La (des)memoria histórica
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La (des)memoria histórica

Por  2:16 h.

Está muy de moda hablar de la memoria histórica, pero yo voy a comentar un suceso, que, si no corre parejo a ésta, sí está muy relacionado con ella: la (des)memoria histórica. Este curioso fenómeno consiste en olvidar lo que conviene, practicando una suerte de amnesia selectiva, que escoge a cada momento aquello que mejor sirve a los fines de una determinada causa.

Al igual que se resucitan ciertos hechos históricos, intentando darles un significado mayor del que tuvieron; se silencian otros, con la vana esperanza de que sean olvidados y devaluados. Todo esto viene a cuento de la pretensión que no pocas hermandades, prohermandades y asociaciones varias tienen de pasar por la Carrera Oficial en Semana Santa. Para ello no dudan en proponer bizarras teorías sobre horarios, días y velocidad de paso, ignorando que la configuración actual de la Semana Santa no se debe al capricho de un cardenal, ni al gusto de un asistente, sino que es fruto de unas situaciones históricas concretas.

Las hermandades que acumulan trescientos o cuatrocientos años, y que por ello, ocupan los últimos lugares del día, deben y se merecen estar ahí. Nada ni nadie debe discutirles ese derecho ganado en muchos casos con sangre, sudor y lágrimas. Esas antiguas corporaciones, orgullo de nuestra Semana Santa, han pasado por situaciones críticas de verdad, y no como ahora cuando se dice que hay crisis y los mayordomos tienen más dinero que nunca en las arcas de la cofradía. La peste de 1649, el terremoto de Lisboa, la epidemia de fiebre amarilla de 1800, la invasión francesa … son algunos ejemplos. Sólo por honrar como se merecen a los hermanos que aún pasando por estas vicisitudes quisieron y pudieron salvaguardar su devoción y su hermandad a costa de su vida y su hacienda, tenemos el deber de respetarlas con la veneración que se tributa a los mayores.

Se olvida además, que estas hermandades tuvieron que pasar en su época por un arduo proceso hasta su aprobación por las autoridades eclesiásticas. Da la impresión de que actualmente muchas de estas asociaciones quieren “saltarse” etapas y llegar de hoy para mañana a la Catedral. Este espíritu de celeridad se ve influido ciertamente por un mal propio de nuestro siglo y que se resume en una frase: “Tenemos derecho a … (póngase aquí lo que proceda). Para completar la visión de conjunto, “mete palito en candela” el erróneo concepto que se tiene de la hermosa palabra “igualdad”, confundida la mayoría de las veces con el ramplón “igualitarismo”.

Nadie discute hoy el derecho de los demás a constituirse en hermandades o asociaciones de fieles, lo que es más discutible es que para llegar a esos fines, haya que devaluar lo ya constituido. Y en esta devaluación, aparecen algunas pinceladas más propias de la lucha de clases que de la Semana Santa, cuando se juega a un ficticio antagonismo entre hermandades del centro y del extrarradio, asignando a cada una de ellas realidades sociales cerradas, ignorando el amplio abanico social y cultural que se encierra en las listas de una cofradía.

Las hermandades no enarbolan hoy día sus siglos de antigüedad por vanagloria hueca como antaño, simplemente nos están diciendo que la grandeza, la mesura y la belleza de la Semana Santa se debe a esos anónimos cofrades que hace trescientos o cuatrocientos años supieron legar a sus hijos y herederos su devoción. Y como todo tiene una medida, no convirtamos la Carrera Oficial, que es simplemente un camino para llegar a la Catedral, en un “sambódromo sacro” donde desfilen sin pausa cofradías y nazarenos.