REGRESO HISTÓRICO A SAN LORENZO

«Yo vi al Gran Poder en aquella mañana de noviembre»

La ciudad se postra ante el Señor en un traslado inolvidable bajo la luz del sol

Por  0:30 h.

Lo dirán los niños, aún con su vago recuerdo. Lo contarán los abuelos a sus nietos. Lo dirán los músicos que le pusieron compás a la zancada inquebrantable del Hijo del Hombre medio siglo después. Lo dirán las 220.000 personas que acudieron a su encuentro, los 11.000 hermanos de nómina y también aquella humilde vecina del barrio que llevaba una década sin verle el rostro al Señor fuera de su casa, a la que pusieron delante para que se cruzara la mirada de nuevo bajo ese cielo sevillano que lo mismo se lo cantó Rodríguez Buzón, que lo hizo la voz eterna de Manuel Cuevas al subir la Cuesta. Lo dirán las calles por donde nunca antes pasó, lo dirán las monjas y novicias que llevan con Él la cruz del sufrimiento. Y lo dirá el sol, por ponerle luz a quien camina entre sombras cada Madrugada: «Yo estuve allí».

Porque la Providencia quiso que las calles se llenaran de agua para que el Cisquero tardara tres días en volver, y lo hiciera en una mañana de sol de justicia por los caminos de la Esperanza. Ésta es la crónica de un día que pasará a los anales de la historia de Sevilla.

A las diez de la mañana ya había una multitud en los aledaños de la Catedral y el Ayuntamiento. Hubo quien pasó la noche a las puertas del convento de Santa Ángela o que, en los albores del día, ya esperaba en Montesión. El órgano de Ayarra tocaba el Himno Nacional para despedir al Señor, que bajaba del Altar del Jubileo mientras la cruz de guía ya abría paso por la Avenida. El frescor que corría por las naves del templo metropolitano se confundía con el cosquilleo por lo que estaba por venir. Primera parada ante la Virgen de los Reyes y, a continuación, una foto para el libro del arte de la ciudad: el Gran Poder de Juan de Mesa y el Cristo de la Clemencia de Martínez Montañés. Antes de salir, otro momento simbólico: el Señor se arría ante la tumba del beato Marcelo Spínola.

Misma imagen, otra Sevilla

Pasaban las once y media cuando se repetía la foto de Serrano de 1939 en aquella procesión extraordinaria de la posguerra. Era otra Sevilla, pero la misma imagen, el mismo lugar, el mismo sol —desde entonces no le daba al Señor en su paso— y el mismo apellido. Serrano ha vuelto a hacerlo.

La luz era cegadora y el dorado del paso de Ruiz Gijón refulgía como un ascua a lo lejos. Alrededor, la masa humana en silencio, confirmando que el recogimiento del traslado del jueves no fue casual, como tampoco lo fue la naturalidad de la hermandad y el magnífico dispositivo de seguridad.

Una multitud junto al Gran Poder en la Avenida / VANESSA GÓMEZ

Una multitud junto al Gran Poder en la Avenida / VANESSA GÓMEZ

Música para el Señor

Llegaba entonces uno de los momentos cumbre, de los que quedarán guardados en la retina para siempre de quienes pudieron vivirlo. Al igual que en aquel 1965, al enfilar la Plaza Nueva comenzó a sonar «Ione». Esta vez era la Banda Municipal, mientras que la zancada larga del Señor se ralentizaba y pasaba a ser a compás. Olía a romero, colocado en el suelo como si de una mañana de Corpus se tratase, aunque el Dios que lo pisaba no tenía la forma tras la transustanciación.

Saludaba a la Corporación municipal y se volvía hacia el pueblo. «Sevilla cofradiera», no hubo mejor himno para aquel momento sublime. Así dejaba aquella pequeña carrera oficial y volvía el silencio, por la calle Granada y, en Entrecárceles, la música la ponía una maravillosa coral.

Todo estaba abarrotado, pero con un respeto sobrecogedor. Al llegar al Salvador, el suspiro de una mujer que no puede contener las lágrimas. Sube el Señor la Cuesta como si fuera el Monte Calvario. La voz flamenca de Manuel Cuevas quiebra el silencio: «Si alguien te alza la mano o te ofende , Gran Poder, yo te juro Dios soberano que ese no pudo nacer bajo el cielo sevillano». Eran los versos de Rodríguez Buzón convertidos en saeta eterna.

Bajaba Jesús de las Tres Caídas, cruzaba la Alfalfa y el sol se colaba por las callejuelas como Salés y Ferré, antes de que en la plaza del Cristo de Burgos la Escolanía de María Auxiliadora le regalara sus voces al Señor.

En Santa Ángela

El Gran Poder ante las Hermanas de la Cruz / MIGUEL ÁNGEL OSUNA (ARCHISEVILLA)

El Gran Poder ante las Hermanas de la Cruz / MIGUEL ÁNGEL OSUNA (ARCHISEVILLA)

Si había una razón por la cual el Gran Poder tomara ese camino, esa era Santa Ángela. Tras superar la estrechez, llegaba el paso a las puertas del convento, donde las monjitas, arrodilladas, con un piano rezaron al Señor todo lo que le tenían guardado. Las caras de las hermanas al ver al Gran Poder eran la viva imagen de la fe, como también ocurrió en el Espíritu Santo.

Con cierto adelanto se hacía presente en la plaza de San Juan de la Palma. La Amargura recibía al Gran Poder en su antiguo altar de la capilla sacramental. Sonaba la marcha de Font de Anta en el órgano, y toda la plaza miraba embelesada cómo el paso comenzaba a ir al compás. El Señor y la Virgen se encontraron como en la calle de la Amargura.

El Gran Poder ante la Amargura / J. M. SERRANO

El Gran Poder ante la Amargura / J. M. SERRANO

«La Madrugá» en Montesión

En un carrusel de momentos para la historia, ahora le tocaba el turno a Montesión. Como estaba previsto, la Cruz Roja comenzó a tocar «La Madrugá» al llegar a la plaza de los Carros. Allí estaba Abel Moreno, su compositor, quien precisamente la estrenó en la basílica ante el Señor. La Virgen del Rosario aparecía aún en su palio de traslados mientras de nuevo la banda interpretaba «Nuestro Padre Jesús». Fue el último momento musical de la jornada.

Quedaba aún el silencio de Conde de Torrejón y el de la Alameda, enmarcado por las columnas romanas a plena luz del sol. Y entraba en su barrio por la calle Santa Ana a eso de las cuatro de la tarde. El Gran Poder visitaba a sus vecinos por calles por las que nunca pasa. El final estaba cerca. En San Lorenzo lo despedía una muchedumbre, y también los rayos del sol que quién sabe cuándo volverán a verle. Decía adiós el hombre que esculpió a Dios. Pasaban las cuatro y media de la tarde y una ovación cerraba un fin de semana histórico. «Yo estuve allí».

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla