Un documento hallado en Santa Catalina revela que la ciudad ya clamó por su restauración en 1920

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La situación actual que vive el templo de Santa Catalina no es nueva. El movimiento pendular que presume tener la historia parece que en esta iglesia siempre golpea en el mismo lado.

La pasada Cuaresma numerosos feligreses de Santa Catalina hicieron un llamamiento a la colaboración ciudadana con objeto de, a través de mesas petitorias, solicitar ayuda económica para la restauración del edificio religioso. Sin embargo, esto nunca fue nuevo a tenor del documento encontrado por el párroco Antonio Hiraldo en el archivo del templo.

ImageSe trata de un texto procedente de la Junta Ejecutiva de las Obras de Reparación de la Iglesia Filial de Santa Catalina. Firmado el 1 de noviembre de 1920, destaca, entre los que colocan su rúbrica, el nombre de José Sebastián y Bandarán, en calidad de “Predicador de la ciudad”.

En el documento consta una suscripción popular para sufragar la restauración del templo que, según puede leerse en el texto “se ve amenazado de inminentes peligros; empobrecida su fábrica”.

El documento revela en sus líneas un evidente clamor por conseguir la financiación necesaria para su restauración. Así, se puede leer: “(el templo) no puede atender a costosas obras de reparación sin la limosna del pueblo sevillano, piadoso siempre y artista de corazón”. De ahí a que se requiera un compromiso unitario por salvaguardar los que ya era considerado Monumento Nacional: “Falta tan sólo que unidos en un solo corazón, los sevillanos todos ricos y menesterosos, impidan con sus sacrificios la ruina de tan preciada joya de ka religión y el arte”.

Concluye el texto haciendo una clara referencia a la movilización ciudadana: “¡Sevillanos! ¡Acudid con vuestra limosna a reparar la Iglesia de Santa Catalina”.

A este documento se adjunta otro que pretende servir de recibo para la suscripción: “Don … domiciliado en… se suscribe por una sola vez para ayudar a las obras de reparación de Santa Catalina por la cantidad de pesetas…”

Hechos así demuestran que nunca llueve sobre mojado y que la deuda de Sevilla con Santa Catalina viene de largo…