¿Mujeres libres y liberadas?

Por  16:59 h.

Menores, sin permiso de sus padres, podrían abortarLa noticia de la modificación de la ley del aborto me ha hecho plantearme varias cuestiones como mujer y como madre. Vaya por delante que soy totalmente contraria a cualquier actuación de este tipo; quien ha llevado en su seno dos vidas, las ha dejado desarrollarse y las ha parido, sabe bien lo que dice.

Lo más impactante de esta reforma de la ley actualmente vigente es que se trata en la práctica de implantar el llamado aborto libre, esto es, sin que haya requisito alguno que lo permita. En la ley vigente se contemplaban tres supuestos: que el embarazo hubiera sido fruto de una violación; que el embrión presentase graves deficiencias y que el embarazo fuese un peligro para la salud mental de la madre. Sabemos que esta última circunstancia ha sido la más aducida para la mayor parte de los abortos practicados hasta la fecha. Y que los últimos escándalos producidos en torno a esos nuevos “tophet” (me niego a llamarlos hospitales o clínicas) donde sacrifican los niños al Baal Hammón del egoísmo, han sido el detonante para abrir totalmente la mano. Así, en lugar de hacer que se cumpla la ley en su espíritu, se reforma para que quede legalizada una mala aplicación de la misma.

Dejando disquisiciones más o menos legales, lo que más me llama la atención de todo este penoso asunto son las declaraciones de las feministas, encabezadas por esa ministra a la que tocó el ministerio en la caseta de tiro al blanco de una verbena. Según ellas, la aprobación de esta ley supone un derecho más alcanzado en la lucha de las mujeres por la igualdad. No comprendo, para empezar, como un grupo determinado puede conseguir un derecho, a costa de aniquilar el de otro: en este caso la vida, derecho primordial y básico. Pero lo que más incomprensible me resulta es lo de la igualdad. ¿De quienes y con quienes? ¿de las mujeres con los hombres? A mí me parece que el aborto libre con lo único que nos iguala es con aquellas especies animales capaces de devorar a sus crías.

Tampoco entiendo (hoy estoy un poco torpe, lo sé) que el aborto libere a las mujeres del llamado yugo patriarcal. Más bien, sucederá al revés. Un alto porcentaje de de los abortos practicados entre 2006-2007, lo fueron en mujeres inmigrantes, de bajo nivel educativo, presionadas mayormente por su novio/amigo/pareja/marido o lo que sea. Así, que una vez más, las mujeres quedarán a merced del hombre, que más que nunca las considerará como un bien patrimonial con derecho a disfrute pleno. Y es que, estas feministas “fashionistas”, hijas y herederas de aquellas feministas de los 70 que quemaban sujetadores y no se depilaban (recuerdo a alguna con un bigote digno de un general de caballería), practican un machismo sutil y encubierto. Además de cínico. Porque las que defienden aquí el aborto libre, condenan luego los abortos selectivos practicados en la India y en China. Pero claro, esos son países que no respetan los Derechos Humanos, lo verdaderamente “in” es la igualdad: abortos a discreción sin determinar el sexo. Como aquí, hombre, país desarrollado donde los haya, baluarte de la “Alianza de Civilizaciones”.

¿De verdad alguien cree que abortar a los 16 años sola y sin consentimiento paterno es una avance? ¿Es lógico que esa misma niña sea sancionada por tomarse un tinto con casera o por fumar un cigarrillo, y se le dé, en cambio, carta blanca para matar a su hijo? Se fomenta la irresponsabilidad más atroz, y así, a la postre, nadie será responsable de las consecuencias de sus actos. El estado, ese monstruo cada vez más voraz, decidirá qué hacer con ellas. En este caso, suplantando la patria potestad, eliminará a esa criatura.

Juega un papel fundamental en este tema, la deficiente educación sentimental de los jóvenes actuales. Las muchachitas nacidas con todos los derechos y garantías, tienen unas ideas de las relaciones amorosas dignas de mi bisabuela. Porque son relaciones de desigualdad, donde el noviete es quien manda, y ella la que obedece. Testigo he sido más de una vez, de cómo un mocoso de 15 ó 16 años, elegía la ropa que su novia debía comprar. Y ella tan contenta.

