El público abrigado al paso de los Gitanos por Dueñas / VANESSA GÓMEZ
SEVILLA Y AMÉN

Cerrado por Madrugada

Por  1:00 h.

Peligro. Sevilla está en juego. Su Madrugada, la Madrugada que la convierte en ciudad de ciudades, está al borde del precipicio. Las famosas carreritas han abocado a la Noche a un vacío alarmante que el Ayuntamiento no sólo no ha sabido resolver, sino que en cierta medida ha fomentado. Porque las calles muertas no son sólo fruto del miedo. También son consecuencia de la mala gestión del miedo. El Señor de la Sentencia por Trajano, el Silencio por Cuna, el Gran Poder por el Duque, el Calvario por Gravina, Los Gitanos por Laraña… andando solos, entre apenas un puñado de valientes, son imágenes desoladoras que la memoria guardará para siempre en el cofre del dolor. Porque las imágenes sagradas se sacan a la calle para la gente, para acercarse a las personas con espíritu evangelizador, no para las fachadas. Por eso es obligatoria la reflexión. ¿Qué ha fallado? Es obvio que muchos han preferido quedarse en casa para evitar posibles situaciones de riesgo. Pero también es evidente que esto ha ocurrido porque no se ha sabido garantizar el buen desarrollo de la Madrugada por parte de las administraciones. Han sido los propios responsables públicos quienes en la mayoría de los casos han infundido el terror hablando mucho más de la seguridad que de las cofradías. Y la reacción del público en estas situaciones es lógica: si quienes tienen que quitarnos la preocupación sólo hablan de lo que nos preocupa, nos preocupamos más.
La seguridad se garantiza con más medidas de vigilancia y menos difusión. El control de las luces, los sistemas para enviar mensajes o la colocación de gps -aunque luego muchas hermandades no los hayan activado de forma irresponsable- son buenas medidas. Pero cerrar los bares durante toda la Madrugada es una aberración porque parte de un precepto prohibicionista inasumible en estos tiempos. El político que cree que matando al perro se acaba la rabia lo que está haciendo es simplemente matar al perro. Recortar derechos a los sevillanos de bien para evitar las fechorías de cuatro gamberros es un error mayúsculo que ha afectado a un sector económico clave de la ciudad y al desarrollo normal de sus costumbres. Una vez más, los buenos han pagado la factura de los malos. Porque la noche estaba cerrada. No había un sitio donde hacer una parada. La decisión de los responsables municipales de Emergencias ha afectado directamente a la esencia de la fiesta. La verdadera belleza de la Madrugada consistía en que Sevilla cambiaba la noche por el día, se comportaba a oscuras como lo hace a pleno sol. Iba a buscar a sus devociones como si en lugar de las cuatro de la madrugada fueran las cuatro de la tarde. Y a eso contribuían de forma clave las tabernas con café, aguardiente o lo que a cada cual le diera la gana. ¿Cómo se aguantan siete horas a oscuras por las calles sin un sitio donde parar un rato? ¿Por qué los sevillanos tenemos que pagar el desafío de unos cuantos delincuentes a los que, por cierto, los responsables de nuestra seguridad no han sido capaces de pillar? La Policía no ha averiguado todavía qué pasó en 2000 y en 2017, pero el Ayuntamiento ya nos condena a todos por la inverosímil pelea de la calle Arfe con la que ha querido darle carpetazo al problema. Pero que el gobierno socialista de Juan Espadas no olvide que tiene la obligación de impedir que la ciudad se duerma cuando más despierta acostumbra a estar. Cuidado, que si se pierde esto, se pierde Sevilla.

Alberto García Reyes

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