El romano bueno

Por  10:48 h.

“De los niños y de los que son como ellos es el Reino de los Cielos”, palabras que en Semana Santa se hacen más verdaderas y reales que nunca. Cuando crecemos, dejamos atrás esa visión inocente y sencilla que nuestros pequeños ojos van descubriendo. Las explicaciones simples –que no simplistas- que entonces dábamos a la Pasión del Señor, se abandonan con los años, y son otras –a veces enrevesadas con nuestros miedos, problemas, heridas y desgarros- las que vienen a sustituirlas.

Y no volvemos a rememorarlas hasta que los niños entran de nuevo en nuestra vida, sobrinos o hijos, a los que llevamos en brazos a ver cofradías. ¿Quién no se recuerda con su padre o su abuelo viendo así un paso? Los diálogos que se reproducen entonces son memorables. Los niños acostumbrados a expresar su pensamiento en voz alta, van desgranando palabras y preguntas, y escriben así la exégesis más hermosa de la Pasión de Cristo.

Sobre los personajes que acompañan al Señor en los pasos (romanos, judíos, sayones) versan la mayoría de las preguntas. Su bondad o su maldad es lo que más les asombra. Y en su cabecita inquieta, imaginan mil y una historias.

De una de estas historias quiero hablarles hoy. Ocurrió hace algunos años, cuando la niña protagonista tenía unos tres años y medio. Yo la llevaba en brazos en San Juan de la Palma para que pudiese contemplar bien el magnífico paso del Señor del Silencio. Y comenzó la ronda de preguntas “tita Ampá, ¿quién es ese que tiene tantos collares?” “Es el rey Herodes, que era muy malo y quería condenar al Señor” “¿Y quiénes son los soldados?” “Son romanos, que habían conquistado ese país” Y así continué yo contándole lo que le estaba pasando al Señor, cuando, de pronto, mirándome muy fijamente con sus grandes ojos, me dijo “pero tita Ampá, mira, hay un romano bueno, porque le está hablando al Señor”. Florita –que así se llama la niña- había interpretado como un gesto de amistad, el brazo del soldado que se abre ante el Señor, su cabeza inclinada, que en efecto, parece querer decir algo a Jesús. Y desde entonces en casa, se le conoce como el romano bueno.

Florita hará este año su Primera Comunión, pero antes de esa fecha, le espera otra comunión en forma de túnica blanca y cruz santiaguista el próximo Domingo de Ramos, cuando en compañía de su hermana Esperanza y sus primos Amparuchi y Albertito, baje sonriendo la rampa del Salvador.