Los modelos de mujer que ofrecen los medios audiovisuales son penosos. Baste con echar una ojeada a las series más vistas: tiranos con apodos nobiliarios, jovencitas obsesionadas con operarse el pecho para conseguir el ¿amor? del mencionado tirano, mujeres “desesperadas” por cazar un marido que las quite de trabajar, preocupadas tan sólo por lo “fashion” y practicantes compulsivas de dietas autoflagelantes, perdón, quise decir, adelgazantes. Esto por no mencionar el empeño de algunos diseñadores de moda por hacer desaparecer del cuerpo de la mujer sus señas de identidad mediante una delgadez extrema y enfermiza. Ni una sola alusión a la inteligencia, al mérito personal, a la tenacidad en la lucha …

Urge, pues, implantar una verdadera educación integral de la persona, que resalte y dé importancia a la dignidad que todos llevamos dentro. Lo que más me aterra de las relaciones entre los jóvenes, es la falta de respeto con la que se hablan y tratan entre ellos. Y claro, perdidos el respeto y la dignidad, ya sólo queda el otro “cosificado” para mis propósitos. Si antaño resultaba rentable controlar al pueblo mediante la represión, hoy lo realmente útil, es hacerlo mediante el libertinaje. Los extremos se tocan, y el resultado de ambas políticas es la misma masa de gente ignorante y esclavizada.

A lo largo de la Historia, el hombre ha intentado someter de alguna u otra manera a la mujer. Y de ese sometimiento, por desgracia actual en muchos países, se han derivado graves perjuicios para la salud, para la educación y para la dignidad de las mujeres. Se luchó por conseguir una serie de derechos a la sanidad, a la formación académica, al trabajo, a la igualdad de salarios y condiciones laborales…. Y la mujer lo ha tenido y lo tiene muy difícil. Pero aún así, se ha avanzado y se avanza en esta carrera. La mujer tiene un ritmo vital distinto al hombre. Y es esto lo que el hombre ha intentado controlar. A la mujer se la ha tapado y costreñido en miriñaques, guardainfantes, sayas, polisones, burkas … Y la capacidad de dar la vida, tan hermosa y tan gratificante, se ha visto sometida a la voluntad del amo. Es siempre la mujer la que debe ver su cuerpo cercenado, medicalizado, invadido, cortado, lacerado … Con maneras muy burdas y violentas a veces, otras de forma más sutil.

Porque sutiles son las maneras de los que yo llamo “ecoprogres”, divulgadores de teorías que pretenden conseguir la vuelta de la mujer al hogar, de donde, para muchos, no debiera haber salido nunca. Es como la teoría nazi de las tres K (kitchen, kirche, kinder = cocina, iglesia, niños), pero en plan “flower power”. Aquí van algunas de sus geniales aportaciones: el parto en casa (ignorando la cantidad de mujeres que siguen muriendo en el mundo por falta de atención sanitaria antes, durante y después del alumbramiento); el trabajo desde casa (así nos ahorramos la asistenta, mientras se hacen las lentejas, se puede redactar un informe); la lactancia materna como panacea universal de todos los males, alargada hasta extremos inverosímiles (que si tan eficaz fuera no morirían tantos niños de 0 a 3 años en países subdesarrollados); la permanencia absorbente de la madre junto al niño hasta crear seres infantilizados, asociales y carentes de iniciativa o responsabilidad; el desprecio por cosas tan útiles como ciertos electrodomésticos a la hora de preparar la comida del bebé; o la afición exagerada a los alimentos cocinados en casa frente a otros que ya se presentan envasados y preparados (potitos o papillas). En suma, todo el día liada, en casa, por supuesto.

A muchos les ha parecido mal planteada la campaña contra el aborto de la Conferencia Episcopal Española. A mí, que siempre he tenido un “avenate anarco-radical”, me ha parecido fantástica y directa. Porque lo que se plantea es lo siguiente: dicen los abortistas que en las primeras semanas el embrión es sólo un amasijo de células que ni siente ni padece, y por lo tanto, susceptible de ser eliminado sin remordimiento alguno. Sin embargo, si el embrión en lugar de ser de un ser humano, es de un lince, no es ese conglomerado insensible antes descrito, es un LINCE, con todas las letras, y hay que protegerlo y ayudar a mamá lince a llevar adelante su embarazo. ¿Cómo se “come” eso? ¿Porqué un ser irracional tiene más derechos que uno racional en idéntica circunstancia? ¿Porqué el lince es lince desde el principio de su ser, y un niño sólo lo será cuando la ley arbitrariamente lo marque? Vivimos en la época de la paradoja y de lo bizarro. Por una parte te dan dinero por tener hijos, por otra te facilitan su rápida y eficaz eliminación, con una asepsia repugnante.

Yo quiero vivir en una sociedad donde una mujer pueda tener los hijos que quiera (uno, tres o siete) sin que sea despedida de su trabajo o tachada de irresponsable por ello. Donde se proteja a las futuras madres con medidas eficaces, y donde el aborto no sea una solución.

A los “ecoprogres” y a las feministas se les llena la boca hablando de mujeres libres y liberadas. Pero yo sólo veo, mujeres cautivas y esclavizadas en el maravilloso mundo de la igualdad.