El Rey de Tarsis
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El Rey de Tarsis

Por  2:41 h.

Desde chica mi rey favorito fue Gaspar. No sabría decir por qué, aunque luego encontré razones que afirmaron mi elección. Melchor me parecía un poco viejo, y Baltasar era el preferido de demasiada gente; mientras que Gaspar se encontraba un poco “abandonado” allí en el centro de esta santa y mágica trinidad. Y como una siempre ha sido defensora de causas perdidas, decidí que mi rey sería ya para siempre el elegante y silencioso Gaspar.

Tan sólo San Mateo nombra la visita y el homenaje de unos magos al lugar donde estaba el Niño Dios. No se mencionaba ni su número ni sus nombres, pues lo que interesaba al evangelista era realzar la adoración que estos hombres sabios habían tributado al Dios vivo encarnado en un indefenso niño recién nacido.

Estas lagunas fueron completadas por los evangelios apócrifos y las leyendas populares. Así, y tras un proceso que no cabe explicar aquí, quedaron fijados sus nombres y su número: Melchor, Gaspar y Baltasar. En la Edad Media, aparecieron sus reliquias en Milán, y luego tras el saqueo de esta ciudad por Federico Barbarroja, fueron trasladadas a Colonia, en cuya Catedral se venera su tumba.

El viaje de los reyes magos o sabios (pues éste es el sentido que tiene la palabra “mago”) se adornó de multitud de hechos pintorescos, fruto de la siempre efervescente imaginación popular. Cada uno aportaba a la historia su matiz, y los teólogos y estudiosos vieron en este hecho el cumplimiento de profecías encerradas en los libros del Antiguo Testamento. Así el Salmo 72, donde se dice “Se postrarán ante Ti, todos los reyes de la Tierra”, les sirvió para adjudicar a cada rey una procedencia. Melchor vendría de Asia (de Babilonia, cuya fama en astrónomos y científicos era conocida desde la Antigüedad), Gaspar de Europa (de Tarsis, el extremo más occidental de la tierra entonces conocida) y Baltasar de Egipto (tierra de las pirámides y la ciencia más inaccesible).

Otro versículo del mismo salmo proclama: “los reyes de Tarsis y las islas te traerán tributos”, concretando así el origen de Gaspar. Tarsis, conocida en las civilizaciones antiguas gracias a los fenicios, era una entidad o reino, cuyo territorio se extendía por Sevilla y parte de su provincia. Así que Gaspar es el rey mago de los sevillanos y de los gaditanos, pues “las islas” no son sino la antiquísima Cádiz.

También se atribuyó un significado a cada una de las ofrendas: el oro para realzar la realeza del Niño, el incienso, para realzar su divinidad, y la mirra, para profetizar sus sufrimientos por nuestros pecados.

Gaspar dejó su ofrenda de incienso hace más de dos mil años a los pies de un Niño recién nacido en un lejano y desconocido lugar llamado Belén. Y hoy, nosotros, sus sucesores, en cada quinario, en cada novena, en cada triduo… seguimos dejando la olorosa y milenaria ofrenda, rememorando, sin saberlo, la del sevillano rey de Tarsis.