Los estetas (con perdón)

Por  13:08 h.

Estos días pasados y con motivo de la festividad de la Inmaculada Concepción, se han celebrado en la ciudad multitud de besamanos a las dolorosas sevillanas. Y el acudir a algunos de ellos me ha dado la oportunidad de contemplar en su hábitat a un nuevo (o, por lo menos, nunca catalogado por mí) espécimen cofrade sevillano: el esteta (con perdón).

El esteta (con perdón) es definido en la tercera acepción por el Diccionario de la Real Academia Española como “persona que afecta el culto de la belleza”. Y es que este espécimen, presume sobre todo de tener al Arte (con mayúsculas) como eje de su vida. El esteta (con perdón) se distingue por su porte altivo, peinado algo relamido, y un grácil movimiento, cual aleteo, de manos. No pensemos, que por ser el culto a la belleza y al equilibrio, el centro de su vida, es el esteta (con perdón) un ser vano y poco inteligente.

Hay que verlos avanzar por las naves de las iglesias, cual águilas enfilando a su presa, acercarse a la imagen expuesta al culto. En una primera visual (que dirían los castizos) nuestro espécimen ha escaneado a la Virgen (póngase la que proceda) como si de un TAC del IAPH se tratara. Este primer acercamiento, le permite esbozar las líneas generales de la vestimenta mariana. Imaginemos el interior de su cabeza como un gigantesco y veloz ordenador que coteja datos y más datos transcritos en ecuaciones inexplicables: “la saya de salida buena; el manto de camarín que regaló Doña Juanita la camarera perpetua; la corona de oro”; – y, en un rasgo de virtuosismo increíble, ve hasta lo invisible al pueblo cristiano – “las enaguas con encajes de aguja del XIX”.

Una vez al lado de la dolorosa, agachará su cabeza y besará su mano. En este simple y natural movimiento, el esteta (ese ser privilegiado al que las Musas dieron el don de la simetría) ha analizado portentosa y minuciosamente los encajes de la Virgen, el puñal, el fajín o cíngulo y hasta la caída de la saya.

Besada la mano, con elegante y decadente ademán, depositará su óbolo en la demanda, cogerá su preceptiva estampita (que tiene repetida en la caja de las “idem” unas 10.000 veces) y se alejará, con objeto de valorar el montaje del besamanos. Es éste un movimiento que ejecuta con gran maestría caminando hacia atrás, pero mirando hacia adelante. Entonces sobreviene la hecatombe: nuestro esteta (con perdón) emitirá su veredicto. Su rostro adquiere un gesto fiero, torvo, reconcentrado, cual Napoleón en Santa Elena, o mejor aún, cual Sibila de Delfos, y elevando sus ojos a las barrocas cúpulas de la iglesia, exclamará: “Maravillosa, Ella está maravillosa, es la Reina del día, y que rabien los demás” (si el juicio es favorable) o “cateta, está de lo más cateta, con las cosas tan buenas que tiene y le ponen esos trapos” (si el juicio es desfavorable).

Pero no acaba aún la cosa: nuestro versado esteta (con perdón) desgranará una a una las partes del altar de cultos como si del inventario del mayordomo se tratara: las jarras, los blandones, la candelería, y… las flores. Nuestro espécimen está especialmente versado en la bella ciencia de la Botánica y el sutil arte del arreglo floral (o “ikebana” que dirían los japoneses). La Botánica es un saber que consiste en llamar con nombres rarísimos lo que todo el mundo conoce con nombres corrientitos; a saber, aspidistra por pilistra, lilium por lirios y cosas así. Bueno, pues nuestro amigo el esteta (con perdón) conoce al dedillo la “Guía de las flores de España y parte del extranjero” así que no es extraño oírles decir a su anonadado auditorio de amigos y devotos: “lleva anthirrinum y alstromerias, qué vulgaridad; le hubieran pegado más unas frecsias y unas orquídeas de Madeira”. En este aspecto, el saber botánico del esteta (con perdón) alcanza su cénit durante la Semana Santa, donde su análisis del exorno floral puede llegar al paroxismo: siete días a razón de siete u ocho palios diarios le pueden hacer caer en crisis de agotamiento profundas.

La pasión analítica de nuestro espécimen le puede llevar a valorar hasta las pelusas de la alfombra colocada en el presbiterio del templo: le llevará algún tiempo discernir si son rococós, dieciochescas, o simplemente de ayer por la tarde.

Una característica común a los estetas (con perdón) es su nula tendencia al gregarismo. Nunca se verán más de dos juntos, sino que más bien tienden a diluirse en grupos más grandes, en los que son fácilmente erigidos como una suerte de “guías artístico-cofrades” o “summas artis” andantes.

Otra característica muy común y casi generalizada entre nuestros especímenes (más del 90% del total) es su escasa afición por vestir el hábito nazareno, lo que suelen justificar con estas palabras “es que si salgo en la mía no disfruto de las demás“. En Semana Santa, pululan alrededor de los palios, o pasos de misterio sobre todo. Casi nuca transitan por territorios musicales (leáse bandas y similares) y mucho menos costaleriles.

En fin, que tras largas sesiones parapetada tras los bancos de una iglesia, o semiescondida junto al confesionario barroco, puedo ofrecerles a Vds. este enjundioso estudio, fruto del rigor científico, la observación y el trabajo de campo en el hábitat natural del nuevo espécimen, que me precio de catalogar y denominar como “esteta (con perdón) hispalense”.