La rampa del Salvador / J. M. SERRANO
SEVILLA Y AMÉN

Bajad al paraíso

Por  0:45 h.

Sin vagar por las calles, por el sitio más breve, con el tiempo previsto para estar a la hora sin correr demasiado, sin andar con demora, con la cara cubierta, donde el paso te lleve. Sin pararte con nadie, sin hablar, en silencio, conversando contigo con los labios cerrados para hacer penitencia con los ojos clavados en los clavos de Cristo tiritando en el cencio. Siempre en paz, blanca el alma revestida de incienso del Desprecio altanero, de la inmensa mudez que en San Juan de la Palma te ha enseñado la música de esta gran partitura: en el blanco silencio del momento postrero, ve callado hasta el templo a acortar tu Amargura.

Es el día que esperas, has llegado al dolor, y la nívea mañana que en el cielo se agrieta por el parque te entrega su mejor papeleta: una hoja de almez para un tramo de flor. Ya está aquí el Porvenir con su verde rumor, ya está todo resuelto y la vieja veleta de la torre más alta ha cuajado su flecha, se ha quedado ya quieta, apuntando a la plaza donde Dios ha vencido por justicia y honor. Ha llegado la hora de cumplir con el plan, ha llegado la muerte al azul de La Hiniesta, todo se ha decidido, morirá en San Julián unas horas después de llegar a Sevilla. Ya está el tiempo en los huesos, ya la muerte está puesta, ya está rota la Estrella traspasada de orilla.

Ya está puesta la Cena en la mesa del pobre y el camino más largo amanece hoy más corto, el convento blanquea los ocasos del orto y la dársena bebe la marea salobre que el Atlántico ofrece, sin que el viento zozobre, por un trozo de pan con un plácido exhorto, un caudal subterráneo con el hambre que sobre. Llegarás hasta el cáliz de la sangre de Cristo y en el rojo pasar de ese río de vida no verás el perfil que tenías previsto. Te verás a ti mismo como en un claro espejo porque Dios es azogue del dolor de tu herida: si te miras en Él, sangrará tu reflejo.

Ya está el tiempo cumplido, de ansiedad despojado, como Cristo en Molviedro, donde labra la plata de la mar Marmolejo, donde Dios se recata porque ya en el principio todo está terminado. Es domingo, el Domingo del Señor anunciado en las altas tinieblas, en la blanca fumata, en las grises cadenas de nuestra escalinata, en las gradas de piedra y en el sol apagado. Ha llegado despacio, con la víspera dentro, y al entrar en Sevilla aclamado entre ramos se verá con la muerte cuando acuda a su encuentro, se verá con la Gracia, la Esperanza y las Penas, se verá en soledad mientras le acompañamos, se verá triunfador arrastrando cadenas.

Todo está escrito ya, es el día, despierta. Sin vagar, sin correr, ve a tu templo despacio, solitario y callado, que ha acabado el prefacio y en el polvo del aire flota un ay que se injerta en el tuétano mismo de la vida desierta que en el ansia de Dios ha llenado el espacio con un canto de Amor que no tiene palacio, ni frontera, ni tumba, ni vallado, ni puerta. Ha llegado el instante del balcón con las palmas, ha llegado Sevilla, ya está aquí la verdad, las alforjas, las jalmas del jumento que viene a caer en la trampa del Amor de los hombres. Ya está aquí la ciudad: descended al edén. Ya está puesta la rampa.

Alberto García Reyes

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