San Ignacio de Loyola, iglesia de la Anunciación / FRAN SILVASan Ignacio de Loyola, iglesia de la Anunciación / FRAN SILVA
San Ignacio de Loyola, iglesia de la Anunciación / FRAN SILVA

ARTE

San Ignacio de Loyola, por Martínez Montañés

El santo jesuita con «don de lágrimas»

Por  0:05 h.

 

Forma pareja con la imagen de San Francisco de Borja en la actual iglesia de la Anunciación aunque la grandiosidad del retablo principal de pinturas, la orientación de los bancos hacia el retablo de la hermandad del Valle y los cambios de ubicación a lo largo del año la hacen pasar desapercibida. San Ignacio de Loyola tallado por el “Dios de la madera”. La  representación del fundador de la Compañía de Jesús fue encargada en 1610 a Montañés por los congregantes de la Santísima Trinidad de Sevilla, establecidos en la Casa profesa de los jesuitas de Sevilla, actual iglesia de la Anunciación. Un encargo que se justifica en la beatificación del actual santo un año antes  por el Papa Paulo V.

La imagen se sitúa a los pies del retablo mayor

La imagen se sitúa a los pies del retablo mayor

Íñigo López de Loyola, entre 1537 y 1542 cambió su nombre de por el de Ignacio, como él mismo decía, “por ser más común a las otras naciones” o “por ser más universal”. Aunque inició carrera militar, la lectura de libros religiosos durante una convalecencia tras una batalla lo llevó a profundizar en la fe católica y a la imitación de los santos: Y cobrada no poco lumbre de aquesta lección, comenzó a pensar más de veras en su vida pasada, y en quánta necesidad tenía de hacer penitencia della. Y aquí se le ofrecían los deseos de imitar los santos, no mirando más circunstancias que prometerse así con la gracia de Dios de hacerlo como ellos lo habían hecho.

Peregrino en Jerusalén, desarrolló sus ejercicios Espirituales en Montserrat y Manresa. Cursó estudios de filosofía en París, donde contactaría con Francisco Javier, otro de los pilares del grupo que, tras realizar voto de pobreza, iniciaría los primeros pasos de una congregración fundamental en las luchas por el poder religioso en la Europa del siglo XVI: la Compañía de Jesús, de la que Ignacio sería General durante quince años.

Detalle del rostro / FRAN SILVA

Detalle del rostro / FRAN SILVA

Falleció Ignacio en 1556 y su cuerpo, inicialmente sepultado en la iglesia de Santa Maria de la Strada, se  trasladó posteriormente a la iglesia del Gesù, sede la Compañía. Allí se conserva también la mascarilla funeraria que daría pie a la generalización de su iconografía mediante la difusión de estampas y grabados. Ignacio fue canonizado por el Papa Gregorio XV el 12 de marzo de 1622 junto con Francisco Javier, Felipe Neri, Teresa de Jesús e Isidro Labrador.

La imagen conservada a los pies del retablo mayor de la iglesia de la Anunciación es una obra de tamaño natural (1,67 cm), sólo tiene talladas en madera la cabeza y las manos, siendo el resto del cuerpo un maniquí inicialmente pensado para ser revestido con telas naturales.  Actualmente presenta unos ropajes realizados con telas encoladas que simulan el característico hábito negro de los jesuitas,  aunque también pueda ser revestida con los ornamentos propios del sacerdote, el alba, la estola y la casulla.

Mascarilla funeraria

Mascarilla funeraria

La policromía de las manos y de la cara están documentadas como obra de Francisco Pacheco, quien en su libro Arte de la Pintura (Editado póstumamente en 1649) defendía el empleo de sus habituales carnaciones mates, sin añadidos de barnices brillantes, que permitían una sensación de realidad de la que ponía como ejemplo a esta talla jesuita: “se aventaja a cuantas imágenes se han hecho de este glorioso Santo, porque parece verdaderamente vivo”.

Un análisis cercano de la imagen permite contemplar las lágrimas de cristal de sus mejillas, característica de una iconografía original que presentaba su “don de lágrimas”: en su diario anotaba que lloraba más de tres veces al día, al modo de los grandes místicos, con expresiones como “cubriéndome tanto de lagrimas”, “con grande efusión de lágrimas por el rostro”, “un cubrirme de lagrimas y de amor”.

Imagen del rostro anterior a la última restauración

Imagen del rostro anterior a la última restauración

El rostro refleja los rasgos conocidos del fundador de los jesuitas, del cual se conserva su mascarilla funeraria en Roma, contribuyendo a la unificación de su iconografía el retrato morturio que realizó Jacopino del Conte el mismo día de su fallecimiento, el 31 de julio de 1556. Un testimonio contemporáneo del santo, el del padre Pedro Ribadeneyra, en su Vita Beati P. Ignatii Loyola Soc. Iesus Fund. (Roma 1609) describía al santo en los siguientes términos: tenía una estatura mediana, o mejor, era pequeño y bajo de cuerpo; el rostro autorizado, la frente ancha y sin arrugas, hundidos los ojos, encogidos y arrugados los párpados por las muchas lágrimas que derramaba; las orejas medianas, la nariz alta y el color vivo y templado y con la calva de muy venerable aspecto, el rostro alegremente grave y gravemente alegre.

Probablemente Montañés y Pacheco tomaron como modelo la máscara mortuoria del santo; de hecho, Pacheco tenía una copia en escayola de la misma. La satisfacción con el resultado por parte del pintor le hizo proclamar que consideraba a la talla como la mejor representación del santo “porque realmente parece que está vivo”.

La mascarilla funeraria se conserva en la iglesia del Gesú de Roma

La mascarilla funeraria se conserva en la iglesia del Gesú de Roma

Originalmente, la imagen contemplaba con expresión concentrada el anagrama de los jesuitas, un IESUS “galanamente labrado de plata y oro”, según la descripción que hacía Francisco de Luque Fajardo en su Relación de la fiesta que se hizo en Sevilla a la beatificación del Glorioso San Ignacio. Trasladado en 1836 a su lugar actual, el retablo principal de la iglesia de la Anunciación de Sevilla, a los pies de las pinturas de Girolamo Lucenti, Antonio Mohedano y Juan de Roelas, porta una sencilla cruz que sustituyó al desaparecido anagrama de Cristo de oro y plata.

La presencia de la Compañía de Jesús en Sevilla fue muy amplia, llegando a contar con un amplio número de casas, la Casa Profesa de la Anunciación (de la que hoy se conserva su iglesia, junto a la Facultad de Bellas Artes), el colegio de los Ingleses (actual iglesia de San Gregorio, sede de la hermandad del Santo Entierro), el colegio de San Hermenegildo (del que se conserva la iglesia, amenaznado ruina y olvidada, en la actual plaza del Duque), el colegio de los Irlandeses (cuyo solar ocupaba, aproximadamente, el sector del actual cine Alameda) y el colegio llamado de “las Becas” (en la actual calle Jesús del Gran Poder, frente a la parte trasera de la Casa de las Sirenas) y el Noviciado de San Luis, en la calle a la que dio nombre, del que se conservan su iglesia principal y su capilla doméstica.

Falleció Ignacio el 31 de julio de 1556. Queda su obra y su imagen. Según el lema jesuita A. M. G. D. (“A la mayor gloria de Dios”).

Grabado de Sna Ignacio de Loyola con el lema jesuíta

Grabado de Sna Ignacio de Loyola con el lema jesuíta

Manuel Jesús Roldán

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