Triana, la fe que acompaña al Cristo de las Tres Caídas

Un año más, el viejo arrabal vuelve a hacer multitudinario este via crucis imprescindible en el calendario

Por  2:21 h.

Imprescindible, multitudinario o auténtico son algunos de los calificativos que pueden ponerse como apellidos a lo vivido la pasada noche en Triana. Muchas formas de contar lo mismo, pero todas diferentes a la hora de hablar de uno de los momentos principales a las puertas de la Cuaresma. Febrero no se entiende sin el traslado en forma de via crucis que la Esperanza de Triana regala a la ciudad con el Cristo de las Tres Caídas como tampoco si no existiera todo lo que le rodea.

No existe música que pueda solapar el momento. Desde el gentío en el silencio hasta los Padresnuestros que toda la calle repite a su paso. Tras salir a la calle Pureza, un mar de flashes puso luz a su rostro, más tamizado tras la restauración que le realizó hace unos meses Pedro Manzano pero no menos hermoso. Después, cruzó su calle hasta alcanzar Pelay y Correa. Tras él, las cruces con las que se rezó el via crucis junto a todos los devotos que no faltaron tras su camino hasta la parroquia madre de Triana donde celebrará esta semana su quinario.

En Santa Ana le esperaba la oscuridad. El templo se apagó para que solo luz natural alumbrara el rostro del nazareno. Sonido a mármol que retumbaba en las paredes más de siete veces centenarias y que, de nuevo, volvían a recibir al vecino más viejo del barrio.

Se cumplen los plazos y se marca el calendario. La devoción al Cristo de las Tres Caídas es uno de esos hitos incontestables que Sevilla guarda para sí misma y que vuelve a demostrarse en estos actos. Hitos que marcaran la inminente Cuaresma y que cada año no faltan a su cita. Anoche volvió a suceder. Triana puso toda su alma.

Cristo de las Tres Caídas en su via crucis / M.J. RODRÍGUEZ RECHI

Javier Comas

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