350 años de Soledad

Por  9:44 h.

Una Cruz de madera señaló uno de los cementerios improvisados que la terrible epidemia peste de 1649 dejó en Sevilla.
En Caño Quebrado, frente a la que se llamó Plaza de los Maldonados, hoy Montesión, la sencilla Cruz señalaba aquel lugar de muerte para que la piedad acompañara a los sepultados y para cuidar el lugar, se creó una asociación que fue la primera semilla de la Hermandad de la Soledad de San Buenaventura. Años después de aquella catástrofe que diezmó la población sevillana, Francisco Sánchez y 28 personas más, en 1656, ordenaron unas Reglas, de las que ahora se cumplen 350 años. Tres siglos y medio en los que la Hermandad ha sufrido, luchado, ha languidecido, se ha mantenido y, finalmente, ha crecido hasta llegar a nuestros días.
Los anales de esta corporación del Viernes Santo han sido recogidos en un libro: «De Caño Quebrado a San Buenaventura. 350 años de historia», del que es autor José Manuel Muñoz Suárez, historiador e investigador de vocación, que recoge todos los detalles, año por año, de la vida de esta cofradía.
Los avatares de la Hermandad de la Soledad de San Buenaventura, punto por punto, muestran un completo panorama de su discurrir a través de los siglos, siempre con el horizonte de aquella Cruz de madera, sustituida por una de hierro forjado en 1663 y que no regresó a su seno hasta 1967, tras permanecer en el atrio de la iglesia de San Pedro.
La obra recoge cómo los primeros cabildos en el siglo XVIII, se celebraban en la capilla de la Amargura, en la del Rosario de Montesión o en la propia casa del hermano mayor, por lo que muchos de los documentos y archivos de la Hermandad o se encuentran aún en esas ubicaciones o se han extraviado. No obstante, el libro supone un pormenorizado estudio de los hitos de la Soledad. Así, ya en el sigo XIX narra el traslado de la Cruz a la iglesia del extinguido convento dominico de Montesión, después al de la Purísima Concepción y a la parroquia de San Juan Bautista (San Juan de la Palma), donde en 1848 el párroco les retiraría el archivo que poseían. Un dato clave para comprender por qué hoy en día el Libro de Asiento de Hermanos permanece en la Hermandad de la Amargura.
Tras su último cabildo en San Juan de la Palma en 1849, la Hermandad se trasladó a la iglesia de San Buenaventura. Fue la primera vez que tuvieron que dejar su Cruz atrás, ya que el párroco se negó a entregarla.
Los primeros intentos de conseguir una Dolorosa que se advoque de la Soledad se produjeron a mediados del XIX y fructificaron en el encargo a Gabriel de Astorga, que concibió la Imagen arrodillada al pie de la Cruz y con las manos juntas ante el pecho. Permanecería en esta posición hasta 1956, año en el que Sebastián Santos le hizo un candelero y talló sus nuevas manos.
La primera estación de penitencia, el 9 de abril de 1852, queda reflejada en el libro de Muñoz Suárez con detalles como las túnicas de cola y antifaces negros que vestían los más de 80 nazarenos, los 70 caballeros de riguroso luto y los doce sacerdotes que rodeaban la parihuela.
Hitos como la entrada del paso el Viernes Santo de 1880 hasta la escalinata del Palacio Arzobispal, a requerimiento del arzobispo, Joaquín Lluch Garriga, que entregó a la Hermandad un importante donativo, tienen su reflejo fiel en la obra, como el cambio de hábito en 1918; la creación del Cristo de la Salvación, en 1935, o el traslado de la Virgen, de noche en un coche, en mayo de 1936 a la calle Viriato. También figuran su resurgimiento en los setenta, fecha en la que se produce un hecho inolvidable para la corporación franciscana. cuando en 1972, a su salida se vio sin costaleros y fue la Hermandad de Montserrat la que le cedió la cuadrilla del Cristo de la Conversión, que quedó en su capilla.
Nuestros días, los nombres de los primeros hermanos, los nombramientos honoríficos, los hermanos mayores o los directores espirituales completan esta obra.