanos apenas superan el centenar y su lucha incansable por sobrevivir ante «la selva» de cofradías en la que se encuentran es un sacrificio impagado.

En la mañana del domingo así se demostró. San Pedro no cesa en llevar a Dios a cada calle de su feligresía, en mantener el espíritu sacramental de una de las hermandades históricas de la ciudad. A las 12 de la mañana entró en su parroquia, tras dejar hermosas estampas en los conventos de Santa Inés, Espíritu Santo y las Hermanas de la Cruz.

San Ildefonso busca el sitio perdido. La encomiable labor de las últimas juntas de gobierno por mantener viva la llama que dejaron encendida sus antepasados volvió a hacerse latente en una mañana de junio. Es la tercera vez consecutiva que salen con su custodia. Aún en madera y, este año ya barnizada. Esperan comenzar a completarla con la orfebrería a partir de próximas ediciones. Aquí se hace parroquia y así se demuestra. Arropada por las hermandades de la feligresía, San Ildefonso busca salir a flote entre un mar de capirotes y bandas con pasos acompasados. Los Sastres aporta su paso y San Esteban sus jarras y candeleros. Sonidos de las Cigarreras, calor y escaso público; pero el escogido, el necesario para encontrarse con Dios en una calle casi pintada en los siglos.

Aquí no se deja a Dios de lado, aquí se pone lo mejor de cada casa para mantener vivo su espíritu. Las casas de esos cien hermanos que aún aguantan tras la tempestad, que luchan por seguir vivos como siempre lo hicieron a lo largo de las décadas.

Javier Comas

Javier Comas

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