Pan divino, gracioso

Por  8:25 h.

  • Semana Santa 2008 - Cofradías: Monumento Pan divino, gracioso, sacrosanto, manjar que da sustento al alma mía … dice el compositor Francisco Guerrero en una de sus villanescas espirituales más celebradas. Y es que el manifiesto se viste de rojo, el color de la Eucaristía, para glosar la fiesta magna por excelencia de la ciudad de Sevilla: el Corpus Christi. En este extraño calendario litúrgico que el año bisiesto nos ha traído, el junio sin Corpus, se me antoja suficiente razón como para hacer una defensa de la fiesta de Cuerpo y de la Sangre de Cristo.
  • Y como siempre, empezaré por narrar mis recuerdos: yo hice la Primera Comunión un jueves de Corpus Christi, ¡bendita hermana Patrocinio que con la sencillez de los limpios de corazón me enseñó aquello de la Eucaristía es el alimento del alma! Nunca he visto una definición más clara y verdadera de lo que significa el sacramento por excelencia de los cristianos. Y a las palabras de la hermana Patrocinio, me recuerdan los versos de Guerrero: Pan divino, gracioso ….
  • El Corpus era la fiesta grande de la ciudad, la verdadera imagen de ella, pues acompañaban a Jesús sacramentado todos los estamentos: desde la nobleza de los caballeros veinticuatro a la plebe de los gremios, desde el fraile lego y simple a los obispos coronados con mitras rutilantes … Reliquias, imágenes devotas de las collaciones de la antigua urbe … todo servía de magnífico preámbulo a la gran custodia de Arfe que contenía el Cuerpo de Cristo. Y es que era la Hispalis lucero de España la que de manera real se postraba así ante el pan hecho Dios.
  • Quiero pensar que pese a todos los cambios y transformaciones sucedidos en la procesión a lo largo del tiempo, hay algo, que como piedra angular, se mantiene intacto: el reconocimiento y la fe en el Dios hecho carne. Quiero pensar que hoy como antaño, se acoge en los que participan a todos, que el Cuerpo de Cristo es como ese sol que sale para buenos y para malos.
  • De cada estandarte surge una línea imaginaria que converge en el cuerpo central de la argéntea custodia. De cada cruz que corona la insignia de cada cofradía, nace una invisible filacteria que lleva grabadas las palabras Yo soy el Pan de Vida. Cada imagen que adoramos no es sino un pálido reflejo del verdadero Dios, al que en ese día caluroso y relumbrante, veneramos postrándonos a su paso.
  • El pan que estás mirando, alma mía, es Dios que en ti reparte gracia y vida … continúa la villanesca de Guerrero. Dejemos que siga repartiendo sus dones.
  • Amparo Rodríguez Babío es investigadora, archivera titular de la Real Parroquia de Santa Ana y bibliotecaria del Centro de Estudios Teológicos de Sevilla.