Desmadre sevillano

Por  20:03 h.

La impresión que daban era la de un grupo de amiguetes que habían decidido montar su cofradía de Circula por internet una carta en la que se ruega al alcalde que ponga fin a tanta procesión, culto externo y extravagante (en el sentido más estricto de su significado: “estar fuera de”). No seré yo la que apoye semejante propuesta intolerante inspirada seguramente por esos que creen que la modernidad y el progreso se consuman acabando con las tradiciones de un pueblo. Pero sí quiero hablar de un inquietante fenómeno como es el de la proliferación de procesiones más o menos “ilegales”, por llamarlas de alguna manera.

Durante el pasado mes de septiembre fui testigo de cómo por mi propia calle y en dos fines de semana consecutivos circulaban dos de estas extrañas procesiones. El cortejo reducido al mínimo: una cruz alzada, ciriales, acólitos, y el paso. El público se reducía a los costaleros que habían sido relevados, a la banda de música y a algún viandante despistado al que había cogido de improviso semejante cortejo. Las andas y la imagen que portaban (una virgen letífica con el niño en brazos seguramente sin bendecir) eran de escaso o nulo mérito artístico. No salieron de una capilla o de la parroquia más próxima, sino de un almacén.

La impresión que daban era la de un grupo de amiguetes que para su propio disfrute habían decidido montar su propia cofradía de “click de Famobil”. Sin aprobación eclesiástica alguna, sí contaban con el beneplácito del Distrito de Triana al que seguramente habían solicitado los cortes de calles y el coche de policía municipal que los precedía. Aquí, y aunque a alguno le tiente la ocasión, no cabe echar la culpa a los munícipes. Ellos no son la autoridad más apropiada para saber si están o no legítimamente aprobadas tales asociaciones pseudoreligiosas.

Y al fin de semana siguiente se repitió la historia. Pero esta vez en el paso iba un cristo en pie. Este pasito salió hace algunos años del colegio público ubicado en mi calle. El proceso de montaje del mismo fue bien visible, puesto que se encontraba tras la verja de entrada, en la puerta principal de dicho centro educativo. La misma e inexistente calidad artística que en la procesión anterior. En los días previos a la salida, en las paredes del barrio se anunciaban los actos de culto externo en hojas fotocopiadas. Así es, al menos, desde hace algunos años, cuando comenzó todo este fenómeno.

No es la primera vez que esto ocurre. Cuando era más joven, del populoso barrio de la Cestería salía también una procesión de éstas, con virgen letífica (¡qué tendrá esa iconografía que siempre es la elegida!) que durante el resto del año podía verse tras la ventana de una casa. Procesionaba por las calles del barrio y el momento más culminante de su salida era cuando el paso se volvía a las puertas de un conocido establecimiento de comidas del Arenal. Pero en este caso, el esperpento fue atajado, y que yo sepa dejó de salir.

Alguno me tachará de dura, clasista, rancia y doscientas cosas más. Pero es que las esencias de las cosas, de las tradiciones, hay que saber guardarlas, si no corren el peligro de convertirse en caricaturas de sí mismas. No dudo que a los intrépidos amiguetes de los pasos de “Tente” (lo siento, hablo de los juguetes de mi generación) les mueva una sincera devoción. Pero siendo así, es una devoción simple y que al no encontrar cabida en las corporaciones ya constituidas, necesita de fabricarse una a su medida. Lo importante para estos muchachos es la estética, aunque no suelen tener mucha calidad artística precisamente. Lo importante es jugar durante todo el año a “vamos a sacar una procesión”. No superaron la edad de las cruces de mayo, y por eso sacan pasos más grandes. Pero estas actitudes quitan seriedad, mueven poco a devoción y mucho a irrisión.

Ya digo que no es un fenómeno extendido. Pero no por eso deja de ser preocupante. Alguien tendrá que explicarle a estas camadas de jóvenes cofrades que la estética pura y dura aplicada a las cofradías es un concepto vacío. Y si despojamos de amor, de devoción entrañable y confiada a nuestras hermandades, su procesionar no será más que un desfile vano y hueco de conceptos y modas desfasados.