La Esperanza de Triana enfilando Pureza en el traslado de vuelta / RECHI

Triana, preludio de la Semana Santa

La Esperanza se llevó las nubes, llenó las calles e inundó de lágrimas su barrio en su traslado a la capilla

Por  1:16 h.

Eran las ocho y siete minutos de la tarde y comenzaba a chispear. En el Centro, el trasiego habitual de cualquier día. En el puente, una masa uniforme camino de la calle larga. El cielo estaba de un color grisáceo que amenazaba con romper en cualquier momento. Con el cambio horario, aún no había caído la tarde. Minutos después, a y media, el cielo se entreveraba con un azul violáceo, ese malva tan característico de la primavera, cuando el sol se va por el Aljarafe y las nubes hacen reflejar los últimos rayos. La Cañera, a esa hora, no para de tirar Cruzcampo y en toda la calle hay un aroma a pescao frito que sale del Remesal. Es la hora de la Esperanza, y las nubes ya se alejan.

La calle se va llenando y en la capilla la bulla forma una ele como la que hay en la Casa de las Columnas y en la plazuela. Son las 20.39 horas y, en el interior de Santa Ana, se produce el salto de la reja. Porque la avalancha de hermanos que se lanza a las andas de la Virgen recuerda a ese lunes de Pentecostés. Pero aquí todo es silencio. La Esperanza avanza por la nave del Evangelio y atraviesa la humareda del incienso, como una ensoñación, que no desaparece hasta que suena la cornetería: «Esperanza de Triana Coronada» es el pistoletazo del júbilo, la quintaesencia de la Triana popular, que ya vive el preludio de la Semana Santa.

En la calle no cabe un alfiler. Son las nueve, y el cielo se torna ya en añil, una pátina nueva de esa paleta de azules. Suena ahora «Triana, tu Esperanza» con la que cruza Vázquez de Leca como si estuviera presentándose a su barrio. Y llega a la esquina de Pureza, donde la masa que va delante lleva casi el compás de la marcha. Una imagen cenital lo deja claro: no cabe un alfiler. Va delante del paso el dominico que salió aplaudido el sábado tras predicar el último día del septenario, un hijo más de la Esperanza.

Enfila ya Pureza y la Virgen obra el milagro de la multiplicación en cada pantalla de móvil. Era difícil encontrar a alguien del público que no tuviera su teléfono en alto grabando un vídeo o tirándole fotos a la Esperanza de Triana, vestida con el refregaó como en los antiguos azulejos, la estampa que por fortuna se ha recuperado en los últimos años.

En la calle Larga comienza el carrusel de marchas triunfales. Con «Reina de Triana», la Virgen tiene hasta compás, pese a ir en andas. Sus pies son sus hermanos, jóvenes, mayores, mujeres… que tienen el arte y hasta la cintura. Pasito para atrás, y la calle estalla. «¡Viva la Esperanza de Triana!» en el momento justo del flautín.

La banda de Dos Hermanas se arranca ahora con «Pureza marinera», un pasodoble con aires gaditanos, cuyo final tiene la salve que le cantó el coro de Julio Pardo aquella Madrugada, y que hasta se lo sabe Triana.

Suena entonces «Encarnación coronada», y el barrio entona la salve, como con «Triana de Esperanza», ya a las puertas de la capilla: «Dios te salve Reina, Madre y Capitana»… Triana se citó con su Virgen, así, para dentro de apenas dos semanas. Eran las 21:45 horas.

Traslado de la Esperanza de Triana / M. J. RODRÍGUEZ RECHI

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla