La espada y la rueda
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La espada y la rueda

Por  6:14 h.

Hay en Sevilla una iglesia que compendia como ninguna la historia de esta ciudad tan ingrata como milenaria. Hay en Sevilla una iglesia que tiene torre que fue alminar, puertas que no fueron suyas, un delirio barroco para cobijar al Santísimo Sacramento y una Virgen anegada en llanto tan hermosa como desconocida.

Hay en Sevilla una iglesia donde conviven y se saludan al primer rayo de sol obras de Diego López Bueno, de Leonardo de Figueroa, de Pedro y de Luisa Roldán, de Benito Hita del Castillo, de Pedro de Campaña, de Cristóbal Ramos…

Hay en Sevilla una iglesia pequeña pero de donde sale en Semana Santa un paso gigantesco y poblado, como sacado de un auto sacramental de Calderón de la Barca. Hay en Sevilla una iglesia donde una Virgen traspasada llora las lágrimas de su nombre iluminada por candeleros de plata con platillos de cristal.

Hay en Sevilla una iglesia que tiene por patrona a la santa de la espada y la rueda, que hizo bodas místicas con Jesús y cuyo cuerpo decapitado fue llevado por los ángeles al Sinaí.

Hoy toda esta belleza languidece. Hoy toda esta sabiduría de artistas y artesanos está abandonada. Hoy el imponente crucificado y la Virgen llorosa escuchan las oraciones de sus devotos en otro altar y en otro templo. Hoy la santa de la espada y la rueda no puede convencer con su bendita elocuencia a quienes con corazón más duro que el pedernal, no quieren ser convencidos.


Por eso hoy llevaremos la luz a las puertas ojivales de la iglesia, por eso hoy sostendremos nuestras lámparas encendidas para iluminar a los que pueden y deben devolvernos tanta belleza.